Páramo,
altiplano y norte argentino, unidos por una investigación

Entrevista con Marcelo Molinillo*, estudioso de la relación actividades humanas-ambiente en las montañas de Venezuela, Bolivia y el norte de nuestro país.

¿De qué temas se ocupa en su trabajo científico?
Del pastoreo, la ganadería y las estrategias culturales que despliegan las poblaciones humanas en las altas montañas, a fin de saber: 1°) si el deterioro actual se debe al uso que realizan los habitantes; 2do) qué factores están implicados en ese impacto que se genera; 3°) cómo las personas se han adaptado a las condiciones de vida en la montaña, con tantos factores limitantes, y 4to) cómo brindar alternativas que permitan congeniar conservación y desarrollo.
Eso me ha llevado, en Tucumán y Salta, a conocer sobre el pastoreo trashumante con ovejas y vacas que realizan poblaciones que viven a más de 3000 metros de altura, que trasladan sus animales a través de bosques de aliso, de pastizales y puna. También aprendí cómo era el sistema de pastoreo de los aymaras con alpacas y llamas en el altiplano boliviano, y estudié el sistema ganadero en los páramos de Venezuela.

En su tesis doctoral analizó tales páramos, ¿qué puede decir al respecto?
Que en el páramo, ambiente ecológicamente equivalente a la Puna pero mucho más húmedo y casi sin estacionalidad climática, la historia cultural ha sido muy diferente de la puneña: el nivel de uso fue mucho más bajo, y en Colombia y Venezuela no pastorearon grandes manadas de herbívoros hasta que los españoles introdujeron la ganadería hace pocos siglos. Por eso hay allí un "laboratorio natural" donde observar la evolución de esa relativamente reciente estrategia pastoril y del impacto sobre la vegetación en montañas andinas. En la tesis comparo tres grandes estrategias: la autóctona de camélidos, en el altiplano boliviano; la modificada, con ovejas y vacas, aunque con prácticas ancestrales en el norte argentino, y la agropastoril, bastante nueva en el páramo. Y he investigado el impacto de cada una y sus adaptaciones a las limitaciones ambientales.

¿Con qué objetivos?
Encontrar alternativas y soluciones para, por ejemplo, mejorar el pastoreo de vacunos en zonas de páramo y de puna a fin de reducir su impacto negativo. Los resultados de estas experiencias de investigación pueden intercambiarse y enriquecerse, pero se debe tener muy en cuenta la opinión de la gente -qué paisaje y qué productividad desea-. Creo que el investigador debe informar a la población local sobre las consecuencias del uso de esas tierras de montaña para que ellos puedan decidir sobre alternativas viables para corregir impactos no deseables.
Y eso es también parte de su trabajo en relación con Tucumán...
Sí; esta provincia fue mi primer campo experimental, y a ella regreso para hacer mi aporte y reinsertarme porque, finalmente, soy argentino, ¿verdad?

¿Puede mencionar alguna de las soluciones que propone?
Desde un enfoque integral de conservación, una de las soluciones consiste en disminuir el número de animales, porque el problema no es si hay que hacer pastoreo o no; el problema es cómo hacerlo. Hay un pastoreo intenso sobre áreas que son muy frágiles por encima de los 3000 metros de altura; allí, en lugar de que un pequeño ganadero tenga 20 o 40 vacas, podría tener cinco animales, mucho más eficaces y productivos -en términos de leche y producción de quesos-, y más relacionados con su vida doméstica. Sería una alternativa viable para él y también para el ambiente, y seguiría haciendo pastoreo. A la vez, se le pueden brindar alternativas no agrícolas, no agropecuarias, como es el caso del turismo rural, un tema en el que también estoy trabajando.

(*) Tucumano, de padres santiagueños, actualmente también ciudadano venezolano. Es biólogo (U.N.T.), Maestro y Doctor en Biología (Universidad de los Andes -Venezuela-). Expuso en la Multiconferencia Altas Cumbres (Cricyt/Mendoza; mayo de 2002). Entrevistó: Lic. Enrique A. Rabe (ACS/Ceride).

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publicado el 3 de agosto de 2002