III EDICOM, RIO IV, Octubre de 1999: TERCER ENCUENTRO DE DOCENTES E INVESTIGADORES DE LA COMUNICACIÓN DEL MERCOSUR
Un acercamiento a las formas de producción del video independiente: Propuesta teórico-metodológica.
Nancy Diaz Larrañaga: Docente e Investigadora
Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata
Mesa: Problemas teóricos y metodológicos en la investigación en Comunicación
Introducción
En este artículo se reconstruye un camino teórico/metodológico plasmado en una investigación sobre las formas de producción de video independiente realizada en México. Para ello se proponen tres ejes: la comunicación, las prácticas sociales y la obra audiovisual.
La propuesta comunicacional comienza buscando distancia de modelos teóricos tradicionales, para luego entender la comunicación ligada a prácticas culturales y sociales. Las prácticas están concebidas aquí como el nexo entre lo individual y lo social. Son las acciones de los sujetos orientadas hacia otros sujetos y son tenidas en cuenta como ‘interacciones situadas’. Es por eso que se incluyen dimensiones espaciotemporales para explicarlas, como también las relaciones de los videastas con los otros sujetos (campo). Las prácticas constituyen la puerta de entrada en el análisis de las formas de producción de videos, que exceden las acciones particulares audiovisuales. Sin embargo, estas prácticas comunicativas poseen una especificidad: son audiovisuales. Por tal motivo, se presentan enfoques semióticos y hermenéuticos que posibilitan reconstruir un debate teórico sobre las maneras de enfrentarse a una obra audiovisual, vista como producto de una acción.
La producción de discursos como instancia comunicativa y cultural
En la presente investigación se retomó una concepción de la Comunicación basada en la interacción de sujetos que se encuentran social e históricamente anclados y comparten universos y contextos de significados. Dicha interacción (que puede ser mediatizada) genera un proceso de producción, circulación, recepción y reconocimiento de discursos, que en su faz dinámica nunca acaba. Sin embargo, este proceso parte de los agentes y de sus posiciones en el ámbito social, en un contexto espaciotemporal. Es desde estas matrices históricas de los sujetos que se da el intercambio y los procesos de significación y resignificación, considerando a los agentes como sujetos activos y competentes.
En síntesis, la Comunicación forma parte de procesos social e históricamente condicionados que constituyen el espacio social y conforman las características de la producción de significaciones sociales. Así, la Comunicación tiene en cuenta las estructuraciones objetivas y los significados subjetivos que los agentes dan a sus prácticas, indagando en los procesos de producción, reproducción y cambio de la sociedad y la cultura.
La producción de discursos audiovisuales vista desde el tradicional y lineal marco comunicacional, a diferencia de lo dicho anteriormente, plantea algunos riesgos y ‘tentaciones’ teórico-metodológicas que conviene explicitar, consecuencias de la fragmentación propuesta por este modelo con base en lineamientos funcionalistas y positivistas.
1) Las investigaciones que piensan sólo en un elemento (la producción de discursos) del proceso comunicacional puede llevar a fragmentar dicho proceso. Esta tendencia responde a las teorías comunicacionales clásicas ya mencionadas, las cuales concebían que la comunicación sintética y gráficamente puede representarse como E® M® R (Emisor-Mensaje-Receptor). Este esquema lineal propone un tipo de abordaje que ‘separa’ cada componente del otro, señalando relaciones causales entre ellos.
2) El riesgo de fragmentar el proceso es visualizar a la producción como estática, inamovible en su estudio, como si se la pudiera aislar para una investigación en un laboratorio.
3) De este modo, se pierde de vista el dinamismo y se puede pensar que la producción de discursos es la generadora de todo el proceso comunicacional. En otras palabras, cada ‘ciclo’ comunicacional comenzaría con la iniciativa del emisor-productor.
4) A los tres puntos anteriores les subyace una perspectiva analítica que descontextualiza a su objeto, aislándolo, quitándole toda referencia que no esté incluida en el objeto mismo.
Si se arriba a una construcción teórico-metodológica que tenga como referencia los cuatro puntos anteriormente marcados, se puede ‘facilitar’ el estudio y así reducir notablemente la complejidad del fenómeno. Sin embargo, dicha complejidad es lo que la presente investigación buscó.
Las corrientes o enfoques desde donde se ha analizado mayoritariamente la producción de discursos, se dividen en perspectivas macro y micro sociales. Esta investigación, al pretender realizar un estudio de microsituaciones que brinden elementos para indagar lo macro, rescató fundamentalmente la propuesta de la ‘sociología de la producción de mensajes’. Esto incluye, también, rescatar la caracterización del comunicador, entendida aquí como capitales que posee un sujeto, intentando visualizarla a partir de los procesos de producción y del campo del video.
