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Para beneficio de la actividad pecuaria
El Dr. Ignacio Rintoul* investiga en sistemas de liberación controlada
de drogas y en biomateriales en el Laboratorio de Química Fina
perteneciente al INTEC ( CONICET / UNL )**
de nuestra ciudad. Algunas ventajas de programar el celo simultáneo en reproductoras: inseminación,
mejora genética, pariciones, vacunaciones de los terneros, entre
otras.
¿En
qué consiste su actividad?
En estudiar las formas de liberación de una serie de hormonas
a través de materiales biocompatibles, a fin de inducir artificialmente
el celo en animales de producción. Diseño los materiales
según las necesidades específicas de sus procesos de fabricación
y las necesidades fisiológicas de los animales en los que serán
implantados.
¿Por
qué es importante investigar en este tema?
Para comprender la importancia del tema de investigación, primero
debemos entender el problema que pretendemos resolver. Es un hecho que,
en un mundo superpoblado, la necesidad de carnes, cueros, leche y sus
derivados están siempre en constante crecimiento. Una de las formas
de aumentar la producción ganadera es hacer que cada generación
de animales produzca más que la anterior mediante la mejora genética
de las razas. La reproducción animal mediante técnicas
de inseminación artificial permite mejorar la genética
de los rodeos en forma rápida y efectiva. Sin embargo, y a pesar
de que estas técnicas están bien estudiadas y de que el
precio del semen de toros campeones es relativamente barato y accesible
al productor ganadero común, menos del 10% de los 23 millones
de reproductoras disponibles en el país son inseminadas en forma
artificial.
¿Cuál es la causa de que esto suceda?
La razón de este bajísimo porcentaje es que, para que sea
efectiva, la inseminación se debe realizar con el animal ya entrado
en celo. Pero resulta técnicamente muy difícil y costoso
determinar y controlar tal ingreso. Más aún cuando los
contamos de a cientos y en situaciones tan precarias como la realidad
del campo abierto. Y la situación se vuelve más adversa
si consideramos que el celo en las vacas dura apenas entre 24 y 48
horas, y que hay animales que entran en celo con varios meses de desfasaje.
Un desfasaje
que, aunque natural, podría controlarse...
Se cree que sí, y por ello desde el Laboratorio de Química
Fina estoy investigando distintas formas de liberar, a través
de biomateriales diseñados para este fin, una serie de hormonas
con el objetivo de inducir el celo en los animales de manera artificial
y así lograr que rodeos de cientos de reproductoras entren en
celo en forma simultánea y en fechas predeterminadas.
¿Qué ventajas se obtendrían?
Por una parte, al abaratar y permitir la realización de técnicas
de inseminación artificial en forma masiva, con la consiguiente
mejora genética y aumento de productividad, se tendría
la ventaja de que también las pariciones ocurrirían en
forma más o menos simultánea y en períodos programados.
Por la otra, el tener terneros de la misma edad, permite además
optimizar el calendario de vacunaciones y los programas de pastoreo,
crecimiento, y todas aquellas tareas que comprenden desde el principio
hasta el fin del ciclo productivo del animal.
¿Cuál es el estado de avance de este trabajo?
Hemos obtenido resultados preliminares muy alentadores. Sin embargo,
los desarrollos aún no se encuentran avanzados lo suficiente como
para su aplicación directa. Esperamos que, para mediados o fines
del año en curso, ya tengamos algunas experiencias en campo.
En el futuro, ¿en
qué reconoceremos
la presencia de aquello en lo que investiga hoy?
Espero que, algún día, cuando tengamos vacas que produzcan
el doble de carne y cinco veces la cantidad de leche que producen las
vacas actuales, alguien pueda reconocer el aporte de esta tecnología.
Por el momento, la reproducción animal se lleva a cabo casi con
exclusividad según la pasión de los toros
en primavera.
¿Cuál
ha sido su principal aporte a la disciplina?
He desarrollado una batería de materiales biocompatibles, con
biodegradación controlada, y los métodos para modificar
molecularmente sus estructuras químicas de forma tal que liberen
las hormonas en tiempos y cantidades definidas. En la actualidad, estoy
optimizando los sistemas de liberación mediante
ensayos in vitro.
Usted se
doctoró en Suiza. ¿Por qué eligió ese
país?
Suiza tiene un altísimo desarrollo científico y tecnológico,
sobre todo en las áreas de química, farmacia, medicina
y biomateriales por las cuales siempre sentí gran afinidad. Sin
embargo, se podría decir que no tuve la posibilidad de elegir.
Creo que fue una combinación de necesidad y vocación la
que me llevó a los Alpes. En agosto de 2001, cuando terminé mis
estudios en ingeniería, la industria nacional y el sistema científico
argentino estaban en profunda crisis y tenían las puertas cerradas
al ingreso de nuevos profesionales. Por otro lado, tenía el ofrecimiento
de doctorarme en el Swiss Federal Institute of Technology por la calidad
de un trabajo científico que realicé previamente en uno
de sus laboratorios. Entonces, la situación era sencilla: o me
hundía en el desempleo o me iba a realizar estudios de doctorado
en una de las instituciones más prestigiosas
del mundo.
¿Qué razones lo alentaron a regresar a la Argentina?
La razón es Argentina por sí misma. Patriotismo, el sentir
que mi trabajo y conocimiento es aprovechado por mis compatriotas es
muy motivador. También influyeron la ciencia, la familia, los
amigos, la estabilidad laboral y un largo “etcétera”.
(*) Nacido
en Santa Fe, es ingeniero en materiales -graduado en el Instituto “Sabato”,
dependiente
de la Comisión Nacional de Energía
Atómica y de la Universidad Nacional de
Gral. San Martín-
y Docteur es Sciences del Swiss Federal Institute
of Technology (Suiza). Es investigador del CONICET y
docente en la FIQ /
UNL, en cuyo Laboratorio de Metalurgia investiga
en
las transformaciones de fase en materiales
metálicos de alta resistencia al desgaste
y a la fatiga. Asimismo, en forma privada, está desarrollando
materiales estructurales basados en compuestos órgano-inorgánicos.
(**) Instituto de Desarrollo Tecnológico
para la Industria Química, sito
en Güemes 3450 de Santa Fe.
Entrevistó: Lic.
Enrique A. Rabe (ÁCS/CONICET
Santa Fe).
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