A veces, la recuperación de objetos de navíos que naufragaron pone al descubierto tesoros del pasado. El naufragio de Antikythera -nombre de una isla griega del Egeo- no fue la excepción: sacó a la superficie un testimonio único del avance de la técnica de la Antigüedad clásica, el mecanismo de Antikythera, conocido como "la primera computadora de Occidente".
El artefacto desconocido
Una vez en el Museo de Atenas, después de haber pasado 20 siglos en el mar, a 42 metros
de profundidad, las partes limpias del instrumento exhibían en su superficie numerosas
inscripciones astronómicas, en principio no atribuibles a meros adornos. No obstante
ello, la idea de que se tratase de un astrolabio(*) también se descartó, debido a que
los primeros reconocibles como tales se registran a partir del 650 d.C.
Luego de décadas de olvido -ya que la recuperación se había realizado en 1900-, Derek
de Solla Price, un físico e historiador de la ciencia presentó, en 1959, su conclusión:
se trataba de un complicado mecanismo de relojería que, por su diseño y funciones,
podía ser llamada "la primera computadora de Occidente". Según él, las
inscripciones astronómicas debían de ser indicadores de un mecanismo de engranajes que,
al moverse, mostraban la posición de los cuerpos celestes. La hipótesis fue rechazada
por muchos estudiosos.
Sin embargo, De Solla Price no se dio por vencido e hizo examinar los fragmentos del
artefacto mediante la aplicación de radiación gamma, con lo cual pudo comenzar la
reconstrucción del mecanismo y establecer su fecha y lugar de construcción.
Precisiones
El examen confirmó que se trataba del instrumento científico más sofisticado de la
Antigüedad que había llegado hasta nosotros. Consistía en un artefacto de cálculo
astronómico con mecanismos de precisión que, mediante 32 engranajes y un engranaje
diferencial, mostraba la posición de los cuerpos celestes en sincronización con el año
calendario. El usuario, por medio de una perilla, podía accionar un simulador en
miniatura del movimiento del sol, la luna y varios planetas, teniendo a la vista la fecha
en que se había dado, o se daría, tal combinación.
Mediante este estudio se pudo, además, determinar que el artefacto pertenecía
efectivamente al siglo I a.C., y por las inscripciones y la posición de los engranajes se
dedujo que había sido construido alrededor del año 80 a.C., en la isla griega de Rodas,
ubicada en el mar Egeo. Este hallazgo aportó importantes datos que llevaron a revisar la
"historia oficial" de la técnica griega. En efecto, la composición del
artefacto da muestras de avanzados conocimientos tanto en astronomía como en matemática,
ya que pone de manifiesto la gran familiaridad con los movimientos de los cuerpos
celestes, a la vez que una capacidad inesperada de cálculo proporcional de los
movimientos de estos cuerpos por medio de fracciones, incluyendo la representación
mecánica del ciclo metónico. Este ciclo tomó su nombre de Metón, astrónomo
ateniense del siglo V a.C., quien sugirió un sistema para correlacionar el mes lunar y el
año solar sin afectar el calendario civil.
¿Es casual que se haya fabricado en Rodas?
En el siglo II a.C., ante un ambiente político hostil, muchos estudiosos huyeron de la
Biblioteca y el Museo de Alejandría, el baluarte intelectual de la cultura helenística
(o griega), y se afincaron, entre otros lugares, en Rodas. Esta isla, en la posible fecha
de construcción de la "computadora", seguía siendo un importante centro
cultural, el que, precisamente podría haber llevado a la práctica genuinos avances en el
terreno técnico.
Asimismo, era famosa por la construcción de naves y de maquinaria bélica. Los barcos de
guerra que allí se botaban, algunos de ellos de tamaño y complejidad sorprendentes para
la época, jugaron un papel de suma importancia en todas las guerras regionales de la
etapa helenística, y constituyeron la razón por la cual las aguas que circundaban Rodas
se mantuvieran libres de piratas en momentos en que éstos "azotaban" el
Mediterráneo. Que uno de sus logros más importantes se haya dado en el terreno de la
navegación no es un dato trivial. Este progreso estuvo acompañado de avances sustantivos
en los conocimientos matemáticos y astronómicos. No en vano, la isla del Coloso
fue la cuna del matemático Gémino, del que se supone estuvo también interesado en la
construcción de modelos mecánicos.
La particularidad del artefacto de Antikythera parece ser su diseño más
abstracto. En efecto, el modelo que se extendió más rápidamente fue el de los
"planetarios", que imitaban la posición de los cuerpos celestes mediante
maquetas, con lo cual resultaban más intituitivos, o, quizá, menos
"científicos".
Finalmente, el desarrollo intelectual de Rodas hace pensar que, tal vez, habría que
contar este centro cultural como base de la ciencia helenística en legítima comparación
con las tradicionales escuelas de Alejandría y Pérgamo. El descubrimiento del mecanismo
de Antikythera obliga, además, a redimensionar el testimonio de las fuentes literarias en
relación con su valor histórico, durante mucho tiempo consideradas como mero fruto de la
exageración.
Por Claudia Mársico (UBA). Publicación: Educación en Ciencias, Vol. III, N° 7 (Universidad Nacional de Gral. San Martín).
(*) Antiguo instrumento para observar la altura de los astros.
Selección y adaptación: Lic. Enrique A. Rabe -Area de Comunicación Social del Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride)-.
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