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En un trabajo conjunto,
científicos de la Argentina, España, Alemania y los Estados
Unidos estudian el comportamiento físico de electrones presentes
en materiales diminutos
Muchas veces, para
entender la ciencia tenemos que poner en práctica la imaginación.
Como cuando tratamos de comprender ese universo infinitamente pequeño
que estudia la nanotecnología, algo así como la ciencia
de lo diminuto, de lo imperceptible a los ojos.
"Nano" es un prefijo griego que significa "mil millones":
un nanómetro representa la mil millonésima parte de un metro.
Siguiendo con las equivalencias, un nanómetro es igual al ancho
de tres átomos, y diez nanómetros son 10.000 veces más
pequeños que el diámetro de... un cabello humano.
En ese universo de película trabajan científicos en todo
el mundo, que de distinta manera “juegan” con los elementos básicos
de la naturaleza, los átomos y las moléculas, casi en el
límite de una fábrica soñada por fanáticos
de la ciencia ficción hace no tantos años. Y un capítulo
de esta “fábrica” lo cuentan quienes estudian el comportamiento
físico de estos “materiales mínimos”, el paso previo indispensable
para su posterior uso tecnológico.
“La nanoelectrónica disminuye las dimensiones de la electrónica:
si la microelectrónica trabaja con dimensiones que son mil veces
más chicas que un milímetro, la nanoelectrónica trabaja
en dimensiones mil veces más chicas que el micro, o sea que los
dispositivos son un millón de veces más chicos que un milímetro”,
comenzó a explicar el Dr. en Física Pablo Bolcatto desde
su pequeña “fábrica virtual”, con sede en la Facultad de
Ingeniería Química (FIQ) de la Universidad Nacional del
Litoral (UNL).
Allí se encarga de modelizar el comportamiento físico de
los electrones presentes en estructuras diminutas, a través de
una serie de ecuaciones matemáticas capaces de indicar cómo
pueden responder ante determinados estímulos. “La física
de los electrones a escala microscópica es esencialmente la misma
que a escala macroscópica. Pero la diferencia es que en dimensiones
nano se trabaja con una física cercana a la atómica”, aclaró.
Por qué
la Física
Pensemos –otra vez— en las enormes diferencias que separan a las computadoras
que hoy utilizamos, con respecto a aquellas que comenzamos a ver de manera
masiva pasados los años 90. La memoria de las ya históricas
286 se dobló hoy varias veces, y en el mismo “espacio” tenemos
ordenadores capaces de generar y almacenar muchísima más
información.
Pero el estudio de esos nuevos materiales –utilizados para aplicaciones
informáticas, por ejemplo— implica también el estudio de
sus propiedades físicas: “No hay sólo una brecha tecnológica
en hacer cosas cada vez más chiquititas sino que también
aparecen propiedades físicas nuevas. El que quiere estudiar nanoelectrónica
debe estudiar primero los fenómenos físicos elementales
de los nanomateriales”, dijo Bolcatto. Para eso, agregó, “hay que
aprender de la física básica”.
En ese núcleo se centra el trabajo que encaró Bolcatto junto
con Paula Giudici, una argentina que actualmente trabaja en el Laboratorio
de Propiedades Ópticas que dirige el Doctor C. Thomsen en la Universidad
de Berlín, Alemania. Participan también del estudio César
Proetto, del Centro Atómico Bariloche; Fernando Reboredo, del Laboratorio
Nacional de Livermore (USA); y Alejandro Goñi, de la Universidad
de Barcelona.
Concretamente, los investigadores indagan en el estudio de los electrones,
una de las partes constitutivas del átomo fundamentales en la generación
de la electricidad. Y, particularmente, se concentran en el estudio de
gases de electrones utilizados como prototipo para estudios experimentales.
“Un objetivo de nuestro trabajo es saber cómo se mueven esos electrones
si se aplica un campo eléctrico”, explicó Bolcatto. “Todo
lo que ves cuando grabás un archivo, cuando escuchás música,
por ejemplo, está constituido por circuitos por los cuales circula
corriente: si vos podés controlar ese circuito y podés imaginarte
nuevos circuitos –a través de ciertos dispositivos como transistores,
que son en definitiva materiales semiconductores— ampliás de una
manera muy grande las posibilidades de la electrónica”, indicó.
Bolcatto dirige además un proyecto de investigación subvencionado
por la UNL, denominado “Propiedades electrónicas e inestabilidades
magnéticas en gases de electrones bidimensionales”, en el marco
de las convocatorias de los Cursos de Acción para la Investigación
y el Desarrollo (CAI+D).
Un trabajo de hormiga
Aunque desde diferentes lugares del mundo, el trabajo se complementa:
Giudici, Goñi y Thomsen trabajan en la experimentación (“tocan
y ven las estructuras”); Bolcatto, Proetto y Reboredo se encargan de modelizar
el comportamiento de los electrones para comprobar si las ecuaciones propuestas
coinciden con la “realidad” de las muestras.
En Alemania “trabajamos con estructuras que son del orden de los nanometros
–explicó Giudici, quien recientemente estuvo realizando una visita
de cooperación científica en la UNL—.Y lo que vemos en particular
son las propiedades de los electrones en esas estructuras”. Pero ¿cómo
estudiar los comportamientos de los electrones de algo que, simplemente,
no puede verse?
El proceso es muy complejo, tanto que las muestras son fabricadas por
centros específicos, y son analizadas con diversas técnicas
y equipos de alta tecnología. Giudici trabaja con técnicas
ópticas, a partir de la interacción de la luz proveniente
de láseres. Otra técnica posible es la de microscopios que
trabajan con presiones intergalácticas (muy, muy bajas) y temperaturas
del orden de los 270 grados bajo cero.
Las muestras son especies de “sandwichs diminutos”: entre dos materiales
aislantes se encuentra contenido el material semiconductor, y allí
los electrones que interesan particularmente a los investigadores de este
estudio.
Conocer el comportamiento físico de esos electrones es una puerta
abierta al desarrollo de nuevas tecnologías, ya que “al conocer
cómo se comportan puede controlarse el material y saber en qué
puede ser utilizado”, explicó Giudici.
“En realidad no nos interesa si circulan o no circulan los electrones,
ni las propiedades de transporte eléctrico; pero sí si tienen
un orden magnético o no bajo determinadas circunstancias. Si sabés
eso vas a saber cómo controlarlo”, explicó Bolcatto. “En
realidad trabajamos sin pensar en la aplicación directa de los
estudios –agregó—, pero esta investigación básica
es necesaria para que otro pueda utilizarla con fines prácticos”,
finalizó.
Por Romina Kippes
(Ciencia y Técnica UNL).
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