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En pro de la calidad
alimentaria
Entrevista con la
Dra. en Ciencias Biológicas Diana María Müller docente
de la Facultad de
Bioquímica y Ciencias Biológicas (UNL),
quien se doctoró al aprobar su tesis referida a la capacidad de
las bacterias lácticas para producir compuestos químicos
capaces de inhibir el desarrollo de microorganismos causantes de enfermedades
de transmisión alimentaria.Fue dirigida por los profesores Dres.
Georgina G. Tonarelli** y Arturo C. Simonetta*** (foto).
La Dra Müller
investigó la actividad de las bacteriocinas naturales, obtenidas
de cepas de bacterias lácticas aisladas de embutidos cárnicos
santafesinos, y la de las obtenidas por síntesis química
en el Laboratorio de Péptidos Bioactivos (Depto. de Química
Orgánica de la citada Facultad).
“En un futuro cercano,
estaríamos en condiciones de proveer de una nueva serie de biopreservadores
a industrias de alimentos de la región, a fin de sustituir los
conservantes químicos”, destacó.
¿Qué
son las bacterias lácticas?
Son microorganismos del ácido láctico, inocuas para la salud
humana, que han sido usadas por el hombre desde hace mucho tiempo. Constituyen
un grupo involucrado en la producción de alimentos fermentados
comerciales tales como leche, vegetales, frutas, carnes y productos derivados
de cereales. En relación con la primera, se las usa como agentes
transformadores de la leche, ya que participan en la formación
de aromas y cualidades reológicas de quesos y leches fermentadas
y de otros productos alimenticios. También presentan un rol higiénico
importante porque producen una gran variedad de compuestos, los cuales
evitan el desarrollo de bacterias que pueden causar enfermedades.
¿De qué
compuestos se trata?
De las bacteriocinas, que son sustancias antimicrobianas de naturaleza
proteica con capacidad potencial para inhibir microorganismos patógenos
y/o alterantes de alimentos. Estas proteínas son rápidamente
digeridas por las proteasas en el tracto digestivo humano, lo que supone
una ventaja adicional cuando se usan como conservantes de alimentos. Sin
embargo, la efectividad de las bacteriocinas en alimentos se ve limitada
por los altos costos de producción, entre otras causas, que impiden
su amplio uso. No obstante ello, las investigaciones que se llevan a cabo
tienen la finalidad no sólo de encontrar nuevas y más efectivas
bacteriocinas sino también de optimizar la producción de
las conocidas con el objetivo de que éstas tengan importancia biológica
y viabilidad económica. En el trabajo de tesis investigué
en la actividad de bacteriocinas naturales, obtenidas de cepas de bacterias
lácticas aisladas de embutidos cárnicos santafesinos, y
en la de bacteriocinas obtenidas por síntesis química.
¿Qué
debe entenderse por microorganismos patógenos?
Son aquéllos que, en el ser humano, causan las enfermedades de
transmisión alimentaria (ETAs). Las técnicas de conservación
y manipulación de los alimentos no han logrado erradicar el riesgo
de intoxicaciones por agentes patógenos, por ejemplo, la gastroenteritis,
causada por Salmonella, o por Staphylococcus, entre otros. Algunos de
ellos pueden producir toxinas responsables de provocar -en el consumidor-
desde intoxicaciones leves hasta otras de extrema gravedad, inclusive
mortales.
¿Eligió
este tema de investigación por alguna razón especial?
Cuando decidí realizar el doctorado, la Dra. Tonarelli** me planteó
la posibilidad de hacerlo en diferentes áreas, pero siempre dentro
del tema de péptidos bioactivos. Una de ellas era la de conservación
de alimentos, la cual me pareció muy interesante. En tanto, por
parte del Dr. Simonetta***, teníamos la propuesta de trabajar en
conjunto en la identificación de este tipo de compuestos antimicrobianos.
Ellos estaban en condiciones de realizar los ensayos biológicos
y nosotros de aislar los compuestos y determinar su estructura. Y así
lo hicimos.
¿Por qué
es necesario ocuparse de la conservación de alimentos?
Han transcurrido más de ochenta años desde el descubrimiento
de la penicilina. Y aunque se han hecho esfuerzos para mejorar los tratamientos
y se dispone de nuevos antibióticos de amplio espectro, el número
de microorganismos multirresistentes se ha incrementado sustancialmente
durante las dos últimas décadas. En el contexto actual,
y observando las tasas de resistencia antimicrobiana en el mundo, la evaluación
de nuevos antimicrobianos es una cuestión emergente. Por otro lado,
la búsqueda de conservantes alimentarios que sean totalmente inocuos
para la salud humana es continua. Así, el uso de las bacterias
lácticas en la producción de compuestos antimicrobianos
de naturaleza proteica se está estudiando, tanto en el área
de la conservación de alimentos como en la de la salud humana,
por ejemplo, en el tratamiento de enfermedades de la piel causadas por
estafilococos.
¿Investiga
en la conservación de alimentos por una inquietud académica
o en respuesta a una demanda empresarial?
En principio, desde el Laboratorio de Péptidos Bioactivos*, estamos
respondiendo a una inquietud académica, pero siempre se espera
que los resultados de las investigaciones despierten interés a
nivel industrial, y puedan ser aplicados en forma concreta.
