III ENDICOM

Encuentro de Docentes e Investigadores de la Comunicación del MERCOSUR

Río Cuarto, Argentina, 11-15 de octubre 1999

 ¿CUANTOS ROSTROS?..., ¡MUCHOS ROSTROS!..., ¿NINGUN ROSTRO?...

Una experiencia en curso de reforma curricular en los estudios de comunicación

Edgardo Carniglia

1. Introducción

Pensar y hacer un cambio de los planes de estudios pone a las instituciones universitarias, y en particular a las relacionadas con el campo de los estudios comunicacionales, ante una situación al menos excitante y excitada. Casi siempre, o quizás siempre, nos atrae y nos motiva imaginar que las cosas (el mundo y la sociedad en que vivimos, nuestra condición como personas, la ciudad en que residimos, las instituciones en las cuales participamos, las tareas que realizamos, los roles que desempeñamos, etc.) puedan acontecer de una mejor manera.

Las eventuales transformaciones de los planes de estudios universitarios representan para todos los integrantes de la universidad pública --sólo en ella los distintos actores participan activamente en la elaboración e implementación de las reformas curriculares-- una de estas situaciones excitantes y excitadas. Con implicancias similares a las que una reforma constitucional supone para políticos, militantes partidarios y ciudadanos en general, a las involucradas por una reforma agraria para algunos actores del campo y a las relacionadas con la transformación de los patrones básicos de la sociedad en su conjunto, entre otras instancias de cambio sistemático y a veces sistémico, la modificación de los planes de estudios de las carreras de comunicación condensa muchísimas expectativas, intereses, proyectos y energías tanto de los docentes cuanto de los alumnos, graduados y administrativos relacionados con los distintos cursos que componen dicha carrera.

Esta exposición supone una preocupación que en cierta medida abruma: impedir que su desarrollo ni siquiera connote que, como acontece habitualmente en distintos programas de nuestros medios de comunicación, se pretende proponer una receta para esa tarea delicada, compleja, dinámica y abierta que implica la transformación de los planes de estudios de los cursos de comunicación. Su único objetivo es presentar una descripción e interpretación lo más rica posible de una experiencia de reforma curricular en curso, en este caso la desarrollada desde hace unos años en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Río Cuarto --en adelante UNRC-- (Argentina), tratando de reducir aquello que un historiador definió como "la distancia entre lo vivido y lo pintado" (Halperín Donghi, 1998), entre el acontecimiento y su relato reflexivo, para que se tornen más visibles tanto las utopías y las falacias cuanto las posibilidades y concreciones de dicha empresa.

 

 

2. La problemática de la reformulación de los planes de estudio

Algunos aspectos de las currículas universitarias de los estudios de comunicación se pueden cambiar, y de hecho se modifican a menudo en experiencias de distintos contextos, sin que se alteren otros aspectos más globales de dichas carreras, entre los cuales se encuentran los planes de estudio. Esta circunstancia acontece a menudo, por ejemplo, cuando se introducen transformaciones en los objetivos, contenidos y estrategias de trabajo de las distintas asignaturas que toman en cuenta la evolución reciente de las tendencias disciplinarias más generales (ciencias sociales y humanidades) o específicas (teorías, técnicas y lenguajes de la comunicación).

En otras ocasiones, en conjunto o separadamente de la experiencia anterior, también se pueden producir, de hecho, cambios significativos en las carreras de comunicación sin alterar, al menos explícitamente, las propuestas curriculares pero sí transformando uno ó más de los diversos aspectos que hacen a su funcionamiento. Esta posibilidad también suele observarse en, entre otros, aquellos casos en que se introduce nueva tecnología, como la de base informática, o se mejora la existente con implicancias para la enseñanza de aspectos del oficio y la profesión del comunicador, por caso en la capacitación como redactor, editor o diseñador de periódicos. Nuevas capacidades potenciales y efectivas que habilitan, por ejemplo, para la elaboración de infografías en diarios, revistas y otros medios impresos o electrónicos.

¿Por qué cambiar, entonces, los planes de estudio de las carreras universitarias de ciencias de la comunicación y de la información?. Más específicamente, ¿por qué se desarrolló y desarrolla en la UNRC un proceso de transformación curricular de los estudios comunicacionales que desde hace veinticinco años se administran en dicha universidad?.

Una lectura de la experiencia institucional acumulada en el medio local --sólo luego de algunos años de discusión, diseño e implementación de dicha reforma curricular-- sugiere que el cambio se relacionaría con la emergencia de nuevos contextos sociales, de la universidad local y del sistema universitario en su conjunto y de manifestación tanto del fenómeno de la comunicación cuanto del oficio y la profesión del comunicador en sus distintos roles que, en la complejidad de sus interrelaciones, requerían y requieren de profundas modificaciones en los supuestos, objetivos, estrategias, procedimientos y recursos de la enseñanza universitaria de la comunicación.

El comienzo de la preocupación por modificar el plan de estudio de la licenciatura en ciencias de la comunicación de la UNRC es contemporáneo, y en parte se relaciona, con las transformaciones que a nivel nacional se desarrollan desde inicios de los ‘90 y que, aunque se originan básicamente en proyectos de base económica, harían evidentes al poco tiempo de su implementación sus profundas implicancias para la vida social, política y cultural de Argentina. Las medidas económicas macroestructurales (basadas en la estabilidad de los precios, equilibrio presupuestario, competitividad, privatización y desregulación) impulsadas, adoptadas e implementadas en el contexto de casi una década de recuperación de la legalidad democrática mostrarían luego su efectividad tanto en dinamizar la economía argentina reinsertándola en el sistema mundial así como su rol en la definición de nuevos patrones sociales, culturales y políticos. Dichas políticas --denominadas de "ajuste estructural" o, desde una perspectiva que enfatiza la crítica de sus supuestos y consecuencias sociales negativas, "revolución neoliberal"-- mostraron al poco tiempo de su implementación nuevos patrones y costos sociales, por ejemplo los nuevos modelos de consumo globalizado (representados por el shopping, la comida rápida, los vehículos de doble tracción, la televisión por cable y suscripción, etc.) y un agudo desempleo, y, en otros casos, la profundización de otros problemas más o menos clásicos de la sociedad argentina como la dependencia económica, la precariedad laboral y la regresiva distribución del ingreso.