Para ello, se rescató los aportes de la sociología de la producción de mensajes, pero a la luz de los modelos culturales. Así, consideramos pertinente incluir en el análisis los significados que se atribuyen a dichas prácticas de producción de discursos (perspectiva que los enfoques anteriormente mencionados no se han centrado en indagar). Esta perspectiva, que retoma los aportes de la sociología comprensiva y de la acción social, complementa el análisis de las anteriores al tener en cuenta no sólo a los sujetos y sus prácticas, sino también los significados que a éstas se les atribuyen.
La producción de discursos audiovisuales está comprendida como una transformación, una renovación, una creación, o una reproducción de algo, que puede estar en el plano de lo material o lo simbólico. Es aquí donde se parte de un agente con su carga sociohistórica, que pone en juego sus competencias de saber hacer y de manejo de códigos sociales para realizar un producto, el cual lleva dentro de sí un fin.
El estudio de la producción de discursos implica pues, contemplar dicha producción y dicho discurso en un contexto y provenientes de una situación particular: reglas puestas en juego, competencia de los sujetos, puesta en acto del poder, de la resistencia, del deseo, etc.
Estas líneas de pensamiento marcan de por sí algunas concepciones metodológicas. La producción y el consumo de discursos, los formatos, las lógicas comerciales y las matrices culturales, forman parte de instancias no fragmentarias dentro del proceso comunicativo, incapaces de ser comprendidas sin las diversas mediaciones que las resignifican.
Los agentes, para producir discursos u obras audiovisuales, se sirven de elementos y conocimientos que ya existen socialmente, recreándolos con capacidad innovadora. No es, entonces, la producción o emisión de discursos la única generadora de un proceso comunicacional, sino que es parte de él, ya que posee un antes (reconocimiento) y un después (producto, circulación, consumo y nuevo reconocimiento); a la vez estas instancias pueden vivirse como simultáneas, ya que cada una contempla dentro de sí al resto.
Al ser el proceso comunicacional un todo complejo, centrar la mirada en la producción de discursos es centrar la mirada tanto en los contextos y matrices socio-histórico-culturales de los agentes que desempeñan esa producción, como así también prestar atención a la relación del emisor-realizador con los otros agentes e instancias que integran el proceso.
En este sentido, el receptor de mensajes y discursos es un sujeto tan activo (aunque de distinta manera) como lo es el productor de los mismos, ya que forma parte de un reconocimiento, intercambio y lucha por la significación. Las pautas impregnadas en la producción no garantizan una deducción exacta ni unívoca de las posibles lecturas sociales. El receptor también es un agente socialmente posicionado y con una carga histórica que lo sitúan de una forma diferenciada en el espacio social. Así, en esta relación comunicativa entre sujetos se producen discursos que son resignificados y recreados por ellos. Los formatos son los productos generados en este proceso comunicacional; son el resultado de la actividad material y simbólica de dichos agentes.
Para los fines de este trabajo, los productos fueron entendidos como obras específicamente audiovisuales, realizadas por un agente para sí mismo y para otros. El video, en tanto producto, puede ser considerado también en su doble esencia: simbólica y material. Ambas forman parte de un hacer por parte de un agente, inscritas en un acontecimiento que puede o no ser efímero en su materialidad y temporalidad. En tanto que se lo puede definir como producto, a la vez se lo está definiendo como una unidad, esto implica que su posible abordaje puede ser doble: desde lo que determina su contexto interno y desde su instancia productora y consumidora. Esta doble perspectiva analítica se convierte en una cristalización de un proceso comunicativo mayor, pudiéndose interpretar no sólo el mensaje con su lógica interna, sino también sus contextos y representaciones sociales, ya que los incluye.
Las relaciones entre sujetos hacen que estos discursos se incorporen en lógicas comerciales (las formas de circulación de un producto), insertas en un ámbito comercial entendido en el sentido amplio. Esta circulación puede tener el fin de llegar sólo a una persona o a varias, utilizando diversos medios que lo posibiliten. Es recién en este momento cuando el producto adquiere valor de uso y reconocimiento social.
Dentro de esta categoría de lógicas comerciales se incluye lo que Bourdieu denomina mercado simbólico, que comprenden el contexto social dentro del cual un producto (material o cultural) adquiere su valor y prestigio, basado en una comunidad interpretativa.
La producción de videos puede ser comprendida como una acción realizada por un videasta. Esto implica que debemos adentrarnos en las teorías sobre la acción social para complementar el análisis comunicacional; así, se propone abordar a la producción discursiva como parte de un proceso de comunicación y como una práctica social.
