|
Entrevista con el
Dr. Héctor Enrique Salomone*, Director interino del CERIDE
-Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe, dependiente
del Conicet-.
Dedica su actividad científica a las aplicaciones de la informática
a los procesos productivos. Bernardo Houssay. La relación científico-sociedad.
La
fecha citada se instituyó en homenaje al Dr. Bernardo Houssay,
Premio Nobel de Medicina y Fisiología (1947), y primer presidente
del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(Conicet). ¿Qué
significa él para usted?
Fue una persona notable, con deslumbrantes concreciones tempranas: a los
17 años estaba graduado, y a los 23 había aprobado la tesis
doctoral. Pero más allá de sus condiciones personales y
de sus aportes al conocimiento, creo que el mayor legado que nos ha dejado
Houssay es el Conicet,
un organismo y una metodología que, hasta hoy, tras cuarenta y
ocho años de existencia, continúa siendo la institución
que con más claridad ha garantizado la excelencia de la investigación
científica y tecnológica y sus desarrollos respectivos.
Es la referencia de la Argentina en este tema, a pesar de que, a veces,
se le hacen críticas desde la superficialidad y el desconocimiento.
No me cabe ninguna duda de que, de los modelos de investigación
del Conicet, surgieron
los académicos más relevantes de nuestro país, y
tengo la certeza de que de la labor científica de estos investigadores
seguirán produciéndose los resultados de mayor impacto socioeconómico
y tecnológico a nivel nacional.
¿Qué
representa la investigación científica para usted?
El quehacer científico es muy vasto, y de acuerdo con las áreas
donde se desarrolle puede tener distinta naturaleza, por lo tanto no hay
una definición. No obstante, desde mi punto de vista, el común
denominador es “hacer posibles cosas que antes no lo eran”. ¿De
qué manera? A través de la aplicación del conocimiento.
Pero también existen científicos que trabajan en las áreas
de descubrimiento; expanden las fronteras del saber humano y nos permiten
conocer algo que desconocíamos. En tanto, otros se dedican a entender
los mecanismos por los cuales suceden las cosas y, en consecuencia, son
los “explicadores” y quienes permiten dejar el conocimiento al alcance
de los tecnólogos que vendrán luego. Éstos, al comprender
los mecanismos, articularán conocimientos y técnicas para
producir, en forma novedosa y creativa, bienes, servicios u objetos útiles
para la sociedad.
¿Qué
oportunidades ha tenido en su actividad?
Sin dudas, un hecho muy importante fue mi beca de posgrado en el Instituto
de Tecnología de Massachusetts (EE. UU.), a la que pude acceder
gracias al estímulo que recibí en Santa Fe de parte de las
instituciones de apoyo a la ciencia y la técnica, y sobre todo
del Conicet, que
me dio la oportunidad de hacer, primero, un doctorado aquí, luego
de mis estudios de grado.
¿Cuál
ha sido su aporte más importante a la disciplina en la que investiga?
Como resultado del trabajo previo realizado, se diseñó un
software que se patentó, y una empresa internacional de software
compró la licencia respectiva. Este hecho fue la culminación
de un trabajo que comenzó en lo intelectual, en el laboratorio,
y que luego quedó plasmado en una herramienta de uso, comercialmente
validada y aprobada.
¿En relación
con qué rubros industriales ha trabajado?
Hacia finales de 1990, hicimos una investigación focalizada en
el desarrollo de un proceso para la industria farmacéutica, en
relación con el apoyo, por parte de sistemas informáticos,
de los procesos para llevar una droga incipiente hasta la producción
masiva. Recientemente, he estado muy vinculado con los polos petroquímicos
de la Argentina y de Brasil, donde hemos hecho transferencia de tecnología,
de software y herramientas informáticas para la optimización
económica de toda su operatoria.
¿Alguna
“asignatura pendiente” en su actividad?
En la primera etapa de investigación, cuando se es becario o investigador
asistente, uno tiene una gran presión para mantenerse en carrera.
Es una disciplina muy exigente y eso hace que haya que concentrarse en
la propia producción. Luego, cuando uno empieza a estabilizar su
carrera, comienza a tener las oportunidades para proyectar lo que hace
hacia la comunidad y hacia otras personas, fundamentalmente capacitando
a nuevas generaciones, dándoles la oportunidad a otros jóvenes
como la tuve yo: una vez egresado de la universidad, encontrar la “punta”
a esto que es mi trabajo científico. Quizás la naturaleza
del trabajo de investigación es que la lista de asignaturas pendientes
siempre crece más rápido que la de concreciones. Devolver
a la comunidad las contribuciones derivadas de nuestro trabajo es, sin
dudas, una asignatura siempre en el tope de la lista.
(*) Ingeniero Químico
y Dr. en Ing. Qca. (UNL).
Investigador adjunto del Conicet
en el Ingar
(Conicet / UTN).
Entrevistó: Lic. Enrique A. Rabe (CS
/ Ceride - Conicet).
© CERIDE
|