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Los argentinos, primero, destruimos, y después tratamos de recuperar |
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Hasta hace poco, la ciencia y la tecnología solían ser elogiadas por enriquecer la calidad de vida; hoy se las culpa de empobrecerla (Mario Bunge).
Entrevista con Norberto Oldani* -autor de la primera frase-, especialista en peces, del Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (Intec) de la ciudad de Santa Fe. La sobrepesca del sábalo. El valor de la ciencia como herramienta social. Responsabilidad de investigadores y divulgadores.
| ¿Qué impacto producen las obras hidroeléctricas en las poblaciones de peces y en el ambiente? |
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- | Convierten a los ríos en lagos, y provocan que los peces pierdan el estímulo para la reproducción. Además, al interrumpírseles el paso, no pueden completar las esenciales migraciones. En condiciones naturales, en un río hay 1000 kilos de peces por hectárea, de los cuales el 20% se podría recolectar sin problemas. Sin embargo, en ríos donde existen represas, esta cantidad disminuye al 1,4%, e incluso menos; todo un desastre ecológico, como se ve. Y es en este punto donde se desata la lucha de intereses entre los ambientalistas, que defienden los ecosistemas naturales, y los productores de energía eléctrica. |
Pero debo hacer una aclaración: las represas no contaminan; somos los hombres los que lo hacemos a través de la utilización de la energía. No obstante, hay alternativas para minimizar el impacto de las obras que se van a construir, o de aquellas que ya existen: por ejemplo, se puede proponer una obra que no atraviese el río, o se puede recurrir a microturbinas. Estas pueden producir energía para toda una ciudad, y funcionan desde su ubicación (fijas, en el cauce), aprovechando la energía cinética del río. No obstante, usualmente, se elige construir embalses para aprovechar la pendiente del terreno; a mayor altura, mayor generación de electricidad.
La sobreexplotación
pesquera, por ejemplo en el sudoeste entrerriano, es otro factor de alto impacto
ambiental para la fauna ictícola, en particular el sábalo. Si
esta especie disminuye, ¿cuál ocupará su lugar?
Todavía no se tiene una respuesta definitiva. Si se deprimen las
poblaciones de peces por la pesca excesiva quedan sitios vacíos, o menos
ocupados, disminuye la competencia y aumentan las posibilidades de que se instalen
otras especies, como por ejemplo las carpas, peces asiáticos parecidos
a las bogas, que se multiplican con facilidad pero cuya carne es inferior en
calidad. En la Argentina se las ha introducido, pero con poco criterio porque
tienen una estrategia diferente de la del sábalo. Las migraciones en
este sistema que es el río Paraná se han sincronizado, desde hace
miles de años, con las velocidades de las corrientes, con las alturas
hidrométricas y con la temperatura del agua. Por ejemplo, la producción
de alimento para las larvas coincide -en tiempo y espacio- con el momento en
que comienzan a alimentarse. En esta etapa es cuando aparece el riesgo de que
la carpa sustituya al sábalo; puede suceder que los surubíes busquen
su alimento (sábalos) y no lo encuentren. El sábalo no se va a
extinguir hoy, pero comienza a retroceder y puede llegar a desaparecer dentro
de 20 años. Por eso, los criterios de manejo -tallas de peces, pesos,
aberturas de malla- son fundamentales. Si hay un pescador que un día
extrae 1000 kilos, y al otro día 1500, se le debe poner un límite;
el sistema no es inagotable. Estimo que el Estado tiene que controlar y tener
leyes para que las personas o los pescadores jueguen con esas reglas y generen
condiciones para poder vivir de la actividad.
En la Argentina, ¿se puede pensar en una política en la que
los recursos pesqueros y la navegación tengan el mismo peso?
Sí. En varios países la navegación y la pesca tienen el
mismo valor. Pero aquí al problema lo constituyen las políticas
de Estado, que se aplican mal o no se aplican. Una de las razones por las que
se construyó Yacyretá, por ejemplo, fue para que el río
se pudiera navegar a lo largo de una mayor extensión. Se instaló
un sistema de esclusas para los barcos, a un costo de 400 millones de dólares
estadounidenses, y no se gastó casi nada en conservar la pesca, un recurso
que ya estaba allí. Las sociedades, cuando se desarrollan, lo primero
que hacen es terminar con los ríos: los contaminan, los rectifican, les
hacen embalses; y lo segundo que hacen es tratar de recuperarlos. Lo correcto
es conservarlos. Si se hubiese gastado algo en preservar las poblaciones de
peces, hoy poseeríamos un recurso espectacular y no tendríamos
estos problemas.
Luego, ¿se puede
compatibilizar el progreso económico con el equilibrio ambiental?
Naturalmente que sí, aunque tiene sus exigencias y costos. Y, de fondo,
el problema es educativo: el ser humano no respeta la Naturaleza porque no se
lo han enseñado. Por otra parte, nuestro trabajo como ictiólogos
es el de originar modelos, pautas o mecanismos, que se conviertan en leyes cuya
aplicación logre conservar y mejorar la Naturaleza. Si la ley es la indicada,
se cumple y se la aplica, se minimiza el trabajo de los gobernantes en relación
con las fuerzas económicas y el ambiente, siempre en pugna.
¿Por qué
no han alcanzado real eco público los estudios sobre las consecuencias
negativas del puente Rosario-Victoria en relación con especies como el
sábalo?
Que no tengan amplia trascendencia radica en dos motivos: primero, la gente
que trabaja en investigación es un poco parca, no le ven la importancia
a la divulgación. Publican en revistas de EE.UU. o de Europa que acá
casi nadie lee porque no se tiene acceso fácil a las mismas; por eso
no toma estado público. El segundo motivo es que tampoco valoran el hecho
de que la gente empiece a pensar y se enfrente a los conocimientos científicos.
Yo creo que hay que difundir más; hay que estimular que la gente escriba,
que se publiquen más notas en los diarios, que haya más participación
en las radios y en la televisión. Esto es tarea para ustedes: hay que
preguntarles a los investigadores, aunque sean medio parcos. Por mi parte, creo
que ellos no ganan nada manteniéndose en silencio; lo importante es que
la gente termine leyendo los diarios para enterarse. Esas pueden llegar a ser
nuestras satisfacciones como investigadores. Y discutir sobre esto es fundamental;
si no pensara así no estaría en esta aula.
(*) Profesor en Ciencias
Naturales y Master en Ecología Acuática Continental (UNL). Es
Investigador del Conicet y dirige el Grupo de Impacto Ambiental en Recursos
Pesqueros en el Intec/Conicet/UNL.
Entrevistaron: Marcos Fontana, Julio Martínez, Marcela Perticarari, Roberta
Pozzi y Soledad Zitelli -alumnas/os de la Cátedra de Periodismo Científico
(CPC) de la Licenciatura en Comunicación Social (FCE-UNER)-. Docentes
de la CPC: Lics. Adriana de Miguel -Titular-, Sebastián Román,
María L. De Biaggi, Arturo Borra y Enrique Rabe.
© INTEC - FCE/UNER - CERIDE
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publicado
el 16 de agosto de 2003
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