LA GUERRA DE LOS MOSQUITOS
Los que transmiten el dengue y la fiebre amarilla ya están en Buenos Aires.

Dicen que para el tango se necesitan dos. En las enfermedades transmisibles por mosquitos, también se necesitan dos: personas infectadas y mosquitos. Los recientes brotes de dengue en el país son precisamente el resultado de la conjunción de estos dos factores. El uno sin el otro no serían en sí mismos tan peligrosos. Pueden entrar muchas personas infectadas con el virus a una ciudad sin que esto pase a mayores (cuando hay poca cantidad de mosquitos), o entrar unas pocas y provocar una epidemia, si hay grandes cantidades de mosquitos. Y cuanto mayor sea la densidad de población, mayor es la probabilidad de propagación del virus, ya que los mosquitos tienen un radio de acción bastante limitado.
Como estas enfermedades no se contagian de persona a persona, sino a través de la picadura de un mosquito que haya picado previamente a un enfermo, es posible minimizar los niveles de infección controlando las poblaciones de mosquitos transmisores. ¿Cuál es el riesgo de que esta enfermedad se extienda en la Argentina y avance hasta el área metropolitana (de alta densidad de población) y aún más al sur? Según el Dr. Nicolás Schweigmann, investigador en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), este riesgo es tan alto como sean de altas las posibilidades de mosquitos transmisores. Y esto se debe a que, dados los altos índices de infección en Brasil y en ciertas zonas de nuestro país, la gente infectada (el primer factor necesario) de hecho, va a estar.
Si no se toman las medidas efectivas para mantener bajos los niveles de mosquitos, estaríamos añadiendo peligrosamente el segundo factor necesario para tener un brote. Por ejemplo, si se suman condiciones climáticas favorables (como un verano caluroso), en épocas de regreso de turistas que hayan visitado Brasil o Cataratas del Iguazú, y altas poblaciones de mosquitos, el riesgo es muy alto. Es por esto que, con los primeros calores (octubre en adelante) hay que tomar medidas muy concretas para eliminar posibles focos de producción.
Un proyecto importante
El Dr. Schweigmann coordina un proyecto en el que participan las Facultades de Ciencias Exactas y Naturales y la de Veterinaria (ambas de la UBA), y que es financiado por el Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires.
Tiene por objeto, entre otros, caracterizar las poblaciones de mosquitos en la Capital Federal y algunas zonas del conurbano, e identificar focos de producción de larvas (criaderos) en diferentes ámbitos. Históricamente, luego de la terrible epidemia de fiebre amarilla de 1871, y otras menores, como la de 1905, finalmente se logró erradicar el Aëdes del país, entre 1954 y 1963. Lamentablemente, alrededor de 1986 volvió al territorio nacional, habiéndoselo detectado en Formosa y Misiones. En 1991 llegó a la Pcia. de Buenos Aires, y en 1995 ya estaba francamente reinstalado en el porteño barrio de Chacarita. A esto se suma una nueva preocupación: la aparición en Misiones de una especie transmisora del dengue, que nunca antes se había encontrado en la Argentina: el Aëdes albopictus, también conocido como el tigre asiático, que llegó al Brasil desde Japón y sigue bajando en dirección sur. Según los resultados encontrados por Schweigmann y su equipo en la ciudad de Buenos Aires, los criaderos de mosquitos más productivos son los pequeños charcos temporarios que se forman luego de las lluvias, o en lugares donde se acumula agua estancada en recipientes de todo tipo (tachitos, neumáticos, lonas o toldos, etc.). Como dato concreto, mediciones hechas en el cementerio de Flores, durante la primera quincena de enero de este año, revelaron que se reproducían medio millón de mosquitos cada dos semanas sólo en ese lugar.
La Organización Mundial de la Salud ha mostrado gran preocupación por el avance del dengue en América. Se estima que hay 2500 millones de personas en todo el mundo expuestas a contraer la enfermedad. La recomendación, fundamentalmente para disminuir estos números, es mantener bajas las poblaciones de mosquitos. Y para esto, el secreto radica en eliminar criaderos.
Controlar - Informar
En nuestro país, a pesar de los programas implementados por las provincias desde hace cuatro años, el control no ha sido eficaz. Esto, según el citado especialista, obedece a que existen desorganizaciones y a que las fumigaciones están pensadas para cubrir emergencias, y no como estrategia preventiva. En Tartagal (Salta), por ejemplo, se fumigó repetidas veces, pero en pleno brote, con un insecticida que eliminaba mosquitos adultos y no criaderos, con lo cual los insectos seguían naciendo y el ciclo continuaba. Lo bueno de estos programas es que se hicieron mediciones de efectividad, lo que llevó a cambiar con éxito la estrategia (aplicando larvicidas).
Cabe destacar que, en el primer semestre del año en curso, en toda la provincia de Salta se habían registrado 118 casos de dengue, y detectado 762 portadores del virus. Informar a la población es fundamental y, sobre todo, mostrarle contra qué luchar y enseñarle a identificar al enemigo: las larvas de mosquitos. Especialmente debe prepararse a los chicos, que son grandes difusores de estas medidas y reconocen inmediatamente las larvas en los criaderos caseros, y avisan o toman ellos mismos las medidas necesarias para eliminarlas. Algo tan simple como dar vuelta los tachitos, secar las zanjas, o vaciar una pileta a medio llenar puede salvar muchas vidas.
Desgraciadamente, los mosquitos no son el único problema contra el que tienen que luchar estos investigadores. La burocracia, la carencia de elementos y la falta de pago atentan contra el éxito de esta iniciativa.

Plagas, Ambiente y Salud, Año I; N° 4 (Rosario; Santa Fe)
CERIDE