El Dr. Martín Iriondo* participó en su elaboración como especialista responsable de, y por, América del Sur. Fueron solicitados por la Carta Geológica del Mundo (CGM-Unesco) y por la Comisión Nacional de Energía Atómica de Francia (Cneaf), que financió el proyecto.
¿Qué información contiene un mapa geoclimático?; ¿qué caracteriza a éstos?
Allí se encuentra no sólo la geografía del planeta sino también sus climas. En el caso
que nos ocupa, se trata de dos mapas murales, de escala 1:25.000.000, de 2 m de largo.
¿Por qué es necesario estudiar el clima?
Debido a que los cambios climáticos han ocurrido a lo largo de toda la historia de la
Tierra, y son de importancia general para el Hombre. Los cambios mejor conocidos por todos
son las glaciaciones, que se produjeron durante el Cuaternario (entre miles y
cientos de miles de años atrás). Cabe decir que el Cuaternario tiene dos millones de
años de duración, y que el último máximo glacial (UMG) se prolongó durante 130 mil
años hasta 10 mil años antes del presente. Esto conforma una sucesión de escenarios muy
ricos e interesantes, y ahora estamos enfrentando un nuevo cambio climático, de probable
responsabilidad humana.
¿Qué motivó la elaboración de estos mapas?
Una iniciativa de la CGM, una Oficina que data del siglo XIX; hacía falta realizar una
síntesis global de los dos últimos extremos climáticos -UMG-, cuyo pico máximo en
frío se produjo hace 18 mil años, luego del cual hubo un calentamiento natural, por
causas desconocidas, con derretimiento de los casquetes polares y aumento del nivel del
océano. En esa ocasión, el mar llegó hasta la ciudad de Rosario, en nuestra provincia.
¿Cuáles son, o serán, las consecuencias del calentamiento en nuestra región?
El consenso es que la temperatura ascenderá, en promedio, dos grados sobre la actual.
Esto alterará sobremanera el régimen de lluvias; tenemos evidencia de que los climas
cálidos de nuestra región y del sur de Sudamérica -cuando ocurrieron- fueron
acompañados de mayores precipitaciones. Por el contrario, los climas secos fueron
acompañados de menos lluvias. Y esto es fácil de visualizar en relación con las provincias
climáticas, las que se desplazan así: cuando hay un clima frío, un enfriamiento
general del globo, el clima patagónico avanza hacia el noreste. En cambio, cuando hay un
clima húmedo, el clima brasileño se desplaza hacia el suroeste. Y estamos en presencia
de esto último. En síntesis, el clima será más húmedo, más cálido, y con mayor
frecuencia de tormentas fuertes.
Y ya hemos tenido evidencia de ello, ¿verdad?
Exacto; los fuertes temporales ocurridos en Mar del Plata, por ejemplo, y las inundaciones
en Buenos Aires así lo prueban. Claro está que esto ocurre porque el sistema de desagote
de excesos pluviales de nuestras ciudades ha sido diseñado para condiciones que no son
las actuales. Hoy tenemos un 20% más de precipitaciones, y hay que aprender a convivir
con este nuevo régimen de lluvias. Nosotros estamos arribando a información cuantitativa
o semicuantitativa de todas las nuevas condiciones que, probablemente, van a ocurrir.
Este cambio, ¿llega para quedarse?
Sí, y durante mucho tiempo.
¿Qué nos recomendaría a quienes habitamos en el Litoral?
Aumentar el diámetro de los desagües pluviales, usar elementos -materiales
constructivos, entre ellos- resistentes a la humedad. A las autoridades les recomendaría
reforzar los puertos, porque los caudales de los ríos también aumentarán. En cuanto a
la actividad agrícola, quizás pueda intentarse desarrollar cultivos sensibles a las
heladas, porque habrá menos heladas. Al respecto, el algodón ya se cultiva en el norte
entrerriano, algo impensable hace 50 años.
¿Cuánto tiempo dedicó el equipo científico a estos nuevos mapas?
Alrededor de cuatro años, y debo decirlo, soy el único latinoamericano que trabajó en
el grupo de doce especialistas, entre europeos -sin la presencia de españoles o
italianos- y de otros orígenes. Fui único responsable de y por América del Sur, y mis
pares eran los responsables por cada continente, o "países-continente" como
Australia o Rusia. Además de climatólogos -mis colegas directos- hubo especialistas en
nivel del mar, en desiertos, por citar unos pocos.
Me decía usted que tuvieron que llegar a algunos acuerdos... ¿a cuáles?
A título de ejemplo, en las reuniones, de tres o cuatro días, constituidas como
"taller cerrado", tuvimos que ponernos de acuerdo -luego de duras y prolongadas
discusiones- sobre las leyendas, con la exigencia de que debían decir lo más
posible con la mayor economía. En cuanto a los colores, por razones editoriales y
de identificación rápida, no hubo muchas opciones: unos pocos colores,
"selva"; otros pocos, loess (un tipo de sedimento). Debimos hacer leyendas
mixtas, y aprender a mezclar el arte y la técnica.
El valor de estos mapas, ¿es sólo académico?
No; también tiene un valor aplicado, o práctico, porque la Tierra tiene una atmósfera y
allí hay cambios climáticos, pero estos cambios están sucedidos por cambios similiares.
En otras palabras, la atmósfera es una "máquina termodinámica", con pocas
posibilidades de variar sus juegos. Así, un clima frío del último glacial ha
repetido las condiciones ambientales del clima frío del penúltimo glacial, y ése, a su
vez, del anterior. De manera que hay episodios climáticos que podemos suponer con una
razonabilidad muy grande, y emitir información sobre el presente y futuro climáticos,
con todo lo que ello puede gravitar, por ejemplo, en ciertas actividades económicas.
¿Cuándo y dónde se los presentará oficialmente?
En agosto, en Río de Janeiro, durante el Congreso Geológico Internacional. Por mi
cuenta, ya los presenté en Mar del Plata, hace poco tiempo, en un congreso
latinoamericano de sedimentología. Y en nuestra ciudad lo haremos dentro de algunas
semanas.
Para concluir, ¿por qué financió este proyecto la Cneaf?
Porque estaba interesada en repositorios nucleares para sus desechos atómicos, y el lugar
elegido era el Sahara. Pero surgió el alerta cuando se recordó que, hace 5000 años, el
desierto actual tenía lagos, elefantes e hipopótamos. Entonces, ¿qué pasaría si un
clima así volviera a producirse? Eventualmente, el agua subterránea trasladaría el
plutonio para cualquier lado, con todos los riesgos implícitos. Obviamente, deberá
cambiar su estrategia.
(*) Cordobés, es doctor en Ciencias Geológicas (UNCba.) y especialista en ambientes del Cuaternario. Es investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) e investigador de la U.N.L. Dicta, asimismo, cursos de posgrado.
Entrevistó: Lic. Enrique A. Rabe -Area de Comunicación Social del Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride/Conicet)-.
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