Las prácticas: lugar de anclaje de la comunicación
Las propuestas teóricas esbozadas nos enfrentan a las relaciones entre las prácticas de comunicación y las matrices socio-culturales. Para ello hay que partir de los sujetos y sus acciones hacia los actos y relaciones sociales que éstos entablan.
Retomando abordajes teóricos que afirman que lo social está constituido por individuos (sobre todo las conceptualizaciones realizadas por el interaccionismo y la fenomenología) y que, por lo tanto, lo que tenemos frente a nosotros son agentes y no lo social en sí, es que se encuentra el fundamento de este estudio. Sin embargo, los agentes entablan relaciones entre sí, a través de la comunicación, que posibilitan los entendimientos y los acuerdos que llevarían a formar lo que se denomina sociedad. Estas propuestas se centran en el estudio de situaciones pequeñas, cotidianas, buscando en los acontecimientos y las acciones, los contextos de significado.
Esta noción de práctica (que incluye los aportes de Schutz y Bourdieu) permite entender las acciones de los sujetos a través de un lapso de su vida y en algún ámbito o aspecto de esta vida, como guiadas por una intencionalidad que unifica, en algún grado, a las distintas acciones. Esto no quiere decir que el sujeto posea una sola intencionalidad en todo lo que hace, pero sí que organiza de algún modo, para él coherente, acciones que en su conjunto conforman una práctica.
El planteamiento de las acciones y las prácticas cobra pertinencia, en esta investigación, si se concibe a la producción discursiva como una práctica; es decir, la producción audiovisual, más allá de ser parte de un proceso comunicación, y por tal motivo, se presenta socialmente como acciones realizadas por un sujeto con una intencionalidad y dirigidas hacia otros.
Ninguna práctica puede realizarse, pensarse, recordarse o proyectarse sin recurrir a dimensiones de espacio y tiempo. Sin embargo, estas dimensiones no son únicas, estables u homogéneas para toda circunstancia o agente. El tiempo no es sólo lo cronológico, medido por reloj, ni el espacio es sólo el lugar físico en el cual estamos. Ambos son construcciones culturales, las cuales se expresan en las experiencias de los sujetos vivenciadas tanto interna como externamente; son constitutivas de la producción y reproducción de lo social y a la inversa; es decir, las dimensiones espaciotemporales son estructuradas por la cultura y, a la vez, tienen un efecto estructurador al interior de las relaciones sociales.
Todas las acciones y prácticas ya realizadas en el pasado son posibles de ser tenidas en cuenta en el presente. En otras palabras, se puede dirigir la mirada en una vivencia pasada y de este modo otorgarle significado, entonces, son significativas aquellas vivencias que se captan reflexivamente. Los significados, desde esta perspectiva, son las normas, las representaciones, los valores y la intencionalidad que se ponen en juego en lo social.
Este marco general de cómo entender las acciones y las prácticas nos sitúa frente a la necesidad de especificar la práctica comunicativa. Esta actividad habla de un trabajo discursivo, de una gestación y transformación de discursos, en una producción significante. Para ello, hace uso de (y se deja usar por) el lenguaje, siendo éste una doble forma de ‘realizar’ el mundo, aprehendiéndolo y produciéndolo.
El lenguaje genera una nueva relación con el tiempo y el espacio; prolonga y distancia la experiencia de estas dimensiones. A la vez, toda materialización del lenguaje (como la escritura, los videos, etc.) prolongan el lenguaje e instalan otra mediación a las dimensiones propuestas. El lenguaje ayuda a construir, en una relación dialéctica, la percepción de las experiencias, a la vez que se instala como experiencia social. En otras palabras, el lenguaje (incluyendo al discurso audiovisual) posee una capacidad de distanciar al sujeto espaciotemporalmente; es una práctica que puede transportar a otras prácticas o a sí misma tanto al pasado como al futuro, o a diferentes ámbitos.
Prácticas y sujetos: habitus, relaciones y campo
Todas las relaciones forman parte del contexto de las prácticas realizadas por un sujeto; estas prácticas parten de una situación biográfica, entendida como la manera en que se sitúa un sujeto a partir del período formativo de su vida, que actualiza y pone en marcha distintas acciones en un aquí y ahora específico. Así, los agentes actualizan estrategias de desenvolvimiento social y de acción que se encuentran enmarcadas en la situación particular y en su pasado incorporado, en tanto habitus. Con base en esto se va conformando la trayectoria del sujeto basada en las decisiones que el agente toma, pero restringidas por su habitus en tanto lo conocido. Se intenta adoptar un pensamiento relacional en esta construcción considerando que existen estructuras objetivas en la sociedad, independientemente de la voluntad de los sujetos, que orientan sus acciones y reconociendo una génesis social en lo que el agente piensa, percibe o hace.
