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Inteligencia
secreta
¿Es real ese
carácter "pacífico" que se asigna al mundo de
colores, flores, aromas… que nos ofrece todos los días la sabia
Naturaleza? ¿O, por el contrario, se esconde una realidad agresiva
donde lo que vale es la supervivencia del más apto? En cualquier
caso, lo que es cierto es que en el mundo natural predomina un equilibrio
exquisito que una y otra vez el hombre moderno pone en peligro. Hipócrates,
el padre de la medicina (siglo IV a.C.), cuando salía a recolectar
hierbas con sus discípulos, les hacía notar que muchas especies
vegetales se agrupaban entre sí sobre un terreno y no dejaban avanzar
a otras. Platón, filósofo griego (siglo III a. C.), ya planteaba
que los "sistemas cambiantes" no sólo se daban dentro
del mundo animal sino igualmente en el vegetal, algo así como que
las plantas también tenían personalidad.
Fecha de publicación: 1-4-2008
Revista: The Ecologist para España y Latinoamérica
Contemporáneamente,
los médicos de los ejércitos de Alejandro Magno (siglo III
a. C.), cuando llegaron a Persia y se encontraron por primera vez con
las especies vegetales cítricas (naranja, pomelo, mandarina, entre
otras), destacaron en sus escritos que, en las cercanías de las
mismas, no crecía virtualmente ninguna otra especie. En el Reino
Moro de Granada (siglo X), y durante los reinados de Abderramán
III y Alhaquén II, en la escuela de farmacia de Omar-Ben-Yunus,
éste llamaba la atención de sus alumnos, futuros aggiris
(farmacéuticos), sobre el hecho de que había plantas que
tenían más fuerza que otras, y que mediante la observación
a través del tiempo se podía ver cómo eliminaban
a sus "competidoras cercanas". Las "fuertes" eran
las mejores para combatir diferentes males.
Entonces, como al comienzo, cabe preguntarse, ¿es real ese pacífico
mundo de colores, flores, aromas… que nos ofrece todos los días
la sabia Naturaleza?
UNA VIDA INMÓVIL
El Dr. Lowell Ponte, especialista, dice: "Consideremos la vida desde
el punto de vista de un vegetal: la mayoría de los seres vivientes
puede desplazarse, volar, nadar o arrastrarse para huir de un peligro
o conseguir alimento; en cambio, las plantas están arraigadas en
un solo sitio. Esto ha llevado a los vegetales, para sobrevivir y crecer,
a desarrollar un maravilloso arsenal de elementos y posibilidades; por
ejemplo: espinas, frutos, flores de atractivos colores, aromas intensos,
hojas, tallos y raíces de variadas características, y una
gran gama de compuestos químicos para el ataque y la defensa.
Así, a fines de los años 70, y con la necesidad de detener
el uso indiscriminado de los "defensivos agrícolas" (pesticidas,
fungicidas), aparecen los cultivos ecológicos y comienza a estudiarse
con más profundidad la relación de las plantas con el medio.
Empieza a desarrollarse entonces una ciencia llamada Alelopatía*,
basada en el estudio de cómo utilizan las plantas ciertos compuestos
químicos para sobrevivir en el mundo vegetal y animal.
Con el correr de los años se ha ido descubriendo que las guerras
que se desarrollan para sobrevivir son muy complejas y refinadas, utilizando
para ello armas químicas secretas y extrañas alianzas.
LAS FITOTOXINAS
Entre las sustancias que las plantas utilizan para sobrevivir se destacan
las fitotoxinas (o venenos vegetales). Al respecto, las savias de la cicuta,
del curare y de la adelfa son tan tóxicas que un animal podría
morir con sólo comer algunas hojas. Por otra parte, debajo de las
"playeras" palmeras, es muy raro que florezca alguna planta,
o que haya nidos de pájaros, debido a que sus hojas producen lantiamida,
poderoso desinfectante; en tanto, el inofensivo y hermoso nogal exuda
de sus raíces la yuglona, fitotoxina que inhibe el crecimiento
de muchos vegetales, entre otros, el tomate y la papa. Igualmente, a la
sombra frondosa de los eucaliptus que aún podemos observar en las
estaciones de ferrocarril, o en reforestaciones programadas, casi nada
puede crecer, porque de sus hojas gotean sustancias que contienen flavocianinas,
para muchas especies un veneno mortal. No obstante, en Australia, de donde
proviene este árbol, muchas plantas se han adaptado a lo largo
de miles de años y han aprendido a prosperar bajo sus ramas.
EL SAUCE, EL ALISO,
EL ROBLE
Elroy Rice, de la Universidad de Oklahoma, y el zoólogo David Rhades,
de la Universidad de Washington, han investigado y estudiado muchos de
estos fenómenos alelopáticos, entre ellos cómo el
sauce, el aliso y el roble, cuando son atacados por gusanos, modifican
sus sistemas químicos y envían más tanino a sus hojas
y tejidos para detener a los hambrientos depredadores.
Durante años, en el marco de las investigaciones científicas
que se desarrollan en el Programa de Plantas Aromáticas y Medicinales
(Ppam), hemos venido estudiando, entre otras, la domesticación
y siembra de la carqueja, planta muy común en nuestro litoral argentino,
y usada como hepatoprotector, y encontramos que, para poder reproducirse
en grandes cantidades, necesita de 300 a 400 horas de frío y que,
además, es conveniente que en los aledaños haya plantas
de chilca.
Por otra parte, dentro de los invernáculos donde se reproducen
plantas aromáticas y medicinales, siempre hemos colocado caléndulas
y helicrisum, con excelentes resultados reproductivos y de asepsia. ¿Por
qué? Se debe a que las Caléndulas exudan terpenos que matan
a muchos parásitos del suelo, y los helicrisum, con su permanente
aroma, mantienen "a raya" a muchos insectos voladores.
Esto nos ha llevado a postular que se deben investigar más profundamente
"las ligas defensivas de las plantas" -y con ello el problema
que traen aparejado los monocultivos, lo cual nos permite reconocer la
existencia de un "asociativismo de las especies vegetales" para:
propiciar sus defensas químicas, ocultarse unas de otras para protección,
compartir nutrientes, modificar los hábitats y compatibilizar la
coexistencia de diversas especies.
Y terminamos con una frase del Dr. Ponte: "Aunque no es tan apacible
como imaginábamos, la jungla verde implica la vida en equilibrio
del sistema vegetal. Así ha ocurrido durante mil millones de años
o más, y ahora los científicos están empezando a
comprender que el equilibrio establecido por la Naturaleza en estas luchas
se acerca mucho más al Edén que los desequilibrios debidos
a los defensivos agrícolas (pesticidas, fungicidas, bactericidas)
-aplicados en forma indiscriminada, causantes de los exterminios masivos-
y a otras vanidades del hombre".
(*) Alelo: del griego
alelas, sorprendido, expectante; patia: del griego pathein, sentir.
Ingeniero Heriberto
Elder. PPAM (Convenio Magic-CONICET-UNL).
Adaptación:
Lic. Enrique A. Rabe (ÁCS/CCT
CONICET Santa Fe).
© CCT
CONICET Santa Fe
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