En la UNRC de comienzo de los ‘90, única universidad de una ciudad de aproximadamente 140.000 habitantes ubicada en el centro geográfico del país, una sensación atravesaba, y quizás conmovía, a los integrantes de la institución y, en particular, a los docentes: se entendía que, en el contexto de la privatización y cierre de dependencias estatales, a los responsables de la política económica nacional les preocuparía más el supuesto ahorro de aproximadamente treinta millones de pesos (siempre escasos, pero ahora más efectivos pues comenzaba a reducirse la inflación que, particularmente en la década de los ‘80, licuaba sistemáticamente los presupuestos del Estado) generado por la eventual desaparición de la universidad local, que el reclamo de los pocos miles de empleados, alumnos, pobladores y hogares de la región afectados por la medida. En el caso de la Facultad de Ciencias Humanas de la universidad local, en la cual históricamente se insertó la carrera universitaria de comunicación desde 1973 hasta la fecha, esta sensación sería aún más aguda pues se concebía que, dada la desfavorable correlación de fuerzas entre esta facultad y las otras cuatro unidades académicas del medio (Agronomía y Veterinaria, Ciencias Exactas, Ciencias Económicas e Ingeniería), si el ajuste se definía dentro antes que sobre la universidad riocuartense el desenlace sería igual o similar en ambas situaciones.

Esa hipotética sensación, o alguna fuerza de similar intensidad, tensó y activo los reflejos institucionales en al menos dos sentidos. Por un lado, era necesaria una iniciativa activa y consecuente con la preocupación de defender ese pequeño espacio del ámbito público que parecía amenazado y, por otra parte, preservar la fuente de conocimiento, trabajo e ingresos de aproximadamente un millar y medio de docentes y administrativos, cerca de cinco mil alumnos e, indirectamente, de la ciudad y la región. Dicha iniciativa tomó forma en un proyecto institucional ambicioso, que en parte se venía desarrollando aunque de modo más lento, tanto en sus objetivos de transformación cuantitativa y cualitativa de las clásicas actividades de la universidad (docencia, investigación, extensión/transferencia) cuanto en la preocupación por profundizar los lazos con distintos actores individuales y colectivos del medio local y regional, esto es del sur de la provincia de Córdoba, con cuyas aspiraciones y demandas se relacionó la creación en 1971 de la UNRC.

Como se dijo, esta particular situación fue contemporánea y, al menos en parte, relacionada con la preocupación por el cambio del plan de estudio de la licenciatura en ciencias de la comunicación porque generó una definición institucional, del conjunto de la universidad local o de un sector mayoritario de ella y con poder de decisión y acción, sobre la necesidad de actualizar la mayoría o todas las currículas de las carreras. Sin embargo, dentro del departamento de Ciencias de la Comunicación se hacía más ingente el interés y el debate por la modificación del plan de estudio de la, desde 1980 y hasta entonces, única carrera ofrecida. Varios aspectos eran tenidos en cuenta por docentes y alumnos de comunicación cuando, en algún momento de 1992, se comenzó a trabajar sistemáticamente y con relativa continuidad en una nueva propuesta curricular.

El contexto universitario argentino, por una parte, había comenzado a mostrar indicios de un desarrollo que de alguna manera significaba una característica nueva o una transición hacia patrones distintos. Mirado desde el interior del país sus alternativas de formación en las áreas de ciencias sociales y humanidades, las más cercanas y fértiles para los estudios de la comunicación, ofrecían ahora muchas más opciones para proyectar la formación más allá de las clásicas licenciaturas de ciencias de la información o de la comunicación que hasta años atrás eran casi la única opción. La apertura de especializaciones y maestrías con distintas orientaciones insinuaba que un sistema de formación universitaria más a la europea, con carreras de grado relativamente prolongadas y relacionadas con la investigación y la posibilidad de realizar más tarde un doctorado --aunque en el caso argentino sin conocerse en muchos casos con qué procesos, medios y mecanismos institucionales concretos se disponía-- relacionado con los procesos de maduración y síntesis intelectual más o menos autónoma del profesional de dichas disciplinas, ahora incorporaba características, en parte ambiguas y contradictorias, de otros modelos de formación universitaria, como los habituales en Estados Unidos y Brasil. Así, a veces luego de seis años de un título de grado se continúa con una especialización de al menos dos años, en algunos casos más tarde se completa una maestría de alrededor de otros tres años y recién, tras más de diez años de cursos y tres elaboraciones intelectuales (trabajos finales, tesinas y tesis) se está en las puertas del doctorado. Si el mismo proceso demanda en dichos países a lo sumo siete años y un único trabajo de cierre del primer nivel de posgrado (maestría), quizás resulte pertinente interrogar acerca de las múltiples razones implícitas en las diferencias de los sistemas y sus implicancias para la formulación e integración de los distintos niveles de la formación del comunicador en Argentina. De este modo, aunque siempre resulte más urgente la definición de los distintos aspectos de los estudios del grado universitario no parece impertinente hacerlo proyectando también algunos objetivos de esta formación en el marco más amplio del posgrado e incluso de una formación continua de los profesionales, pensando por ejemplo en qué medida la investigación adquiere mayor importancia cuando se avanza por las distintas alternativas de este último nivel (especializaciones, maestrías, doctorados, posdoctorados, etc.). Un criterio similar a éste se consideró en la UNRC cuando se creó un régimen de doctorado en comunicación, el cual ahora se complementaría con una maestría --en cuya elaboración se trabaja actualmente-- intermedia entre la licenciatura y el posgrado de mayor alcance.

