LA CRISIS ECONÓMICA ACTUAL Y EL FUTURO DE LA ECONOMÍA ARGENTINA
-Por el Lic. Oscar Gerardo Barbosa(*)-

LECCIONES DE UNA CRISIS
Todo indica que con las decisiones del Ministro de Economía, apoyadas por el Congreso e importantes sectores empresarios, el programa económico está superando (al menos en el corto plazo) su prueba más dura.
El "rebote" de la devaluación mexicana en nuestro país amenazó con desmoronar el sistema financiero local y el sector real de la economía. Los Bancos y el mercado bursátil estuvieron "al borde de un ataque de nervios" por la huída de los inversores externos en la Bolsa y de los depósitos en la banca, lo que restringió la capacidad de crédito de la economía real, elevó la tasa de interés a niveles exorbitantes y drenó las reservas de divisa estadounidense, jaqueando la convertibilidad.

La explicación dominante de la crisis

Se dice que el problema (interno) es de exclusiva raíz financiera y sicológica (crisis de confianza, incertidumbre), al cual se habría llegado por el aún sobredimensionado aparato estatal (en especial en las Provincias y en la Seguridad Social, dice el Ministro); el mismo se resolvería actuando sobre la "caja" del Estado y de los particulares, generando un nuevo equilibrio (por vía fiscal) entre consumo y ahorro, importaciones y exportaciones, moviendo la demanda y aceptando como ineludible la recesión.
Explicar la crisis como sólo financiera, poniendo el equilibrio fiscal en el centro de la escena es, por lo menos, algo incompleto.
La verdadera explicación exige una contextualización.

El punto de partida de la crisis

A nuestro juicio, los desencadenantes de la crisis financiera son, en el plano externo, la devaluación mexicana, forzada por su desajuste externo y fiscal, en un contexto de tasas de interés en alza en los Estados Unidos; y, en el plano interno, la necesidad argentina de recurrir al crédito externo, en una situación en que nuestras exportaciones no cubren nuestras necesidades de importación, y de generar excedentes para atender los compromisos externos (deuda externa e intereses), dado que el Estado no alcanza a generar ahorro.
Así planteado el problema, se identifican, al menos, las siguientes cuestiones que tendríamos que analizar:
a) el lugar que asignamos, en esta crisis, al crecimiento de nuestra capacidad exportadora;
b) las dificultades de la actual Administración para mantener el equilibrio fiscal;
c) la gran influencia que tienen en economías como la argentina y la mexicana, que buscan abrirse a la economía internacional globalizada, los cambios estratégicos, cíclicos o especulativos que se dan en las economías de los países avanzados, y los flujos financieros privados, no controlados por las autoridades monetarias de estos países.

Falta de competitividad de la economía Argentina

Sin desmerecer la importancia de mantener el equilibrio fiscal, el factor profundo de la crisis está en la limitada capacidad competitiva global de la economía argentina.
Hablamos de la capacidad de las economías para aumentar exportaciones (y generar excedentes de recursos) por incremento de la productividad, acumulación de capital con tecnología incorporada, aprendizaje tecnológico, y por asimilar y adaptarse con creatividad propia al nuevo patrón tecnológico internacional.
Nuestras exportaciones no aumentan lo suficiente debido a un desarrollo incompleto de la productividad en el conjunto de la economía argentina, a niveles micro y macroeconómico; porque no logramos que ésta se difunda y se despliegue en todas las actividades (privadas y públicas); porque la desregulación no ha significado, de por sí, servicios mejores y más baratos; porque la apertura reduce precios de insumos productivos pero éstos no se reflejan en los precios finales; porque el mercado sigue teniendo rigideces; porque el problema no es sólo de flexibilidad laboral, sino también de flexibilidad de empresas e instituciones y de actitud mental de los actores frente a un mundo globalizado.
Es cierto que la estabilidad trajo la recuperación del cálculo económico, y eso no es una cuestión menor para promover la acumulación y la productividad; es cierto, también, que, alentada por las nuevas instituciones económicas y por el actual tipo de cambio, la gran empresa ha realizado una importante formación de capital con tecnología incorporada, y está ensayando modernas formas de organización industrial; ello se expresó en un aumento del índice de productividad global de la industria, pero no sucede lo mismo por sectores y tamaños de las empresas. El sector PyME, en especial la industria del interior, no cuenta aún con niveles razonables de asistencia tecnológica y financiera, y está atrasado en su reconversión e inserción internacional. Los esfuerzos desde el Estado en esta materia son limitados, faltos de coordinación y adecuada difusión. Las PyMES del interior pueden ser la llave de un crecimiento más dinámico de las exportaciones, pues, en general, tienen menores coeficientes de importación, utilizan insumos y materias primas locales, con lo cual su efecto multiplicador en las economías regionales es también mayor. Para ello hace falta una alianza de la Producción (sus organizaciones), el Estado y el Conocimiento.
La actual Administración no pudo, o no quiso, producir el ajuste estructural en el sector financiero que, hoy, la realidad impone, obligándolo a bajar el costo del dinero pero en una circunstancia mucho más difícil.
La discusión sobre cómo desarrollamos nuestra competitividad externa, qué responsabilidad cabe a los sectores empresarial, laboral, estatal, científico-tecnológico y universitario no se hace en la Argentina, y es una asignatura pendiente.

