Una sociedad basada en el conocimiento
Es conocido el cálculo de un Premio Nobel de Economía, Richard Nelson, de que entre el 60 y 70% del crecimiento de la economía de Estados Unidos es debido al factor tecnológico y de conocimiento. Los ejemplos de Japón y Corea, a pesar de sus dificultades actuales, han terminado de popularizar esta noción.

Nuestro país
La Argentina siempre se ha caracterizado por la alta capacidad de sus hombres y mujeres. Desde el siglo pasado, en un contexto de gran abundancia de sus recursos naturales, la Generación del ’80, y sucesivas, dieron clara prioridad a la educación, desarrollando así el conocimiento.
Sin embargo, a lo largo del tiempo, la estructura científica, tecnológica y educativa argentina atravesó períodos de retroceso y deterioro, antes de retomar un sendero de expansión en el último lustro. En esos períodos se agudizó el fenómeno de la "fuga de cerebros", reforzado por cuestiones políticas durante las dictaduras, que llevó a numerosos investigadores, entre ellos el más reciente Premio Nobel argentino, César Milstein, a buscar fuera del país el estímulo y los recursos necesarios para sus trabajos. En ese contexto, algunos países -tanto dentro como fuera de América Latina- que cierta vez abrevaron en nuestra ciencia y formación, nos han sobrepasado en muchos indicadores del desarrollo científico y tecnológico.

Primeros pasos para revertir la situación
La gestión de los años recientes de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación (SeCyT) ha decidido volver a colocar al país cerca de la frontera del conocimiento. En los primeros dos años se consiguió incrementar en un 14% promedio anual el presupuesto nacional de ciencia y tecnología (C y T). El Plan Nacional Plurianual de C y T 1999-2001 ha propuesto llevar, en el mediano plazo, el gasto nacional de esta área (que incluye tanto los recursos del Presupuesto como la inversión del sector privado) al 1% del Producto Nacional Bruto. Esto significaría elevar dicho gasto, que en 1997 era de 1466 millones de pesos, a una cifra casi tres veces mayor. Aun así, falta mucho para llegar a niveles deseables como el de Corea, que invierte en C y T casi un 2,7% del PBI.

Posibilidades de lograr el objetivo
En la medida que los problemas actuales de restricción económica y fiscal sean pasajeros, se podrá retomar el sendero creciente en el gasto nacional de C y T, tal como se hizo en los últimos años. ¿Por qué es esto posible? Porque el gasto por investigador es muy bajo; así, se puede perfectamente multiplicar el gasto sin encontrarnos con "cuellos de botella" por la escasez de investigadores. Al respecto, la Argentina tiene todavía un potencial de investigadores activos muy elevado (unos 40 mil, 28.500 si se calcula el equivalente a tiempo completo); es decir, nuestro país podría llegar a invertir el doble en C y T con los investigadores que tiene, lo que potenciaría sin duda su capacidad, sin necesidad de esperar a formar investigadores nuevos.
Pero si la Argentina quiere recuperar el nivel de países como Brasil, España, Australia, con los que en un tiempo estuvo a la par y ahora la superan, tiene que invertir mucho más, tanto en los niveles de gobierno nacional y provinciales, como en el sector privado, empresarial y de fundaciones.


El papel del Estado

Su papel es fundamental, en particular en la expansión de la base científica y tecnológica del país. Recientemente, en el marco del Plan ya citado, se llevó a cabo un diagnóstico de las áreas de "vacancia" en la base científica y tecnológica. En esta tarea, en la que participaron alrededor de 400 científicos, se analizó la situación de la ciencia en una cantidad cercana a las 400 áreas temáticas, de las que casi 300 fueron definidas como "de vacancia", es decir, con un desarrollo insuficiente o altamente insuficiente. Se requerirá, en consecuencia, un esfuerzo notable en la creación de nuevos grupos de investigación y en la dotación de infraestructura de laboratorios. Y esto no es imposible. Se ha calculado que las becas de posgrado requeridas para estos programas costarían entre 10 y 40 millones de pesos anuales. Debe tenerse en cuenta que, mientras en 1995 se doctoraban menos de 400 estudiantes por año en la Argentina, en Brasil lo hacían 1525, y en España 4458. La gran mayoría de las becas de doctorado pueden dictarse en el país, con la consiguiente disminución de los costos. El Programa Fomec, con apoyo del Banco Mundial, ha iniciado ya el esfuerzo de recomponer la formación de recursos humanos y ha duplicado el número de becas que se otorgan a argentinas y argentinos. Sin embargo, aún falta mucho por hacer.

Con recomponer la base científica no alcanza
La recomposición de la base científica es sólo una parte del edificio que hay que construir: el mayor esfuerzo debe ser de la industria y el sector productivo en su conjunto. Para ello, el Estado puede coadyuvar de dos formas: a) poniendo a disposición de las empresas productivas la infraestructura educativa y científica que éstas requieren. Esto es lo que han hecho Israel e Irlanda, para que muchas empresas transnacionales decidan establecer allí centros de investigación. Pero, sobre todo, para que la empresa transnacional utilice a los científicos e ingenieros del país en tareas innovadoras y de adaptación de los procesos y productos; b) apoyando a las empresas en su esfuerzo de innovación: la gestión de ciencia y tecnología en los últimos años ha avanzado notablemente en este camino. Más de 500 empresas han participado en los últimos años en proyectos de innovación e investigación cofinanciados por el Estado. Uno de los más exitosos ha sido el programa de crédito fiscal: en su primer año, 125 empresas presentaron 147 proyectos, de los cuales fueron aprobados 94, con un gasto por parte de las empresas de 58 millones de pesos, frente a los 18,5 que el Estado aportó bajo la forma de crédito fiscal. Es decir, poco a poco está empezando a aparecer una actitud de colaboración entre el Estado, las Universidades y centros de investigación y la empresa para la modernización tecnológica y la innovación, lo que debería consolidarse como cultura.

Un poco más de tiempo
Como todos los estudiosos del tema lo señalan, falta mucho para consolidar el elemento más importante para la creación de una cultura de innovación, es decir, la constitución de redes y sinergias entre empresas productoras de bienes finales y de componentes, así como entre empresas y centros de investigación y formación.

La SeCyT y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica han lanzado, en estos últimos años, varios programas tendientes a apoyar la constitución de un verdadero sistema nacional, regional y local de innovación. Pero es necesario que el nuevo milenio nos vea con un proyecto nacional que siga cada vez con mayor decisión las inversiones en estas líneas, que son el único futuro posible para el desarrollo: una sociedad basada en la educación y el conocimiento.

Autor: Lic. Juan Carlos del Bello -Secretario de Ciencia y Tecnología de la Nación-. Adaptación: Lic. Enrique A. Rabe -Area de Comunicación Social del Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride), dependiente del Conicet-.

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