Estos elementos de diagnóstico insinuaban la necesidad de mantener y proyectar la licenciatura en ciencias de la comunicación como una primera instancia del proceso de formación en este campo de conocimientos y prácticas. Esto significa la necesidad de preservar a la universidad como institución formadora que promueve la generación y transferencia del conocimiento y la constante profundización de los problemas de la sociedad de su tiempo. Vale aclarar, en este sentido, que las escuelas de comunicación de Brasil están en pleno proceso de revisión crítica de sus carencias en la formación de grado por falta de prácticas de generación y problematización del conocimiento. Entonces, la continuidad de una Licenciatura sería una instancia de resolución de ese problema de acuerdo con la tradición y experiencia acumulada en ese nivel de formación.

Por otra parte, un nuevo conjunto de elementos de diagnóstico sugería la conveniencia de concebir algún ciclo de formación previo a la licenciatura, aunque siempre articulado con ésta, y de considerar, para ambas carreras, la definición de orientaciones más relacionadas con distintos perfiles del, como se analiza más adelante, complejo rostro del profesional de la comunicación.

Este modo de concebir los ciclos, perfiles y alcances en la formación de grado surgió al reconocer entre aquellos factores más relevantes a: i) la temprana inserción de los estudiantes en el mercado laboral vinculada a una significativa multiplicación de empresas comunicacionales (televisión de abono/cable, emisoras radiales de frecuencia modulada, micromedios institucionales, servicios informativos, emprendimientos organizacionales y de marketing, etc.); ii) el reconocimiento de que en ese sentido los formandos al finalizar el cuarto año de la currícula ya han adquirido las habilidades y saberes técnico-profesionales específicos para desempeñarse en distintos roles del oficio de comunicador,; y iii) la necesidad de ofrecer una formación con estructura curricular semejante a la de otros países que comparten el Mercosur, en el cual Brasil, por ejemplo, ofrece carreras de grado profesionalizantes con una duración de cuatro años y perfil semejante al que más adelante se describe como del "comunicador social".

Asimismo, la propuesta de estructuración de la currícula en dos orientaciones surgió al reconocer que en el amplio contexto de los problemas, actividades y rutinas comunicacionales al menos dos escenarios sociales y laborales pueden identificarse: a) el de los medios de comunicación, vinculados a la producción y circulación de noticias y a la múltiple diversidad de producciones mediáticas que en muchos casos combinan tecnologías, lenguajes, géneros y códigos diferenciados; y b) el de instituciones, organismos y empresas que requieren más del planeamiento de estrategias, diseños de sistemas de información e intervención y estructuración y producción de acciones y campañas comunicacionales.

Finalmente, otros desarrollos institucionales de la carrera local de comunicación, y especialmente de sus docentes, propiciaron un ambiente apto para una nueva definición del conjunto de disciplinas y de los contenidos mínimos correspondientes. Estos resultaron el fruto de una lectura actualizada del campo de la teoría, la metodología, la investigación y los saberes técnico-profesionales, producto a su vez del significativo esfuerzo de capacitación, investigación y transferencia de conocimientos de la planta docente. Más de la mitad del plantel docente del Departamento de Ciencias de la Comunicación acredita hoy estudios de posgrado a nivel de doctorado (antropología), maestría (comunicación, socio-semiótica, extensión rural, epistemología y metodología de la investigación, estudios latinoamericanos, comunicación interactiva y multimedia y psico-informática) y especialización (planificación de políticas sociales). Este proceso de capacitación, que en la actualidad adquiere continuidad a través de distintas experiencias, permitió por ejemplo la incorporación de asignaturas y/o contenidos que reconocían la importancia que el estudio de la cultura, concebida como dimensión y trama simbólica de la vida social, había adquirido en los nuevos contextos sociales (Bordieu, 1990; Delfino, 1993; García Canclini, 1990, 1991; Giddens y Turner, 1988; Grandi, 1995; Storey, 1996) y también en la redefinición teórica y metodológica --por caso con el resurgimiento de los enfoques cualitativos o interpretativos (Forni, 1992; Grillo, 1993; Jensen y Jankowski, 1993, Lindlof, 1995)-- de las ciencias sociales (Margulis y Urresti, 1997), las humanidades (Wuthnow, 1988) y, en consecuencia, el campo más acotado de la comunicación (Dayan, 1997; Getino, 1994; O’Connor, 1991; Orozco Gómez, 1997; Rivera, 1997; Vassalo de Lopes, 1997). Dicha capacitación, a su vez, generó también nuevos saberes y dominios técnicos, como los relacionados con el diseño y la realización de productos mediáticos a través de las tecnologías de multimedia (integración de texto, imágenes y sonidos en soportes informatizados), que se traducían en consecuentes cambios curriculares, por ejemplo la inclusión de otras asignaturas específicas.

La experiencia de investigación y transferencia de conocimiento, como se dijo, también abrió nuevos horizontes de redefinición de materias y contenidos de la currícula como de perfiles profesionales. En este sentido, un trabajo reciente (Carniglia, 1998) analiza como a partir de la práctica investigativa de los docentes de la carrera y de otros intelectuales del medio local durante la última década se ha ido conformando una tradición propia a través del diálogo sistemático con la experiencia nacional e internacional de estudios de la comunicación: los numerosos trabajos se vinculan con distintos estilos identificados en la investigación comunicacional de América Latina (historicismo factual, cuantitativismo comercial, descriptivo de CIESPAL, difusión de innovaciones, perspectiva crítica y estudios culturales), todos ellos muy complejos y diferentes en cuanto a períodos de surgimiento y vigencia, procedencia disciplinaria, perspectiva teórico-metodológica, formas típicas de trabajo y significación/pertinencia social de los resultados. Esta experiencia, junto a la antes mencionada capacitación sistemática de posgrado de los docentes de la carrera, redundó en aportes significativos para redefinir objetivos, orientaciones, materias y contenidos de la nueva propuesta curricular, por ejemplo a través de una mayor importancia otorgada a los enfoques semiótico-discursivos y a los problemas de la cultura y, por otro lado, de la conformación de una orientación relativa al papel de la comunicación en el diseño e implementación de propuestas institucionales de desarrollo en espacios urbanos y rurales de la región sur de Córdoba. Asimismo, en esta última orientación relacionada con el rol del comunicador como tejedor de la urdimbre social (Piccini, 1990) se tematizan ahora algunos desarrollos conceptuales derivados del debate modernidad/posmodernidad: el reconocimiento de los múltiples aspectos contingentes de la vida social (Giddens, 1994) y, por ende, sus riesgos y peligros (productivos, sanitarios, ambientales, laborales, de modos de consumo, etc.) es enfrentado ahora desde la intervención comunicacional con la perspectiva de la comunicación como una (de)construcción casi siempre política (im)posible a través de las relaciones intersubjetivas

