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El doctor en Física
Rodolfo Pregliasco, investigador del CONICET*
y miembro del Grupo de Física Forense del Centro
Atómico Bariloche, de la ciudad homónima, colabora con
sus conocimientos científicos en la resolución de casos
judiciales. Trabajó como perito para esclarecer los asesinatos
de Teresa Rodríguez -muerta por un balazo durante los episodios
violentos de Cutral-Có y Plaza Huincul, hace más de una
década- y de Maximiliano Kosteki -también fallecido a causa
de balazos, en Avellaneda, en 2002-. Actualmente, trabaja en dos causas
federales, siendo la masacre de Trelew (1972) una de ellas. El científico
cuenta qué aportes puede realizar la ciencia en el campo de la
Justicia.
¿Qué
es la Física Forense?
Es aquélla que aplica los métodos de la investigación
en Física para aportar en una discusión judicial. El adjetivo
“forense” refiere al foro judicial.
¿De qué
manera participan ustedes en casos judiciales?
Nosotros entramos como peritos y somos “testigos expertos”. En otras palabras,
examinamos las evidencias presentadas en el expediente y testimoniamos
lo que se puede deducir de esos datos. Se nos llama “testigos” porque
elaboramos lo que se extrae de los datos. Pero toda reconstrucción
puede estar mejor o peor fundamentada, y puede ser muy comprensible o
impenetrable. Por eso el juez es el que siempre tiene la última
palabra. El éxito de un planteo nuestro es que el juez se convenza
y lo tome como una idea propia para fundamentar su fallo.
Por ejemplo,
¿en qué casos trabajó y qué técnicas
usó?
El segundo caso en el que trabajé fue el de Teresa Rodríguez.
Lo hice junto con Ernesto Martínez, un pionero de la física
forense en el país. Desarrollamos una técnica nueva que
consiste en ubicar el origen de un disparo a partir del registro de audio
hecho por un camarógrafo. Nos dimos cuenta de que en la distribución
de ecos de un disparo se encuentra la información del lugar del
que proviene. Lo difícil fue desarrollar métodos para identificar
ese lugar. Luego, aplicamos esta misma técnica al caso de la muerte
de Maximiliano Kosteki, en Avellaneda (Bs.As.), donde también pudimos
identificar el grupo de personas que estaba disparando cuando Kosteki
recibió el impacto fatal.
¿En qué
otros casos participa?
En lo cotidiano, hacemos reconstrucción de accidentes de tránsito
y evaluamos distancias de disparo. Parte del atractivo de la Física
consiste en que nos entrena para integrar una gran cantidad de detalles
y que podemos aprender un tema nuevo con cierta velocidad. Aquí,
en Bariloche, hicimos un estudio de la avalancha del Cerro Catedral del
año 2000, en el que murieron dos empleados que conducían
los pisanieve. Y desde hace algunos meses, con nuestro grupo, venimos
estudiando la telecabina “Amancay” que se cayó en el cerro mencionado.
Fue un accidente sin consecuencias, pero es muy importante entenderlo
para que se haga justicia y para mejorar los sistemas de control y mantenimiento.
Además, estoy trabajando en dos causas federales. Una de ellas
es el juicio que se lleva a cabo en Rawson sobre la masacre de Trelew
de 1972. El otro tiene que ver con dos muertes que hubo en Av. de Mayo
y Bernardo de Irigoyen, en la Capital Federal, el 20 de diciembre de 2001,
en aquella movilización que marchó desde el Congreso hacia
Plaza de Mayo.
¿Por qué
razón se inició en este campo?
Por pura pasión. Yo conocía a Ernesto Martínez porque
realizábamos juntos una actividad en pedagogía, pero luego
de dedicarme al caso de Teresa Rodríguez dejé todo y me
fui a trabajar con él. Sucede que la Física que aparece
en los casos no es una Física de segunda categoría; son
preguntas de lo más profundas e interesantes. En todos los casos
en que trabajamos terminamos aprendiendo cosas nuevas, aplicando técnicas
interesantes y produciendo conocimiento en nuestra área. Creo que
manteniendo una buena actividad de investigación, los casos judiciales
son un enorme estímulo que pone en juego el conocimiento y que
funciona como inspiración para desarrollar mejores técnicas.
La física aplicada puede hacer aparecer puntos de vista que ni
se nos hubieran ocurrido antes de un caso, por ejemplo.
¿Qué
es lo que más le agrada de su trabajo?
Siempre me gustó “McGyver”, nuestro trabajo es un poco eso. Y nuestra
“Victorinox” es todo lo que aprendimos en nuestra Facultad y en el doctorado.
Es sorprendente ver la utilidad de las capacidades que se desarrollan
en el entrenamiento de un científico. Un aspecto que me gusta de
esta actividad es que es una manera de huir de la especialización.
Si bien no nos dedicamos inespecíficamente a cualquier cosa, lo
que se esconde detrás de una nueva causa siempre es una sorpresa.
Por Bruno Geller (Agencia
CyTa - Instituto
Leloir; Bs. As.).
(*) Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Adaptó: Lic.
Enrique A. Rabe (ÁCS/CCT
CONICET Santa Fe).
© Agencia
CyTa - Instituto
Leloir - CCT
CONICET Santa Fe
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