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Entrevista
con Claudio Baigún*, especialista en recursos pesqueros de agua
dulce. El sábalo y la sobrepesca.
¿Por qué
cada vez hay menos peces, y de menor tamaño?
Hay varias causas, en particular en cuanto al sábalo: son de índole
ecológica, pesqueras, socioeconómicas, y de gestión
de los recursos que hacen las autoridades provinciales de aplicación.
El caso del sábalo es una conjunción de todo lo mencionado;
hay causas concatenadas que han avanzado poco a poco, unas más
y otras menos, llevando a esta especie a un estado crítico como
lo percibe la gente.
¿Qué
se puede decir respecto de los controles?
Que sólo tienen en cuenta la talla, ya que, en el control de la
pesquería, ninguna legislación provincial en la cuenca contempla
el límite -o cupo- de extracciones para regularlas. Y este control,
si bien significa mucho esfuerzo porque implica medir peces en las zonas
de desembarco o de procesamiento de pescado (“en el caso de que estos
existan”... ¿se alude a los controles?), permite aplicar una metodología
específica para obtener datos representativos de lo que se está
pescando. Pero, por ahora, las provincias no tienen personal ni capacidad
para efectuar dicho control, de modo que es más una expresión
de deseo que una acción eficaz. Sé que se hacen controles
sorpresa en las rutas, pero es obvio que el volumen de pescado que se
puede detectar es mínimo.
¿Qué
sugiere para mejorarlos?
Dado que se conocen las principales áreas de desembarco y puertos
a donde llega el pescado, y donde se hace el acopio, habría que
realizar controles en las propias banquinas de desembarco. Los pescados
deberían pasar por un puesto de fiscalización, donde se
mida lo que se extrae y recién de ahí ir a los frigoríficos.
Si no se hace así, ya es un mal comienzo, porque el interior de
estos establecimientos es una “caja negra” donde los pescados se pueden
acomodar a gusto para que pasen los controles de la ruta.
Es decir que deberían
pasar por un control antes de llegar al frigorífico...
Sin dudas, y sin perjuicio de que se puedan realizar controles dentro
de los frigoríficos, controles sorpresa como hace la AFIP, por
ejemplo. De alguna manera, es un reaseguro de que esos controles se cumplan,
y deben ser hechos por gente que no esté influenciada por el sistema,
a la que se le pague bien y que esté abocada a eso.
En la actualidad,
¿ocurre esto?
No. Controlar es una tarea complicada porque requiere características
muy particulares, y las provincias no ponen ningún énfasis
en mejorar ese sistema. No creo que se trate de recursos; es un tema de
voluntad política porque en la medida que este sistema se implemente
se restringe la pesca ilegal.
¿Qué
consecuencias puede acarrear la depredación del sábalo?
En primer lugar, afectaría a una enorme cantidad de personas que
viven de la pesca de subsistencia y de la comercialización del
sábalo. Y por otro lado, es bien sabida la importancia que tiene
como eslabón de la cadena trófica del sistema: es un pez
que come detritus (materia orgánica acumulada en el fondo) y la
viabiliza hacia los niveles tróficos superiores. Si disminuye la
cantidad de sábalos se va perdiendo la integridad ecológica
del río, por la repercusión que tiene sobre las demás
especies, sobre todo las que forman parte de la pesquería deportiva,
que es la más importante del Paraná.
¿Nota preocupación
en las autoridades?
Sí, se preocupan, pero, en realidad, se deberían ocupar
del tema. Hay muchos intereses en juego, los frigoríficos ejercen
su presión, y el hecho de que las Provincias no reaccionen a través
de sus poderes políticos implica que el problema no es demasiado
sencillo. Todas las legislaciones se basan en fijar una talla mínima,
o de primera captura, que es insuficiente porque nunca se pensó
que se llegaría a esta situación. El sábalo siempre
fue considerado “de segunda”; de pronto, la situación cambia por
la voracidad de los frigoríficos exportadores. Sin dudas, la actividad
debe regularse de manera urgente. El Paraná, aún siendo
grande, no tiene una capacidad ilimitada, y no se ven pasos significativos
para modificar la situación. Me asombra que una provincia como
Santa Fe no tenga una estructura administrativa sólida, idónea,
que entienda del problema. Si esto no se ha hecho es porque, tal vez,
ésta sea la forma adecuada de no ocuparse.
(*) Doctor en Ciencias
Biológicas (UBA).
Es investigador independiente del Conicet
en el Instituto Tecnológico de Chascomús (Intech),
Pcia. de Bs. As. Entrevistó: Fabián Fessia (SeCeCom / Ceride).
Adaptación: Lic. Enrique A. Rabe (CS
/ Ceride).
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