 

3. Los cambios a formaciones generales y/o perfiles específicos

Uno de los principales problemas de diseño que enfrenta toda propuesta curricular relativa a la formación de profesionales de la comunicación radica en las opciones acerca de cuál o cuáles de los múltiples perfiles del comunicador se privilegian y, eventualmente, cómo se articulan los distintos perfiles reconocidos en la estructuración de --entre otros aspectos--carreras, alcances e incumbencias de los títulos, orientaciones de los estudios, áreas disciplinarias, asignaturas y contenidos de las currículas, tecnología y saberes supuestos, adecuación a los contextos regionales y a los marcos institucionales de la educación universitaria.

¿Cuántos perfiles del profesional de la comunicación se pueden identificar? Desde la evaluación de la experiencia local de formación de comunicadores se pueden reconocer al menos cuatro rostros, cada uno de ellos con al menos un par de perfiles, no necesariamente articulados, complementarios y contradictorios. Cada uno de los rostros es concebido, de este modo, como un eje o dinámica de formación y desempeño profesional con lógicas y, también, condiciones de trabajo diferentes. Cada rostro, y sus perfiles, puede registrar en el diseño y en la implementación de la currícula (y también en la práctica laboral), de modo explícito y/o explícito, múltiples combinaciones. Puede concebirse, a su vez, a cada uno de estos rostros como un eje sobre el cual se produce un deslizamiento entre extremos polares, a veces complementarios y en otras ocasiones contradictorios; a saber:

 

a) docente/investigador, cuyo rol de referencia es la formación de comunicadores y la producción de conocimientos sobre distintos aspectos del fenómeno comunicacional

b) técnico/artista, con aptitudes en el manejo de lenguajes, tecnologías, procedimientos y materiales expresivo-perceptivos

c) empleado/funcionario, relacionado, por un lado, con la producción industrial de mercancías culturales con fines de acumulación económica y, por otro, con estrategias de legitimación institucional (visibilidad, credibilidad y ascendencia)

d) animador/promotor, a cargo de la promoción, difusión y divulgación de perspectivas y proyectos sociales de y/o para otros actores sociales

 

De todos estos perfiles del comunicador se pueden observar en el medio laboral local y regional correlatos específicos a cargo de graduados de las distintas carreras de comunicación implementadas a lo largo de la historia de la UNRC. Así, algunos colegas se desempeñan como docentes y/o investigadores de universidades públicas y privadas, institutos terciarios y colegios de enseñanza media, un segundo grupo trabaja como periodistas en distintos medios (diarios, radios, televisión) o como responsables de áreas comunicacionales de instituciones, empresas y grupos sociales (partidos políticos, sindicatos, etc.), otros se abocan a actividades de animación cultural, por ejemplo los talleres organizados en forma conjunta por el municipio local y las más de cuarenta asociaciones vecinales de la ciudad, o de promoción de programas institucionales de desarrollo, por caso algunos de los generados desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y, finalmente otros graduados están a cargo del servicio fotográfico de algunas publicaciones, de la creación publicitaria en agencias del medio o se han adjudicado subsidios para la realización de documentales en vídeo o cine y relevamientos antropológico-fotográficos.

Esta multiplicidad de rostros, perfiles y roles supone siempre el riesgo de que a la hora de definir un proyecto curricular se manifiesten profundas dudas, ambigüedades y contradicciones. La definición de uno o más perfiles del comunicador en el contexto de un plan de estudio nos puede enfrentar en muchas oportunidades ante la inasible figura de un sujeto del holograma, aquella primitiva forma de realidad virtual, esto es --como decía G. Quesada a comienzos de los noventa-- de aquello que "parece ser, pero no es", la cual a medida que nos movemos en torno al cilindro transparente que la contiene sucesivamente nos sonríe, guiña un ojo, arroja un beso y luego, súbitamente, da vuelta la cara. Es decir, cuando más cercana y amigable la percibimos nos sorprende estableciendo distancias.

En el caso del diseño del nuevo plan de estudios del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UNRC se decidió anteponer a ese riesgo una propuesta de reforma curricular que distingue, por un lado, y articula con relativa flexibilidad, por otro, diferentes perfiles del profesional de la comunicación en y a través de la definición de carreras, al menos dos, y orientaciones, tres en un comienzo reducidas luego también a dos posibilidades.

En consecuencia, los proyectos de modificación de la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación y apertura de la carrera de Comunicador Social respondieron al reconocimiento de la existencia de dos perfiles complejos diferentes y articulables entre sí. A saber: 1) el de un profesional particularmente vinculado al mercado laboral de medios, instituciones, organismos y empresas que requieren comunicadores con sólida formación en la comprensión de los fenómenos y conductas sociales y su problematización, en los procesos de interacción y significación y en el manejo de los diversos lenguajes técnico-expresivos y la elaboración y producción de mensajes y estrategias comunicacionales orientadas por distintos objetivos de carácter social, político, institucional o empresarial; 2) por otra parte, a esa instancia de tipo profesionalizante se le reconoce otra superior en formación que, sumada a la anterior, pone particular énfasis en la investigación y profundización de problemas sociales complejos, por ejemplo el desarrollo de una región del país en el contexto de la globalización, que requieren de respuestas interdisciplinarias entre las cuales la comunicación ofrece su aporte.

De ese modo, la formación de grado puede plantearse en dos instancias, Una primera, de pregrado con cuatro años de formación y una práctica profesional como cierre que se vincula al mercado laboral institucional y empresarial; y otra vinculada a la generación de conocimiento y trabajo interdisciplinario con un esfuerzo adicional de formación --que se completa con un quinto ciclo basado en seminarios-- y la elaboración de una tesis de licenciatura.

