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El Ceride, la comunidad y los científicos (II) |
Continuación de la Entrevista con el Dr. Adrián Bonivardi*, investigador y vicedirector a cargo de la Dirección de la institución, quien se refiere al organismo, a otras instituciones locales del Conicet y a los investigadores científicos.
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Usted se perfeccionó
en los EE.UU. En relación con la investigación y la realidad
nuestra, como científico y como autoridad dentro de la estructura
del Conicet, ¿qué diferencias ha notado entre uno y otro
país? |
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Dr.
Adrián Bonivardi, Vicedirector a/c de la Dirección del
CERIDE (Gentileza: F. C. Dagatti) |
Desde
el Conicet y otros lugares de transferencia de saberes, como son las universidades,
se viene trabajando para corregir la situación. Al respecto, también
se ha adquirido conciencia de que es muy importante el uso de los medios de
comunicación para informar sobre las actividades, de tal manera que el
público pueda entender cuán trascendentes son. Además,
si uno puede prever y planificar determinadas cosas, los beneficios son notorios
para la comunidad y terminan transformándose en cualitativamente diferentes.
De todos modos, estos son procesos lentos, donde hay que sembrar y regar continuamente
para obtener los frutos, pero es necesario sostener tales procesos. Cada vez
que se produjo un vaivén muy importante a nivel político, en muchas
ocasiones nuestros sectores se han visto seriamente resentidos y esto atenta
contra conservar y preservar una tradición de investigación dentro
del país. Otra diferencia que obra en contra es que, porcentualmente,
en la Argentina somos muy pocos respecto de la relación investigadores-número
de habitantes que hay en los países desarrollados.
A nivel internacional,
¿se respeta al investigador argentino?
Sí, en el exterior ha sido siempre exitoso y, por lo tanto, respetado.
La calidad de la formación académica que tienen nuestros profesionales
e investigadores es muy buena y reconocida cuando se radican más allá
de nuestras fronteras.
En nuestro país, ¿se retiene o se expulsa al profesional?
La respuesta no es simple: hay un sector altamente empobrecido, en un país
que está en una crisis muy profunda. De todas maneras, hay que invertir
en formar profesionales, y si uno tiene un profesional altamente especializado,
y desde el exterior recibe una oferta mucho más rentable en lo económico,
es muy lógico pensar que tomará otros rumbos. Para mí,
en estos momentos, este es un tema crítico para la investigación
argentina.
¿Se podría
hacer regresar a los que emigraron?
Creo que sería factible, aunque el aspecto económico es esencial.
Si los salarios del sector se multiplicaran por dos o tres, obviamente aumentaría
de manera considerable el número de aquellos que decidirían volver
a radicarse en la Argentina. Pero el factor económico no es el único,
ya que un investigador, a diferencia del trabajo que realiza un profesional,
necesita desempeñarse en un ambiente de libertad para poder crear, y
no estar, por ejemplo, "tapado" de problemas burocráticos.
Si ocurre esto último, el científico deja de centrar sus esfuerzos
en aquella actividad que realmente le interesa desarrollar y para la cual se
ha formado. Este es un tema por el cual el Conicet, como organismo, ha bregado
durante años a fin de corregirlo, pero, a veces, son cuestiones que trascienden
a la propia institución, y que tienen que ver con leyes y circunstancias
más relacionadas con el Estado. De la burocracia la gente se cansa, y
opta por trabajar en sistemas más flexibles o con mecanismos más
ágiles o aceitados.
Usted es un investigador
joven, ¿por qué se queda aquí?
Porque creo que es posible cambiar las cosas, y mi opción también
tiene que ver con aquello que uno quiere y a lo que se aferra. Es muy difícil
tomar la decisión de partir porque son muchas las variables que entran
en juego. Cuando regresé a la Argentina, luego de dos años en
el exterior, el país estaba en una situación económica
muy buena (a fines de 1994), pero a pesar del cambio de situación me
he quedado.
¿Animaría
a alguien a ser investigador luego de lo que ha vivido?
De hecho lo hago; tengo becarios que están realizando trabajos de investigación,
y es una cuestión que aliento mucho. Creo que hay que despejar lo que
son problemas respecto de aquellas cosas que a uno le gusta hacer o desea hacer.
Si bien en la Argentina es una actividad difícil de sostener, más
difícil que en otros lugares, también hay que contemplar que la
misma está asociada al deseo de cada uno. Probablemente, no todos los
profesionales universitarios tengan interés en ser investigadores. Y
no creo que corresponda que uno modifique esa voluntad. Las universidades forman
profesionales que van a trabajar como tales, no precisamente como investigadores.
Sólo un sector de ellos termina abocándose a la investigación,
y en general se trata de estudiantes muy destacados, que pasan por un control
estricto respecto de calidad en cuanto a su nivel de formación.
¿Existen "celos"
dentro del mundo de la investigación?
Como en cualquier otro lugar, porque somos seres humanos. Pero creo que esos
sentimientos están más relacionados con la cultura y el ambiente
de cada sitio. Por ejemplo, donde hay un desarrollo muy intenso y las vacantes
son pocas, se genera una cuestión de celos. A veces influyen las exigencias
con las que se debe cumplir: un investigador es evaluado rigurosa y periódicamente
por sus pares; si los niveles de producción aumentan, para que este investigador
se pueda mantener en carrera tiene que incrementar su producción.
(*) Licenciado en Química
y Doctor en Química (UNL).
Es Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas en el Intec,
y docente de la Universidad Nacional del Litoral. El Ceride
es el Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe, sito
en Güemes 3450 de nuestra ciudad.Fuente: entrevistas radiales realizadas
por el periodista Antuco Francia en su programa "Historias de Media Hora"
-LRA 14 Radio
Nacional Santa Fe-, emitidas el 21 y 28-2-04. Selección y adaptación:
Lic. Enrique A. Rabe (ACS/Ceride).
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publicado
el 27 de marzo de 2004
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