Entrevista a la Dra. Gabriela P. Henning*, quien investiga en la Aplicación de Tecnología de Sistemas Inteligentes de soporte al diseño de procesos químicos.
Es un tema complejo, ¿podemos "traducirlo" para una mayor
comprensión?
Por supuesto. Hoy se sabe que el diseño, aplicado -por ejemplo- a un proceso químico que
permitirá obtener -supongamos-, un nuevo refrigerante que no dañe la capa de ozono, o el
polímero base para fabricar una silla plástica, por citar apenas dos casos, es un
proceso creativo. Como cualquier diseño de algo, tiene ciencia y tiene arte. Pero hemos
comenzado por el final, por el producto. ¿Qué hay antes de todo esto? Nada menos que un
trabajo de equipo, en el que interactúan muchas personas con diferentes especialidades y
experiencias previas, que, además, apoyan sus acciones en el empleo de distintas
herramientas de soporte. Muchas de éstas son computacionales de diferente índole,
basadas en modelos matemáticos, en conocimiento cualitativo, etc. En el momento de
diseñar un proceso, tales personas han evaluado y elegido entre alternativas; han hecho
simplificaciones y suposiciones, sobre todo lo cual pocas veces quedan registros. Y todo
eso conforma una "memoria" en relación con el diseño. La idea sobre la que
trabajo es la de un modelo de "soporte" (o apoyo) informático -de ahí lo de
aplicación de tecnología de sistemas inteligentes- para almacenar esa
"historia" del proceso de diseño de procesos (aunque parezca un juego de
palabras, o un trabalenguas, así se expresa).
¿Por qué conviene conservar esa historia?
Porque se gana tiempo de búsqueda, de investigación. El diseño de una planta química
comprende el trabajo de mucha gente, quizá durante más de un año, y lo que va quedando
son planos, diagramas, dimensiones y materiales de construcción de los equipos que
conforman la planta. A ello se suman datos sobre sus futuras condiciones de operación:
caudales, presiones, temperaturas, composición química de las corrientes, etc. Sin
embargo, deberia quedar también el registro de suposiciones, decisiones y los modelos
utilizados, (modelos) que podrán servir como punto de partida para otras herramientas
computacionales a las que se recurrirá cuando se opere la planta química.
Dicho sea de paso, estos diseños se patentan porque son propiedad intelectual o
industrial, pero el detalle crítico es que, como del "modelo" que les dio
origen no queda una historia, no se sabe porqué se tomaron determinadas decisiones, se
ignora porqué se llegó a ese producto (o proceso), y eso acarrea dificultades, en
particular cuando, tiempo después, se han hecho modificaciones, o correcciones, visibles
en la realidad, mas no en el modelo; o cuando durante el diseño se hacen ciertas
evaluaciones y se ve que éste no es factible y hay que volver atrás, a etapas previas.
Normalmente, lo que queda son las carpetas finales de un proyecto. De lo que se trata, en
definitiva, es de modelar, capturar el proceso de diseño.
Se me ocurre pensar en el proceso de diseño de un avión...
Es un buen ejemplo. ¿Y qué pasaría si, de repente, se perdiera definitivamente toda
información al respecto, o en relación con un barco, o con instrumental quirúrgico de
alta complejidad y precisión, o con un automóvil...? La lista podría ser inacabable.
¿Cómo comienza un proceso de diseño?
Si se me permite la analogía, como cuando uno diseña una casa: encuentra restricciones
(límites en la superficie que va a ocupar, en lo que puede gastar), pero tiene ideas para
adecuar el proyecto constructivo. Algo similar sucede con los procesos químicos: se sabe
de qué materias primas se puede partir, se conocen los montos de inversión que es
posible utilizar, se tiene información sobre las restricciones en relación con el
impacto ambiental -en cuanto a qué efluentes se pueden arrojar al medio ambiente-, se
conocen tecnologías disponibles. Pero de allí a diseñar todo el proceso, equipos,
dimensionarlo y construirlo hay un gran paso. Y ahí está el inicio de un proceso
evolutivo de investigación, de ensayos, de errores y aciertos.
Y de una parte de ese proceso al que alude es del que queda poco registro...
Exacto; quedan como resultados los últimos modelos matemáticos y gráficos, pero no
quedan registradas las decisiones tomadas por varias personas, que habrán argumentado a
favor o en contra durante la elaboración del proyecto. Y esto se agrava cuando las
personas cambian de compañía o empresa, y llevan los datos consigo. Por eso, en mi
trabajo, busco desarrollar un modelo de soporte tecnológico-informático con el que, y a
través del cual, los especialistas puedan interactuar, depositando información y
aportando conocimientos útiles a todos quienes estén trabajando en un proyecto. Pero
quiero destacar que, por ahora, estamos desarrollando el modelo con el que se trabajará,
modelo que, de por sí, es importante..
¿Por qué?
Debido no sólo a que desemboca en un diseño sino porque, en un futuro, si se trata de
una planta química, habrá que operarla, para lo cual también se desarrollan
herramientas computacionales como soporte. Y muchas veces, quienes realizan esto último
parten de cero porque carecen de toda la historia a la que ya me referí. Este es un gran
déficit que ha tenido siempre la ingeniería de procesos.
¿En qué clase de diseño de procesos químicos se aplicaría el resultado de
su investigación?
En los que se denominan "continuos", es decir, en su mayoría, los que derivan
de la refinación del petróleo: producción de combustibles, de solventes, de alcoholes,
etc..
¿Su trabajo es sólo académico?; ¿ha transferido tecnología a empresas?
Este tipo de desarrollo al que hoy me dedico no es de aplicación inmediata. En cuanto a
la segunda parte de la pregunta, sí: con el Dr. Jaime Cerdá, y para el grupo fabricante
de golosinas más importante del país hemos hecho desarrollos de sistemas informáticos
que se usan a diario para planificar la producción.
Tales desarrollos, ¿se hacen a medida de las necesidades empresariales?
Sí, porque es un campo donde cada proceso es un mundo aparte. Lo hecho para la empresa A
no es aplicable en la B; en consecuencia, no puede emplearse el software
"enlatado" que se comercializa en el mercado.
Para concluir, ¿cómo se siente usted en un ambiente mayoritariamente
masculino?
Todo me ha costado siempre más, como si ser mujer obrara en mi contra. Tengo una
dedicación importante a mi trabajo, de muchas horas, pero he visto que, a iguales
méritos y dedicación que uno de mis pares, he sido calificada con menos nota. En mi
percepción, el "techo de cristal" existe, y me fastidia, pero, por otra parte,
culturalmente no es culpa de nadie sino de nuestra sociedad, que nos condiciona.
(*) Rosarina, ingeniera química (U.T.N.- F.R. Rosario) y doctora en ingeniería química
(U.N.L.). Realizó un posdoctorado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts
(MIT-EE.UU.). Se desempeña en el Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria
Química (Intec-Conicet-UNL), de nuestra ciudad. Es investigadora del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), profesora en la Universidad Nacional
del Litoral y vicedirectora del Departamento de Ingeniería Industrial de la Facultad de
Ingeniería Química local.
Entrevistó: Lic. Enrique A. Rabe -Area de Comunicación Social del Centro Regional de
Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride/Conicet)-.
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