Desde esa perspectiva, entonces, sobre una base curricular común que ofrece una formación amplia apoyada en las ciencias sociales y las humanidades, en otras disciplinas de carácter instrumental y finalmente en otras específicas del campo comunicacional a nivel de formación general, se agregan aquellos conocimientos que perfilan las orientaciones. De este modo se conseguiría una formación con núcleo compartido y orientación profesional que no lesiona la capacidad de hacer lecturas más integrales de los procesos y fenómenos comunicativos, pero que responde a los diversos intereses de los alumnos y requerimientos profesionales diferenciados, resultando que --igualmente-- la experiencia de formación permite proyectarse en un ciclo superior que, como se dijo, enfatiza la formación en generación y transferencia de conocimientos. Finalmente, esta propuesta con cierta flexibilidad de la currícula --al menos en cuanto a la elección de una, otra o ambas carreras y de una, otra o ambas orientaciones-- también contemplaba la posibilidad de agregar una tercera orientación con formación pedagógica, de modo que con ello se responda a la necesidad de contar con formadores para el nivel polimodal de la educación media y de otras ofertas educativas no universitarias vinculadas a la comunicación.

En síntesis, esta propuesta curricular supone que a medida que el alumno avanza en y entre las carreras acumula conocimientos sobre las tecnologías, saberes y quehaceres del comunicador considerado como un ejecutor u productor de comunicación pero también crecen sus posibilidades como diseñador, esto es alguien que investiga, legitima y realiza estrategias comunicacionales, y como intelectual, o sea un profesional asimismo consciente del campo político e intelectual en el cual se desempeña.

 

 

4. La experiencia del cambio: el caso de la Universidad Nacional de Río Cuarto

El Departamento de Ciencias de la Comunicación es una unidad académica dependiente de la Facultad de Ciencias Humanas, y, como se dijo, responsable desde 1997 de las nuevas carreras de Comunicación Social y Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Los aspectos administrativos, de registro académico, contabilidad y provisión de insumos y equipamiento dependen de dicha Facultad y únicamente la unidad cuenta con autonomía en el manejo de fondos asignados a viáticos y movilidad docente.

Su estructura organizativa comprende una instancia de coordinación académico-administrativa con un Director, un Vice-Director , un Secretario Académico --cargos ad-honorem que asumen los docentes de la planta por un período de dos años-- y Comisiones Académicas Ad-hoc. Para la promoción y gestión de la investigación, la producción y los estudios avanzados de comunicación, la unidad dispone de un área académica anexa, recientemente creada, que funciona como núcleo de apoyo: el Centro de Investigación, Producción y Estudios Avanzados en Comunicación (CIPEAC). En el nivel académico, el departamento cuenta también con instancias deliberativas dadas por el Consejo Departamental (compuesto por representantes de docentes, alumnos y graduados) y la Asamblea Departamental.

El cuerpo docente del departamento esta formado por 32 personas, de las cuales un cincuenta por ciento de los casos tiene dedicación exclusiva y los restantes semi-dedicación; no se registran a la fecha casos de docentes con dedicación simple. Sólo cuatro asignaturas de todas las comprendidas en las tres carreras que hoy se dictan (Comunicación Social, Licenciatura en Ciencias de la Comunicación y la alternativa extraordinaria de esta última) están a cargo de docentes de otras unidades académicas de la facultad y de la universidad. Los rasgos de la dedicación del personal docente resultan, en términos cuantitativos (0,7 docentes por materia y 0,5 cargos de dedicación exclusiva por materia) mínimamente satisfactorios para atender a los requerimientos académicos (clases, exámenes finales, evaluaciones parciales, consulta de los alumnos, orientación de los trabajos en producción, monografías de los seminarios y tesis de licenciatura, prosecución de trabajos de investigación y extensión, publicación de una revista) y de otras actividades institucionales y de gestión (conducción del departamento, coordinación de licenciatura extraordinaria y maestría, participación en comisiones, organización de eventos, gestión de financiamiento externo, etc.).

El personal auxiliar representa las dos terceras partes de la planta y ello sugiere el carácter relativamente joven del grupo. Este dato, sin embargo, presentará cambios significativos a corto plazo por cuanto muchos de sus miembros han completado ya sus estudios de posgrado y/o lo harán a la brevedad y con ello están, o estarán, en condiciones de mejorar su jerarquía docente. La proporción de docentes con posgrado, en especial maestrías en distintas áreas de las ciencias sociales y las humanidades, a fines de 2000 será del setenta y cinco por ciento del cuerpo docente. Aproximadamente en el mismo período se estima que completarán sus estudios de grado (licenciatura) otros seis colegas docentes con títulos de técnicos en diversas especialidades de la comunicación.

En términos de actividades de investigación y extensión, se puede concluir que ambas han evolucionado favorablemente en los últimos años. Una tercera parte de los docentes participan del programa de incentivos y al menos tres proyectos de investigación se han consolidado como líneas de estudio específicas, con buen nivel de continuidad, generación de resultados y evaluaciones concomitantes. La política editorial de la unidad académica, a su vez, ha logrado sostener una publicación regular que ya lleva cinco años (Revista "Temas y Problemas de Comunicación") y ha iniciado la publicación de libros con resultados de investigación de los docentes de la planta, de los cuales un primero incluye tres trabajos de distintos docentes (Cimadevilla, Carniglia y Cantú, 1997) y el segundo tres artículos de otros tantos investigadores (Grillo, Berti y Rizzo, 1999).

Asimismo, la transferencia de conocimientos se ha vinculado específicamente a varias de las demandas de instituciones oficiales (municipios, secretarías, juzgados, dependencias educativas, institutos de investigación y transferencia de tecnología, etc.) e intermedias (asociaciones, sindicatos, etc.) que requieren un apoyo comunicacional para la identificación de problemas de relación, elaboración/circulación de información y producción de mensajes institucionales.