¿De qué
alimentos se trata?
Este tipo de compuestos, las bacteriocinas, tienen aplicación potencial
en la conservación de alimentos frescos y deshidratados, tales
como pescados, pollos, carnes, vegetales, leche y sus productos derivados
(quesos), entre otros. A manera de ejemplo, debo señalar que, a
nivel mundial, existen industrias lácteas y cárneas que
ya utilizan bacteriocinas.
¿Qué
situación o problema concreto intenta solucionar su aporte académico?
En primer lugar, hay que destacar que las bacteriocinas han sido consideradas
inocuas por la FDA (organismo estadounidense de referencia mundial en
relación con compuestos alimentarios y medicinales), es decir que
carecen de efectos adversos para la salud humana. Por otra parte, hoy
no se dispone de biopreservadores alimentarios de origen regional o nacional,
por lo que hay que recurrir a los provistos por empresas multinacionales
o a los conservantes químicos. Y si bien mi trabajo de tesis se
ha limitado al estudio de una cepa de bacteria láctica productora
de bacteriocinas, el grupo de trabajo que integro está abocado
al estudio de identificación de estos compuestos activos aislados
a partir de otras cepas, con resultados muy interesantes. En este marco,
otros docentes de la UNL
están realizando estudios de posgrado. Por lo expresado, en un
futuro cercano estaríamos en condiciones de proveer a industrias
de alimentos de la región de una nueva serie de biopreservadores,
tales como bacteriocinas total o parcialmente purificadas, así
como de bacteriocinas sintéticas, con el fin de reemplazar a los
conservantes químicos.
¿Qué
nuevos campos ha abierto con su trabajo?
Durante nuestra investigación, realizada con bacteriocinas obtenidas
en laboratorio, hallamos que diferentes modificaciones sobre la estructura
química de una bacteriocina natural permiten modular su actividad
biológica. Luego, dentro de algunos años, podríamos
encontrarnos frente a una gran variedad de moléculas sintéticas
con espectro de actividad diferente. En particular, nos interesa diseñar
moléculas pequeñas, con un espectro de actividad antimicrobiana
amplio, para una posterior producción en mayor escala.
Usted
realizó una pasantía en España. ¿Cuándo,
dónde y en qué tema?
En 2003 fui pasante en el Laboratorio de Proteómica a cargo del
Dr. David Andreu, de la Universidad “Pompeu Fabra” (UPF), en Barcelona.
Allí trabajé en el tema “Determinación de estructura
de péptidos antimicrobianos”. Esta pasantía, a la que gentilmente
me invitó el científico citado, me posibilitó efectuar
ciertas determinaciones estructurales sobre las muestras obtenidas en
Santa Fe, que no hubieran podido efectuarse de otra manera ya que, en
nuestra universidad, no disponemos del equipamiento necesario.
¿Cuán
avanzados están allá?
Están mucho más equipados que nosotros y trabajan con un
presupuesto mayor, lo que les permite acceder con más rapidez a
los resultados, en particular a aquéllos relacionados con la determinación
de la estructura de los compuestos bioactivos. Sin embargo, me sentí
cómoda y segura porque me di cuenta de que la capacitación
recibida durante mi carrera de grado en la UNL
está al nivel de la impartida en los países desarrollados.
A ello debemos sumar la cuota de ingenio que todos los científicos
argentinos desplegamos, en forma casi inadvertida, cuando hay que sortear
las dificultades presupuestarias.
¿Qué
organismos financiaron su estadía?
La UPF y la UNL, debido
a que realicé mi tesis en el marco de una beca de posgrado (“Programa
de Capacitación en posgrado para docentes-investigadores de la
UNL”). Por otra parte,
en 1998, realicé una pasantía de perfeccionamiento otorgada
por el Proyecto Fomec de Química de la UNL,
en el Departamento de Química Analítica y Fisicoquímica
de la Facultad de Bioquímica y Farmacia de la UBA,
bajo la dirección de la Dra. Clyde Carducci. En esa ocasión,
me perfeccioné en técnicas de electroforesis capilar.
(*) Nacida en Paraná
(E. R.), obtuvo su título de grado en la FBCB
(UNL). Es docente-investigador
(JTP) en el Laboratorio de Péptidos Bioactivos (Lab. de P. B. -
Depto. de Química Orgánica de la citada Facultad). Tesis
doctoral: “Péptidos bioactivos producidos por bacterias lácticas
con actividad inhibitoria del desarrollo de microorganismos”. (**) Profesor
titular del Depto. de Química Orgánica (FBCB
/ UNL).
(***) Profesor asociado responsable de las asignaturas Microbiología
General, de Alimentos, y Principios de Biotecnología (Depto. de
Ingeniería en Alimentos - FIQ/UNL).
El trabajo de tesis fue interdisciplinario: los péptidos antimicrobianos
(naturales y sintéticos) se obtuvieron en el Lab. de P.B. , y la
evaluación de su actividad biológica se realizó en
el laboratorio a cargo del Dr. Simonetta.
Entrevistó:
Lic. Enrique A. Rabe (ACS/Conicet
Santa Fe).
© FByCB
(UNL) - CONICET
Santa Fe
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