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Sistemas inteligentes con presente y futuro promisorios |
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Entrevista con Ernesto C. Martínez*, quien investiga en inteligencia artificial (IA) en el Instituto de Desarrollo y Diseño (Ingar)**, de nuestra ciudad. En diciembre de 2003 retornó de España, luego de una estancia como Profesor Visitante. Las aplicaciones de IA en procesos industriales son ilimitadas.
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-¿En qué
consiste su trabajo científico? |
Para incorporar esta capacidad, el agente debe desarrollar algún grado de inteligencia sobre la base de la experiencia real que recopila mientras funciona. Tomemos un ejemplo sencillo: un robot de limpieza que recoge determinados objetos en una plaza. Existe un sinnúmero de incertidumbres, como la ubicación y la naturaleza de los objetos, o los recorridos permitidos, que imposibilitan una planificación a priori de la tarea del robot. El aprendizaje permite incorporar en el diseño del robot una capacidad de adaptación que, por acumulación de experiencia, se traduce en inteligencia.
-¿Qué potencialidad
tiene esta técnica en cuanto a su aplicación en procesos industriales?
-Es francamente
ilimitada. Un área en la que estamos comenzando a trabajar es un "dosificador
inteligente". En este caso, la incorporación del aprendizaje en
la estrategia de automatización permite mayores grados de autonomía
y eficacia en plantas de tratamiento de efluentes. Otro ejemplo es el diseño
de interfaces "flexibles" para operadores de salas de control, por
ejemplo de una central nuclear o una planta petroquímica. En este caso,
el sistema inteligente decide en qué sector de planta concentra la atención
del operador. Claro está que, en condiciones normales, esto no parece
muy necesario, pero cuando se presenta una falla o anormalidad funcional, la
utilización de este tipo de técnica puede ser la diferencia entre
un susto o una catástrofe. De hecho, en ocasión de mi actividad
en España, he comprobado el interés por estos desarrollos en industrias
tan variadas como la petroquímica y la Agencia Espacial Europea.
-¿A qué
obedeció su presencia en el país europeo?
-La visita fue
parte de una distinción que me otorgó el Ministerio de Educación,
Cultura y Deporte español, al elegirme entre un significativo número
de postulantes -conformado por investigadores y profesores- de todo el mundo
para realizar una estancia como catedrático invitado en régimen
de año sabático. Así se designa, en España -y dentro
del programa en el que participé-, al período en el cual un investigador
profundiza aspectos específicos de una temática de su especialidad,
con la peculiaridad de que lo realiza fuera de su grupo habitual de trabajo.
El premio que obtuve cuando concursé incluyó un estipendio, más
la cobertura de gastos de viaje y movilidad.
-¿Dónde
trabajó allá?
-Opté por
el Departamento de Sistemas y Automática de la Universidad de Valladolid,
que es uno de los centros de excelencia en Europa en "control inteligente
de sistemas y procesos", mi área de investigación y desarrollo.
Las actividades que llevé a cabo fueron de lo más variadas, con
énfasis en investigación y docencia de posgrado. También
impartí clases en cursos de control de procesos en la carrera de ingeniería
química. En particular, una actividad que disfruté mucho fue la
redacción de proyectos para el VI Programa Marco de la Unión Europea,
que requirió mi traslado frecuente a otros centros de investigación,
todo lo cual me permitió vincularme con grupos muy importantes en mi
área de trabajo en Holanda, Suiza, Reino Unido y Francia, por citar algunos.
En el caso de este último país, establecí una importante
relación con la Escuela Naval de Brest, en Bretaña, donde dicté
un curso acerca del aprendizaje por interacción en sistemas inteligentes.
En este centro están interesados en la construcción de submarinos
autónomos (no tripulados) equipados para el relevamiento de información
en fondos marinos. Para incorporar la capacidad de operar con cierta autonomía
es imprescindible incluir en el diseño de la nave la capacidad de "aprender
haciendo".
-He sabido que sus investigaciones y desarrollos también incluyen la aplicación en temas de salud, circunstancia que lo condujo a trabajar con un bioingeniero egresado de la Universidad Nacional de Entre Ríos.
-Así es. En España abordé la problemática de un sistema inteligente para la dosificación de insulina en pacientes diabéticos, y lo hice con Pablo Viñas, bonaerense, uno de los alumnos de doctorado en Valladolid, un joven y brillante bioingeniero argentino.
-Su retorno ¿fue
una opción?
-Sobre todo fue
una decisión, muy difícil, como lo es casi siempre. A través
de becas y premios he ido varias veces al exterior y he vuelto otras tantas,
y decidir regresar cada vez me cuesta más. En este caso, porque tenía
la posibilidad de firmar un contrato del Programa Ramón y Cajal por los
próximos cinco años, con una perspectiva de docencia e investigación
inmejorable, algo mucho más estimulante que los muy limitados recursos
de los que dispondría a mi retorno. De hecho, las motivaciones familiares
y afectivas son las causas de que hoy esté aquí.
(*) Ingeniero Químico (UTN) y Doctor en Ingeniería Química (UNL). Es Investigador Adjunto del Conicet y Profesor Titular en la Facultad Regional Santa Fe (UTN). (**) Dependiente de Conicet-UTN, sito en Avellaneda 3657. Entrevistó: Lic. Enrique A. Rabe (ACS/Ceride).
© INGAR (Conicet / UTN) - CERIDE
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publicado
el 6 de marzo de 2004
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