En lo relacionado a infraestructura, por otra parte, el departamento inauguró en abril de 1999 un nuevo edificio de dos plantas y aproximadamente trescientos metros cuadrados, que multiplica por cinco la actual superficie disponible, con el objeto de que se utilice para el emplazamiento de los laboratorios de comunicación audiovisual (radio y televisión), sonido, fotografía, diseño gráfico, multimedia e informática. Desde 1997, a su vez, se ha obtenido financiamiento de la UNRC y externo para incorporar nueva tecnología que complemente y reemplace, en algunos casos, a la hoy existente aportando la actualización constante que este campo de producción necesita. Otras infraestructuras, como biblioteca, espacios áulicos y oficinas docentes, se comparten con la comunidad académica de la UNRC, por cuanto dependen de áreas centralizadas, y también han observado mejoras en los últimos años. Así, a partir de abril de 1997 la dirección del departamento y los docentes se trasladaron a ocho cubículos refuncionalizados de la antigua hemeroteca de la UNRC y comenzaron a contar con el servicio de redes informatizadas internas y externas (correo electrónico, Internet, etc.), aunque todavía se carece de apoyo administrativo y línea de telefonía/fax autónoma.

La actual reforma del plan de estudios no representa en modo alguno la primera experiencia de transformación curricular. En efecto, a lo largo de los veinticinco años de las carreras de comunicación en otras dos ocasiones acontecieron modificaciones de dicha currícula. Esos antecedentes fueron útiles asimismo para encarar la nueva tarea con un análisis más complejo de los criterios, las propuestas y sus factibilidades de implementación.

Como se dijo, los estudios de comunicación comenzaron en la UNRC durante 1973 con el dictado de algunas carreras de pregrado (tecnicaturas) y grado (licenciatura) que, en parte, significaban la incorporación a la nueva universidad creada en 1971 de la oferta de formación de los institutos terciarios existentes hasta el momento en la ciudad Río Cuarto. Ese primer plan de estudio, cuyos criterios de definición se relacionaban con los modelos curriculares universitarios impulsados desde años anteriores por el Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL), tuvo vigencia hasta marzo de 1976, cuando la intervención militar en la universidad dispuesta por la violentísima dictadura implantada en Argentina consideró oportuno modificar la propuesta educativa. En consecuencia, los alumnos ingresantes a la universidad local en dicho año comenzaron a cursar la carrera sin ningún plan de estudios explícito, dado que el anterior había desaparecido, y sólo se administraron tres asignaturas "a cuenta" de una currícula en elaboración. En 1977 se inició la implementación del segundo plan de estudios universitarios de comunicación a nivel local. Esta propuesta suponía, de manera similar a la actual, la articulación de carreras --cuatro tecnicaturas (periodismo, publicidad, relaciones públicas y medios audiovisuales)-- con una base epistemológica compartida y la profundización de la formación investigativa a lo largo del avance en y entre las carreras de la currícula. Entre 1980 y 1982 se produjo la segunda experiencia de cambio del plan de estudios en un contexto donde se mezclaban la siempre necesaria evaluación crítica de la experiencia de las tecnicaturas, cuyos primeros egresados recibieron sus acreditaciones en 1980, y nuevas amenazas de cierre de la carrera. Como resultado de dicha evaluación, que ponderó aspectos tan diversos como la reducida matrícula en alguna de las tecnicaturas y la insuficiente disponibilidad de recursos humanos y tecnológicos necesarios para algunos de los perfiles técnico-profesionales definidos, sólo sobrevivió una única carrera: la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación que representa el antecedente inmediato de la actual currícula. Desde comienzos de los ‘80 y hasta 1996 inclusive esa carrera fue la única en su tipo existente en la UNRC y generó la mayor proporción de los profesionales de la comunicación graduados en esta universidad hasta la fecha.

El diseño de la actual propuesta curricular del Departamento de Ciencias de la Comunicación supone, desde las iniciales preocupaciones hasta las evaluaciones actuales de la etapa de su implementación, un prolongado proceso de construcción de consenso acerca de los criterios, las propuestas y sus factibilidades. Los docentes, alumnos graduados y otros actores (administrativos, funcionarios educativos, etc.) de la enseñanza superior expresaron sus intereses y debatieron sus perspectivas, por primera vez en un contexto institucional y social que había recuperado la legalidad democrática, frente al mercado laboral, la política universitaria y el medio social en varias instancias políticas y/o técnicas. El Consejo, la Comisión Curricular y la Asamblea, a nivel del departamento, las Comisiones y el Consejo Directivo, a nivel de la facultad, las Comisiones, el Consejo Superior y la Secretaría Académica, a nivel central de la UNRC, y por último, la dependencia del Ministerio de Educación y Cultura de Argentina relacionada con el análisis de nuevas currículas universitarias como la representada por la carrera de Comunicación Social ahora propuesta.

Como resultado de dicho consenso la nueva propuesta curricular tomó forma definitiva en un documento, esa especie de texto emblemático que representa el Plan de Estudio y que en este caso incluía dos subtextos (uno para cada carrera y de alrededor de 50 páginas cada uno), que explicita varias características de ambas carreras: nivel, acreditación a otorgar, articulación curricular, perfil del egresado y alcances de la formación, requisitos de ingreso, dependencia de las asignaturas según áreas (teórico-metodológica, mediática, institucional, básica o instrumental), asignaturas según ciclo/año y carga horaria, objetivos, contenidos mínimos y metodología, régimen de correlatividades, régimen de equivalencias automáticas entre asignaturas del nuevo y viejo plan, recursos humanos, infraestructura/equipamiento, y presupuesto. Entre los aspectos más destacados de ambas currículas pueden señalarse los aspectos particulares de los perfiles profesionales y alcances del título, las equivalencias entre asignaturas de los denominados Plan 1982 y 1997, así como la inclusión también de cuadros que asocian las características del perfil buscado en cada carrera a las disciplinas, contenidos y actividades que permiten lograrlos.

A los fines de explicitar aún más las diferencias curriculares antes analizadas, cabe señalar que la Carrera de Comunicador Social propone el cursado de treinta disciplinas, una prueba de suficiencia en idioma inglés y una práctica profesional, sumando con ello 2.870 horas. La Licenciatura en Ciencias de la Comunicación contiene treinta disciplinas, cuatro seminarios, una prueba de suficiencia en idioma inglés y una tesis de licenciatura individual o grupal, con una carga prevista de 3.510 horas.

