DESDE COLOMBIA: UNA MIRADA AL MAL DE OJO
El mal de ojo; es considerado por algunos como una enfermedad sociocultural, en la que convergen creencias indígenas con las de los españoles que colonizaron estas tierras.
Un recorrido por los relatos
Según antiguas creencias, la persona capaz de transmitir el mal de ojo llegaba a tener tal poder que, incluso, no podía mirarse en un espejo, ni en el agua, ni en ninguna otra superficie en la que se reflejara su rostro porque podría hacerse daño a sí misma. De acuerdo con la tradición, al poder del mal de ojo lo poseen personas con mucha energía en su mirada y, la mayoría de las veces, con una configuración física muy particular, como por ejemplo jorobadas, bizcas, deformes o sumamente feas.
Se puede reconocer a un individuo capaz de transmitir el mal de ojo porque sus ojos, después de fijarse de manera insistente en algo o en alguien, comienzan a llorar inexplicablemente y les aqueja un dolor muy agudo. Sin embargo, se cree que quienes tienen esta peculiar y peligrosa mirada no son conscientes de ello. Una idea muy generalizada en nuestra región del valle colombiano es que la mirada de una mujer embarazada, en el período menstrual o en la menopausia también posee ese poder maléfico. No obstante, el mal de ojo no se relaciona únicamente con la mirada, sino que también hay culturas que lo atribuyen al tacto y al aliento.
Orígenes
Esta creencia ha existido en todos los lugares del mundo, aun en las culturas más antiguas; ya en Atenas y Roma se encuentran referencias al respecto. Los españoles le llamaban "fascinación", y es muy posible que sus ideas, combinadas con la cultura árabe, llegaran hasta nuestro territorio y se mezclaran con las prácticas terapéuticas indígenas. Hoy, el mal de ojo es una idea que se considera propia de los sectores populares o de grupos sociales que mantienen elementos tradicionales y valores culturales de sus zonas de origen. Pero también es innegable que esta creencia persiste en otros estratos sociales.
Clases de "mal de ojo"
Se considera que existen tres clases diferentes. En primer lugar el "ojo bobo", llamado así porque quien lo presenta no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor y permanece en una especie de limbo. También se presenta el "ojo secador", que se caracteriza porque la víctima pierde cada día una considerable cantidad de peso. Por último está el más peligroso de todos. No tiene un nombre especial, pero se dice que al niño se le ha reventado la "hiel" y por eso vomita una sustancia verde; si el enfermo no recibe una atención rápida y adecuada puede morir en menos de 24 horas. Según las personas que aseguran tratar este tipo de casos, la mejor manera de cerciorarse de que un niño ha sido víctima del mal de ojo es midiendo sus dos piernas, si una de ellas es significativamente más larga que la otra es indudable que el "mal" está presente.
De igual manera, esta enfermedad se caracteriza por un llanto persistente, fiebre, dolor de cabeza, vómito y diarrea de color verde y de mal olor.
Amuletos y contravenenos
Todos, de alguna manera, somos un poco paranoides. En nuestra cultura síquica sentimos miedo al contacto, a todo aquello que nos pueda tocar o mirar, por esta razón buscamos protección", dice el sociólogo Lugardo Álvarez, profesor en la Universidad del Valle (UV), en Colombia.
Un ejemplo de amuletos es el "coral", especie de collar que se coloca en la muñeca o el tobillo de los niños para protegerlos del mal de ojo. En la Antigüedad, para prevenir el mal, se acostumbraba cargar figuras que simbolizaran los órganos genitales, pues si el mal de ojos destruye, la sexualidad es la fuerza protectora por ser dadora de la vida.
Cuando estos amuletos fallan, y la enfermedad se presenta, los curanderos utilizan como tratamiento el sahumerio y los baños de poleo, paico y yerbabuena, después de rezar ciertas oraciones secretas. Además, se recomienda al enfermo beber agua de arroz tostado y suero.
Punto de vista médico
El mal de ojo puede considerarse como una enfermedad sociocultural. Arthur Rubel, en su libro "América indígena", define este término como el síndrome que los miembros de un grupo social en particular alegan sufrir, y para el cual su cultura proporciona etiología, diagnóstico, medidas preventivas y métodos curativos. "Toda enfermedad es un fenómeno cultural de construcción simbólica, aunque no sea reconocida por los sectores científicos tradicionales. La comunidad, por su parte, sí la reconoce como tal, la acepta y busca aquellas personas que le pueden dar la solución que esperan", asevera Fernando Urrea, sociólogo y también docente en la UV.
Por su parte, el pediatra Jorge García sostiene que los síntomas que se le atribuyen al mal de ojo corresponden, la mayoría de las veces, a un típico caso de gastroenteritis, es decir, una inflamación del estómago y de los intestinos debida a diversas causas, entre ellas una infección provocada por virus, gérmenes y parásitos.
La prueba está, dicen los facultativos, en el hecho de que el tratamiento que los "curanderos" recomiendan para este trastorno es muy parecido al que recetaría cualquier médico tradicional, y que consiste, además de suministrar los debidos antiespasmódicos y antisépticos intestinales, en reposo y que el paciente consuma una dieta líquida y semiblanda durante tres días. "Lo que pasa", dice el pediatra Humberto Rey, "es que el médico tradicional maneja un lenguaje científico dentro de una sociedad que, en su gran mayoría, no tiene una actitud científica frente a la vida; por el contrario, presenta una marcada orientación hacia la magia. Por esta razón, la persona que cree en el mal de ojo busca a alguien que hable en su propio idioma y le dé la solución que espera".
Por su parte, el Dr. Jaime Rodríguez, profesor del Departamento de Medicina Social de la UV, comenta: "el mal de ojo es una especie de desbalance energético que sufre el paciente debido a causas desconocidas para la medicina tradicional; por esta razón se recurre a la medicina alternativa para conseguir un buen resultado".
El mal de ojo es, sin duda, un fenómeno que despierta las más diversas interpretaciones. Pero lo que no se puede negar es que los ojos poseen un poder muy especial. Así como hay miradas que vivifican, "hay también miradas que matan". Expresa el sociólogo Urrea que quienes recetan o venden esta serie de amuletos lo hacen sin conocer sus orígenes y tradiciones. "Además ignoran que nuestra cultura síquica tiene un conjunto de factores que hace que estos amuletos sean efectivos", puntualiza.
El "mal de ojo" tiene los mismos oscuros orígenes que el hechizo, el maleficio o el encantamiento. Por esta razón el hombre busca combatirlos, con una serie de amuletos o prácticas proporcionadas por lo que se considera como "magia blanca".

Agencia Universitaria de Periodismo Científico y Cultural (AUPEC), N 117 (Colombia)
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