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La animación
y la popularización de la ciencia Ventajas de la
era informática - Mayor economía de recursos: por ejemplo, hoy, un programa de animación 2 D -como el Flash- permite diseñar sólo el primer dibujo, el del medio, y el último de la secuencia de 24 que, hasta ahora, componían un segundo de animación. El software calculará los intermedios (que antes se resolvían artesanalmente) mediante el proceso de renderización. - Mayor funcionalidad de los recursos: si durante la realización de “Fantasía” (1950) Disney obligaba a sus artesanos a descomponer imagen por imagen el estallido de un grumo de sémola para copiarlo -fase a fase- e imitar así la consistencia de la lava en erupción, los algoritmos matemáticos del presente nutren voluminosas bibliotecas de recursos -como aquéllos con los que cuenta el After Effects- que permiten, por ejemplo, trackear dos puntos equidistantes y unirlos por una línea de fuego (o el efecto que nuestra imaginación reclame). Los recursos de morphin aplicados durante las dos últimas décadas al cine fantástico (tentáculo de agua en “Abismo”, de James Cameron; o robot de metal líquido en “Terminator” II, del mismo autor) dan cuenta de las múltiples “transformaciones” posibles. - Mayor iconicidad: la iconicidad es la capacidad de un signo de parecerse a lo que intenta representar. Así, una foto de Madonna se parece más a una mujer que una silueta femenina dibujada en la puerta de un toilette. Desde aquel Bisonte de Altamira pintado con ocho patas en la pared de una caverna, hasta el personaje animado en 3D para el largometraje “Final Fantasy” (que cuenta con 66.000 folículos pilosos, dilatación y humedad pupilar, y textura de piel escaneada de la humana), nuestra capacidad de representación está arribando a niveles asombrosos de mimesis, que atentan contra la posibilidad de discernimiento de los nuevos espectadores acerca de dónde termina lo real y comienza el artificio. El impacto de los recursos consignados en el campo de la popularización de la ciencia ya viene dando jugosos frutos: durante la última década del siglo que pasó, España produjo la excelente enciclopedia televisiva “DidaVisión”, que explotó criteriosamente las nuevas herramientas infográficas para ilustrar temas como la naturaleza de la luz o la imprenta de tipos móviles. El Canal Cultural ViVe TV, de la Venezuela Bolivariana, cuenta con “Bugo, la hormiga”, personaje animado en 3D que oficia de anfitrión en programas alusivos a las maravillas de la naturaleza. En nuestro 1er. Festival CineCien conocimos al nanorobot animado por artistas argentinos para ilustrar el universo de las partículas subatómicas. Y en el Capítulo Argentino de su última edición tuvimos oportunidad de ver cómo cada vez más producciones apelan al pedagógico recurso de la animación -ahora digital- para sintetizar (“El toro por las astas”, de Susana Nieri) o ablandar explicaciones (“Mensajeros del Espacio”, Proyecto Pierre Auger). Ante este panorama resulta sumamente auspicioso que, en un país -el nuestro- que se precia de haber dado a luz el primer largometraje de animación a nivel mundial (“El Apóstol”, Quirino Cristiani, 1917), el último 28 de octubre se haya conmemorado el Día Internacional de la Animación con el lanzamiento de la Asociación Argentina de Cine de Animación. Resumen de la charla
brindada el 05/12/06 por Jorge Falcone, del Área de Comunicación
y Prensa de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación
Productiva de la Nación (SeCyT),
en el Auditorio del Ceride, en el marco de la edición local del
Capítulo Argentino de CineCien ‘06. Adaptó: Lic. Enrique
A. Rabe (ACS/CONICET
Santa Fe). |
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Publicado el 18 de abril de 2007
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