Hacia fines de 1996 se completó el proceso de aprobación de la propuesta curricular y comenzó la etapa de implementación de los ahora nuevos y plurales planes de estudio de la carrera de comunicación de la UNRC. Esta fase, que continúa en la actualidad supuso y supone nuevos interrogantes sobre cuya resolución se trabajó y trabaja ahora también desde una perspectiva de búsqueda del máximo consenso posible. Sin embargo, esos consensos no siempre prosperaron o bien las decisiones construidas resultaron condicionadas por posteriores circunstancias que alertaban sobre los a menudo tenues y borrosos límites entre las falacias y posibilidades de las reformas curriculares. Veamos, entonces, algunos de los inconvenientes generados en la primera parte de la implementación de la nueva currícula.

A mediados que transcurrían los días y los meses del año 1996 y no se concretaba la aprobación de los nuevos planes de estudio crecía entre los docentes del departamento la coincidencia acerca de la necesidad de postergar hasta el año 1998 el comienzo de la implementación de los mismos. Ese acuerdo suponía la conveniencia de dedicar varios meses a la coordinación de las actividades del primer ciclo o año de las carreras de licenciatura y comunicación social. No obstante, el Consejo Superior aprobó los planes de estudio en diciembre de 1996 y dispuso su comienzo a partir del muy próximo marzo de 1997.

Otra circunstancia relacionada con dicho aspecto fue la definición de una estrategia de implementación que contemplase los intereses de todos los alumnos y docentes en lo que respecta a las posibilidades, para el grupo de los primeros que ingresaron a la UNRC antes de 1997, de completar el cursado de las materias del plan que se eligió cursar y que ahora perdía paulatinamente vigencia --en este sentido la normativa de la universidad normalizada respetaba derechos adquiridos que la práctica de algunas anteriores administraciones había sometido a arbitrariedades-- y, para el restante grupo de aquellos que deseaban optar de inmediato por el nuevo título de comunicador social. Por otra parte, había que contemplar las necesidades de los docentes del departamento y de otras unidades en cuanto a tiempo imprescindible para rediseñar programas, planificar actividades y mensurar otros recursos de las distintas materias de ambos planes. En este sentido, se decidió unánimente en el Consejo Departamental, y de acuerdo con una propuesta de la entonces conducción del departamento, comenzar a partir de 1997, por un lado, una secuencia de transición mediante la cual se procedía a dictar cada año calendario un nuevo ciclo académico de los dos planes nuevos al tiempo que se dejaba de administrar, también de año en año, uno de los ciclos de la currícula de licenciatura que correspondía reemplazar. Esta es la secuencia de implementación/pérdida de vigencia curricular que a la fecha continúa y que se completará en el año 2001. Por otro lado, también se acordó el dictado a partir de 1997 de las tres asignaturas de cada una de las dos orientaciones de la nueva currícula que permitirían a los alumnos más avanzados optar, ya desde ese mismo año, por el nuevo título intermedio de comunicador social. Cabe recordar asimismo que en este mismo período se comenzó a implementar, por única vez, el primer ciclo de cinco materias de la Licenciatura Extraordinaria en Ciencias de la Comunicación --en la cual se habían inscripto 20 colegas que desempeñan sus tareas en distintas universidades, empresas e instituciones-- que posibilita a los técnicos en distintas áreas de la comunicación obtener el grado de licenciado. Todos estas decisiones implicaron, en consecuencia, que en 1997 el departamento debió hacerse cargo inmediatamente, y con sus reducidos recursos humanos y técnicos, de 12 nuevas asignaturas.

Sin embargo, otra situación no prevista en la definición de la nueva currícula comprometió aún más la delicada situación que se presentaba para el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UNRC con la implementación de las tres variantes, dos efectivas y una transitoria, de dicha propuesta: la matrícula de las nuevas carreras efectivas, literalmente, estalló. En esta universidad, como venía aconteciendo en otras universidades públicas argentinas (por ejemplo, Buenos Aires y Córdoba), el número de inscriptos venía incrementándose paulatinamente desde la década de los ‘80. A lo largo de ésta el promedio de ingresantes por ciclo no alcanzó los tres dígitos, en la siguiente década superó holgadamente el centenar y, sorpresivamente, en 1997 se inscribieron 245 egresados de colegios secundarios de la ciudad y de una amplia región.

Ante este panorama, el departamento profundizó sus anteriores esfuerzos, con vanos resultados en el corto plazo, para obtener rápidamente nuevos recursos aptos para atender una situación inédita y de cuyas características críticas sólo le correspondía asumir una relativa responsabilidad. Así, por ejemplo una de las materias básicas de la carrera, por su pertenencia a la matriz de las ciencias sociales vinculadas intrínsecamente con los estudios de la comunicación, presentaba ahora un número de cursantes para el cual no había siquiera un aula de tamaño suficiente para albergarlo. Estos y otros aspectos de dicha situación crítica cultivaron otro consenso mediante el cual docentes y alumnos del departamento alertaron, en una nota dirigida a los integrantes de los cuerpos legislativos y a los responsables de la conducción de la facultad y de la universidad acerca de la "crisis de crecimiento" que soportaban las carreras locales de comunicación.

