Entrevista al Dr. Nicolás José Scenna*, Director del Instituto de Desarrollo y Diseño (INGAR)**, por el Lic. Enrique A. Rabe, del Área de Comunicación Social del CERIDE.
¿Qué debe entenderse por "desarrollo y diseño"?
Existe una clara diferenciación entre el saber y el saber hacer. El campo científico está orientado, en su fin último, hacia el entendimiento de las verdades de la naturaleza. En cambio, el desarrollo tecnológico persigue el aprovechamiento de tales conocimientos, y el objeto es crear o diseñar sistemas o servicios útiles para el hombre. Así, se elaboran bienes o se disponen acciones innovadoras que acompañan los nuevos descubrimientos científicos.
¿En qué líneas de investigación se trabaja en el Instituto?
Principalmente en ingeniería de procesos e informática aplicada a dicha rama de la actividad ingenieril, pero también en áreas relacionadas con procesos de separación, ingenierías de la confiabilidad y ambiental, desarrollo de procesos continuos y semicontinuos, sistemas integrados de información, entre otros. En todos los casos, existe una transferencia inmediata de los resultados y acciones al sector académico.
¿Y de qué otra manera se relaciona INGAR con la educación?
Por ejemplo, más del 60 por ciento del personal tiene actividades docentes de grado y posgrado en instituciones públicas y privadas, y aquí también se forman becarios cuyos estudios financian tanto universidades de la región como el CONICET.
Asimismo, se transfieren tecnología y/o conocimientos al sector productivo, ¿verdad?
Exacto; desde su creación, hace 18 años, INGAR tiene objetivos de investigación y desarrollo, por lo que la actividad de transferencia ha sido siempre una meta. Y a juzgar por la serie de proyectos o montos involucrados, esta actividad ha venido incrementándose: casi todas las compañías de gran envergadura del área química, muchas PyMEs y varias empresas de servicios han contado con la asistencia de este instituto.
Los resultados han sido, en general, muy positivos. Recientemente hemos implementado un sistema de evaluación interna en todos los niveles y actividades, orientado a la satisfacción del usuario final. En el caso de las actividades de transferencia, el sistema consiste en enviar una encuesta, al entregar el informe final, para que la conteste la empresa destinataria del servicio. Así, se recaba la opinión en forma precisa e inmediata. Por otra parte, la continuidad en un mercado de servicios tecnológicos pequeño, como el argentino, indica una eficiencia en las prestaciones, ya que, de otro modo, no existiría demanda hacia nuestra institución.
Luego, ¿puede decirse que la brecha entre los sectores científico y empresario se reduce?
Diría que sí, en particular desde que las reglamentaciones favorecen la transferencia de servicios y bienes por parte de los docentes-investigadores al medio. Pero, en mi opinión, todavía no existe una demanda consistente de alto nivel de desarrollo, o innovadora, hacia el sector académico. Esto es así pese a que la globalización hace suponer que las empresas deben innovar y recurrir al sector científico. Al respecto, tenemos suficientes solicitudes de desarrollos a largo plazo, lo que incluye, por caso, compartir, entre la institución y una empresa, el costo de una tesis. Hay demandas puntuales que pueden calificarse como servicios de mayor o menor nivel innovador, pero no de "desarrollo de tecnologías" en una gran proporción. Por ejemplo, el desarrollo y diseño de algunos procesos de química fina y otros para tratamiento de efluentes, para PyMEs importantes de nuestra región. En estos casos, se abarcó el ciclo completo, desde el desarrollo en laboratorio, la ingeniería básica, hasta la de detalle, y se colaboró en el montaje y puesta en marcha.
En 1994, científicos de INGAR cooperaron para desarrollar un riñón artificial en Egipto, hecho que destaca el nivel de excelencia del Instituto. ¿Se ha respondido a alguna otra solicitud internacional?
El de Egipto fue un pedido de colaboración en el campo de la inteligencia artificial. Uno de los principios que impulsamos es la relación con otras instituciones de prestigio mundial, ya que un instituto de investigación y desarrollo como el nuestro no puede existir como tal si no tiene reconocimiento (y a través de acciones concretas) en el ámbito internacional. Felizmente, en los últimos años, hemos continuado el camino: investigadores de INGAR han sido solicitados, por ejemplo, desde los Emiratos Árabes para asistencia en el tema de síntesis y supervisión de procesos de desalación de agua de mar. También con la Universidad de Carnegie-Mellon (EE.UU.) se realiza un trabajo conjunto solicitado por la empresa Mobil en el área de optimización de políticas de extracción de petróleo o gas. Igualmente, podemos citar la destacada participación de uno de nuestros investigadores en el diseño de un software desarrollado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT; EE.UU.), para la innovación de procesos farmacéuticos, y adquirido por la empresa Hyprotech Ltd.. Este proyecto se llevó a cabo con la consultora nacional Soteica, y sirve como ejemplo de integración con empresas argentinas. Por último, para medir el estado de las relaciones internacionales, es interesante destacar que, en 1997, ya sea en actividades vinculadas con proyectos de transferencia de tecnología, o bien académicos –por caso, el Programa CYTED de Iberoamérica; congresos; Programa Intercampus con España; el Programa FOAR de Cancillería; convenio con la Universidad de Nottingham (Gran Bretaña), etc.-, un gran porcentaje de nuestro personal ha viajado una o más veces al exterior.
¿Qué expectativas tiene en relación con el presente y el futuro de INGAR?
En primer lugar, proseguir con el crecimiento en personal tanto en el número de becarios como en el de investigadores. También mejorar sostenidamente los indicadores normales que se aplican a una institución científica, esto es, el número de publicaciones, su calidad, etc. Por otro lado, lograr que esta producción científica pueda ser útil al medio. Para ello se debe continuar con el proceso de integración de INGAR tanto a las universidades de la región (para acentuar nuestra política de formación de recursos humanos de excelencia en todos los niveles, y con una profunda vocación tecnológica) como al mundo empresario.
Por último, proseguir con el camino iniciado de integración internacional, tanto en lo académico como en la transferencia de tecnología. Por ejemplo, es curioso que sólo tengamos un proyecto académico (y ninguno de desarrollo tecnológico) con nuestros socios del Mercosur. Esto debería revertirse, y estamos trabajando en ello.
¿Y en lo personal, en relación con la temática a la que usted se halla abocado?
Al igual que sucede con todos los integrantes de INGAR, contribuir con mis actividades, tanto de gestión como científicas, para lograr los objetivos trazados.
(*) Doctor en Ingeniería Química, investigador de CONICET y docente universitario, nacido en Rosario (Sta. Fe).
(**) Sito en Avellaneda 3657, de Santa Fe. Personal: científicos, becarios, tecnólogos y profesionales (40 personas, aprox.). Depende del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y está integrado al Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe (CERIDE).
INGAR – CERIDE