El tamaño del Estado

¿Por qué, en 1994, la Administración Gubernamental, no obstante sus éxitos de recaudación fiscal y lucha contra la evasión, las reducciones y privatizaciones de organismos estatales, no logró el equilibrio fiscal?; ¿hasta dónde se pueden reducir los gastos en los servicios básicos a cargo del Estado sin más deterioro de los mismos?; ¿hasta dónde puede recortarse el gasto de las provincias, y de éstas a los municipios, en una época en que todos los países avanzados hablan de descentralización? El problema del Estado Argentino, ¿es de "exceso" global del gasto o de falta de prioridades y evaluación de su "calidad"?
La falta de compromiso con un Estado modesto, pero eficaz, ¿es un problema de la Administración menemista, o económico-cultural de amplias franjas de la clase política?.
El problema de no confiar en la economía tiene mucho de desconfianza externa e interna en la dirigencia política.
Cuando Japón, después de 1945, inició su reconstrucción, casi sin recursos, la austeridad fue el orgullo de sus líderes: no eran ministros ni altos funcionarios quienes percibían el salario estatal más elevado, sino los humildes pero respetados maestros de la escuela japonesa.
Desde hace varios años, el INTA, el INTI, el CONICET y las UNIVERSIDADES, colaboran en la modernización e internacionalización de la economía; hay resultados que pueden mostrarse, y, sin embargo, al momento del ajuste, las consideraciones de "caja" resultan implacables con ellos, haciendo a un lado esfuerzos de articulación del conocimiento con la producción. Por ello creemos que es necesario discutir cuánto y dónde reducir el gasto público, cuál es el equilibrio óptimo Estado/Mercado que asegure la estabilidad, pero que también permita la equidad y el crecimiento.

Los movimientos de capitales y la vulnerabilidad de la economía

La actual situación de crisis estaría mostrando que el modelo de apertura económica revela una notable vulnerabilidad frente a los movimientos del capital internacional, las tasas mundiales de interés y los ciclos de la economía de EE.UU.
Debemos tener en cuenta que, a principios de los '90, el gran argumento de los países líderes para facilitar una salida al problema de la deuda externa, promover el "ajuste estructural" o rápida apertura de economías como la argentina, mexicana, etc., y hacer razonablemente viables las necesidades de acumulación y crecimiento econónomico y social, fue la discusión del recurso del financiamiento internacional; algo así como un "stand by" permanente (Dornbusch). De continuar elevada la tasa de interés doméstica de EE.UU., que debe financiar un gran deficit comercial externo, no sólo escasearán recursos para financiar nuestras exportaciones sino que el pago de la deuda, y sus mayores servicios, puede agudizar las condiciones en la economía al retraer recursos de la acumulación, y afectar la generación de empleos en el sector privado. Sin dudas, esto erosiona la eficacia y legitimidad de las democracias emergentes de América Latina (Weffort).
Nuestro país debería desarrollar anticipadamente una iniciativa esclarecedora, frente a las naciones avanzadas, que asuma la necesidad de no frustrar económica y políticamente la apertura de la economía en marcha en nuestros países, y de dar previsibilidad a la economía mundial; de lo contrario, estimamos que puede aparecer una turbulencia financiera internacional, más fuerte que la de mediados del '80.
Por la misma razón, cuanto más tardemos en asumir, por parte del Estado, de las empresas y organizaciones empresarias y laborales, la necesidad de desarrollar una capacidad competitiva auténtica, menos grados de libertad tendremos para hacer elaborar políticas económicas de estabilidad, crecimiento y equidad.
(*) Lic. en Cs. Económicas, profesional del CERIDE y docente en la Universidad Nacional de Entre Ríos.

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