Entre el habitus y el espacio social se puede incluir un concepto analítico intermedio, el campo, que ayuda a comprender el contexto inmediato de producción de prácticas luego del sujeto. Los campos son espacios estructurados de posiciones, constituyen un ‘estado de la relación de fuerzas’.
Estas nociones brindan una particular manera de comprender las prácticas. Así, la producción de discursos se presenta como una práctica situada, realizada por un sujeto que posee acervos, capitales y un habitus que lo llevan a actuar de una manera especial. A la vez, esa acción está inserta en un campo, constituido por relaciones sociales; la práctica se realiza desde un determinado posicionamiento en ese campo, que detenta el sujeto productor del discurso.
Las acciones y prácticas realizadas por los sujetos se transforman una vez concluidas en actos. En el caso de la producción cultural y comunicativa, estos actos adquieren un aspecto material y otro simbólico. Una de las maneras posibles de acceder a las prácticas y focalizar la mirada en ellas es a través de estos actos ya realizados. El producto es, entonces, el resultado del proceso de producción; no es parte del proceso, sino que habla de él como un hecho en el pasado, llevando dentro de sí la marca de la producción. Para comprender la acción y la práctica hay que centrar la atención en dichos actos, descomponiéndolos, para luego encontrar las relaciones en su conjunto, como una unidad: buscar el contexto de significado en la unión de actos en una síntesis más alta. La obra así entendida, es posible de ser analizada a la luz de una teoría social que contemple la imagen.
En un primer acercamiento se hace evidente que la imagen no es análoga a lo real, ya que nunca es exactamente igual al objeto que representa, ni es el objeto en sí mismo. En esta instancia se reconoce a la imagen como altamente indicativa, ya que al representar a un objeto o persona, se refiere a él o ella exclusivamente -se distanciaría de la función del lenguaje en tanto no es una generalización arbitraria-. Hay sin duda una semejanza perceptiva con el objeto mostrado; y en tanto que lo muestra, habla de su ausencia. Al hacer presente una ausencia, también exhibe su propia presencia como imagen y constituye con ello a quien la mira como sujeto mirando.
En otras palabras, no se encuentra una relación arbitraria única entre el significado y el significante, ya que el significante puede poseer diversos significados y a la inversa. A través de estas características, se podría afirmar el carácter polisémico de las imágenes.
Nunca una imagen es solamente denotativa, sino que contiene varios planos de connotación. En primera instancia se descubre la forma de hacer ver las cosas (ángulos, encuadres, etc) y, como segundo paso, se evidencia la relación que una imagen adquiere con otras a través del proceso de montaje. Esta construcción nos habla de una representación particular de un fragmento particular del mundo.
El discurso nos remite al productor del mensaje, pero lo hace al mismo tiempo que nos remite al mundo. En otras palabras, interpretar un texto es continuar el camino propuesto desde su significado a la referencia de éste, o como plantea Ricoeur, "de lo que dice a aquello de lo que habla". Desde esta lógica, el discurso también presenta un número limitado de interpretaciones posibles, demarcadas tanto por el texto, como por su contexto. Es decir, a diferencia de los estudios semióticos que se centran en el texto audiovisual, esta perspectiva analítica que recupera la línea interpretativa de la hermenéutica, retoma al texto, pero teniendo en cuenta su contexto. Esta posibilidad, habilita pensar el discurso audiovisual como un proceso por medio del cual las experiencias privadas y personales de los sujetos se hacen públicas. Es el pasaje de la impresión a la expresión.
Uno de los fundamentos de lo expuesto anteriormente es considerar que todo texto audiovisual es el producto de varios textos previos (intertextos) provenientes y constitutivos del espacio de lo social. Esto no implica que esta noción anule la producción y la reduzca en simple reproducción; sino que reconoce su antecedente social, dando lugar a una creación.
Si lo anterior constituye un fundamento, una de las implicaciones metodológicas es no considerar que los significados se encuentran en el texto, sino que se elaboran a partir de él. En otras palabras, es pensar en el discurso con una producción textual y social previa y con una situación de ‘lectura’ y recreación por parte del receptor. No implica un relativismo ni una diversidad infinita de interpretaciones, pero tampoco un mensaje el cual hay que ‘decodificar’ bajo una única clave.