En ese documento, elevado el 13 de octubre de 1997 con la firma de una amplísima mayoría de los docentes y de los representantes estudiantiles, se reconocían las profundas limitaciones para atender con los mismos recursos del departamento una coyuntura que sin duda desbordaba la capacidad de respuesta de la unidad y se manifestaba la preocupación de ambos actores de la educación universitaria ante la escasa sensibilidad para brindar respuestas, en algunos casos por no contarse con recursos y en otros por falta de decisión acerca de su uso, por parte de los distintos responsables institucionales. La nota dirigida al decano de la facultad y al rector de la universidad señalaba entonces que el departamento "se ha esforzado muy particularmente para ofrecer una Licenciatura Especial, actualizar su Plan de Estudios --después de cinco años de análisis y discusión abierta de la nueva oferta--, brindar posibilidades para que dos terceras partes de los docentes cumpla con su formación de posgrado, implementar una Especialización, participar en el diseño de una Maestría para la Facultad, ser protagonista activo de la presentación de proyectos de investigación y becarios, cumplir con actividades de transferencia, tener una publicación académica regular, procurar financiamiento externo, generar eventos de alcance local y nacional, aportar a las diversas Comisiones e instancias de la Facultad y la Universidad y enfrentar incluso el reordenamiento de su planta docente. Es decir, presentando esfuerzo y trabajo en cada una de las áreas y problemas que hubo oportunamente que enfrentar".

Por otra parte, los desfavorables resultados de dicho reclamo en el corto plazo habrían comenzado a modificarse, al menos en algunos aspectos puntuales, desde el momento en que los estudiantes de comunicación a partir de fines de 1997 profundizaron y sistematizaron sus demandas haciendo que distintos actores de la conducción de la universidad se interrogarán sobre "¿en qué andan los estudiantes de comunicación?". De este modo, durante el año en curso algún auxiliar fue promocionado, otros tres colegas incrementaron su dedicación y un nuevo profesor en carácter de docente interino se incorporó a la respectiva planta.

Otros inconvenientes puntuales imprevistos, por último, siempre a nivel de la implementación se relacionaron con aspectos muy puntuales como el manejo administrativo de la nueva currícula por parte de la dependencia encargada del registro académico o los pocos casos de colegas que habían modificado de alguna forma su perspectiva y compromiso sobre el nuevo plan de estudios. En el primer caso el registro de alumnos de la facultad interpretó la reglamentación de las nuevas carreras en un sentido distinto, menos flexible, que el propuesto y comenzó a solicitar a los alumnos que optaron por una u otra de las orientaciones previstas, ocasionando con ello algunas rigideces y limitaciones en la prerrogativa del alumno para postergar, modificar o hacer más compleja su opción formativa, por ejemplo eligiendo cursar ambas orientaciones. La segunda situación aconteció cuando un grupo de colegas intentó librarse del dictado de una materia, específicamente ligada con uno de los escenarios previstos en las orientaciones de las carreras y en cuya inclusión dentro del plan de estudio y definición de objetivos y contenidos mínimos había participado activamente. Seguramente esta actitud, que fue modificada rápidamente, se vincularía con la creciente sobrecarga de tareas que enfrentan los docentes de la universidad pública, como lo estuvo también el pedido del docente de otra facultad que deseaba interrumpir el servicio docente que prestaba en la carrera de comunicación desde hace varios años, con el cual se acordó una transición de relevo de responsabilidades por otros docentes del departamento en el lapso de dos ciclos académicos.

 

 

5. Consideraciones generales

Al final del recorrido, y como cierre de este supuesto relato reflexivo, es conveniente formular algunas consideraciones sobre la experiencia local de reforma curricular que --como se dijo-- de ningún modo proponen una receta para otros cambios en contextos y situaciones siempre diferentes sino que --como señala R. Williams (1990) al concluir uno de sus libros-- sólo identifican qué hemos aprendido al respecto y en este medio luego de varios años de pensar y hacer una transformación curricular.

 

1. Los planes de estudio de las carreras universitarias del espacio público son un registro emblemático del pasado que se redefine, al menos en parte, desde el presente para proyectar un nuevo futuro tanto del rostro y los perfiles del profesional de la comunicación --productor, diseñador e intelectual-- cuanto de los escenarios socio-culturales de la formación y del oficio y la profesión.

2. Las transformaciones curriculares de los estudios universitarios de la comunicación resultan de la convergencia de, entre otras situaciones, nuevos contextos sociales, renovadas tendencias de la profesión, significativos desarrollos recientes de las ciencias sociales y las humanidades, las políticas educativas, la dinámica de la institución universitaria en su conjunto, los matices de la experiencia universitaria local, y los dinámicos, y a veces contradictorios, intereses, capacidades y proyectos de docentes, alumnos y graduados. Dado ese complejo conjunto de condicionantes y determinantes, parece oportuno trabajar la reforma curricular con objetivos limitados, concretos y visibles que puedan ser exhibidos para despertar y sustentar la esperanza del cambio de plan de estudios.

3. Una de las principales opciones del cambio curricular se relaciona con los distintos perfiles de la formación profesional y con las posibilidades efectivas de diseñar currículas articuladoras de dos o más de dichos perfiles del profesional universitario de la comunicación, en un movimiento doble que, desde la perspectiva del grado, transite hacia atrás o abajo, con las alternativas de pregrado, o hacia delante o arriba, con las experiencias de posgrado (especialización, maestría, doctorado).

4. En la modificación del plan de estudio de la carrera de comunicación de la universidad local el diálogo y la interacción entre docentes y alumnos --tanto en instancias técnicas y/o políticas-- resultaron clave para construir un consenso sobre la conveniencia del diseño de una currícula articulada, con dos carreras y otras tantas orientaciones, de carácter relativamente flexible.

5. A cinco semestres de iniciada la experiencia local puede conjeturarse que el cambio de plan de estudios, implementado como una transición de mediano plazo entre la antigua y la renovada propuesta que supuso inconvenientes no previstos, fue bastante oportuno y adecuado en términos de los recursos humanos existentes, las demandas identificadas y las potencialidades emergentes, por ejemplo a través de la recuperación y cierre de la formación por una parte de la matrícula hasta entonces latente y crónica.

Todos estos aprendizajes se relacionan, en última instancia, con uno más general acerca de que en el contexto de una universidad argentina "tan pública cuanto precaria" --algunos colegas sostienen que en esta época cada uno de estos rasgos explica al otro-- es una tarea constante la identificación y relación legítimas y sustentables de los múltiples rostros de un profesional universitario de la comunicación que, como las móviles figuras de un holograma, a veces nos sonríen, en algunas ocasiones nos guiñan un ojo, en otras arrojan un beso pero, siempre o casi siempre, percibimos distantes.

 

 

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