Las prácticas, la actividad y las formas de producción de discursos
En los puntos anteriores, se ha hecho referencia a las prácticas de producción audiovisual. Estas prácticas y sus significaciones, en su encadenamiento, constituyen la sumatoria de la actividad de productor audiovisual. Es decir, la actividad que se desarrolla cotidianamente, está constituida por prácticas concretas, posibles de analizarse.
El nexo entre estos dos conceptos (práctica y actividad) no parece presentar confusión. Las primeras muestran una dimensión espaciotemporal y un enfoque analítico basado en microsituaciones. La actividad nos habla de una duración cotidiana (que se repite día a día), no acaba con cada acción, sino que se prolonga a través de ellas. Las propuestas desarrolladas sobre las prácticas, las instalan entre el individualismo y lo social. Dicho de esta forma, son mediaciones que posibilitan el análisis y la interpretación de procesos y situaciones particulares sin perder de vista lo social.
El sentido otorgado a las prácticas encuentra dos lugares: uno en la institucionalización del sentido del objeto, no en el acto mismo, sino en la estructura (campo) que le confirió significado; y otro en las representaciones que el sujeto tiene de sus actos, como experiencias.
Las prácticas así entendidas, son inseparables de las condiciones que las definen, de las funciones que cumplen y de los medios que usan para alcanzarlo. Las prácticas encuentran su ‘razón práctica’ en sus aptitudes para implementar estrategias específicas en ciertos campos y situaciones, donde encuentran pertinencia (en relación a la posición del agente y del reconocimiento de su actividad). A la vez, las prácticas tienen incorporadas las lógicas de dicho campo, en el cual están insertas.
Desde esta óptica, los videastas producen los videos en una posición histórico-social; es decir, las prácticas están situadas. Esta situación de producción discursiva bajo coordenadas espaciotemporales también es una ‘situación de interacción’. Por tal motivo, se contemplan a las prácticas como realizaciones dentro de un campo de video independiente; dicho campo funciona como espacio donde se construyen estas relaciones y, a la vez, donde se marcan las coordenadas de las posiciones de los agentes.
Las prácticas de producción audiovisual, al ser prácticas del lenguaje y al plasmarse materialmente como videos, perduran a la acción, no sólo convirtiéndose en actos, sino también, actualizándose como nueva acción cada vez que son proyectadas (retomando la denominación cinematográfica) a un receptor. Esta particularidad de la producción de video introduce una arista diferenciada a la práctica; así se hace posible aprehenderla también desde su materialización.
Sin embargo, la finalidad de esta investigación no sólo fue indagar las prácticas que producen obras, llevadas a cabo desde algún posicionamiento, sino también asomarse reflexivamente a las formas de producción audiovisual. Hablar de las formas no es hablar de la actividad. Cabe aclarar que, a pesar que presentan diferencias, están constituidas por los mismos elementos: las prácticas y sus sentidos, representaciones y valores. Cuando se habla de formas de producción se está haciendo referencia a un concepto con referentes reales y concretos en la realidad. Sin embargo, este concepto por el momento está en un nivel abstracto. Para poder acercarse empíricamente a estos modos de producción es necesario centrar la atención en las acciones de los sujetos posicionados y en los actos realizados (en nuestro caso las prácticas del videasta y los videos).
Los estudios realizados hasta el momento sobre la producción audiovisual, han contemplado mayoritariamente las telenovelas y los noticieros televisivos. Estos ámbitos de indagación se insertan en instituciones audiovisuales (productoras televisivas) y sus productos presentan la particularidad de ser seriados, de producción diaria o continua. Ambas características han llevado a los investigadores a definir sus estudios como ‘procesos de producción’, ‘situación de producción’, ‘rutinas de producción’, ‘organización de la producción’, o simplemente ‘producción de...’. No se utiliza el término ‘formas de producción audiovisual’, ya que no existe la necesidad de diferenciar las prácticas de algo que las trascienda. En otras palabras, las características instituidas de las prácticas investigadas han asimilado las dos instancias que nosotros intentamos distinguir. En nuestro caso, las prácticas de producción de video no están por naturaleza instituidas, lo cual nos enfrenta al reto de proponer nuevas instancias teóricas para afrontar una perspectiva analítica. Así, creemos pertinente no confundir la actividad y las prácticas con las formas de producción audiovisual.
La diferencia que se presenta en estos dos conceptos (actividad y formas de producción), según nuestra propuesta, está especificada por una cuestión de grados y otra cuestión temporal. La distinción de grados es en relación a un enfoque microcomunicacional y social, de uno macro. En otras palabras, las formas de producción incluyen a la vez, dentro de sí, a las actividades de producción realizadas por sujetos, atravesándolas y abstrayéndolas en una conceptualización mayor (que se desprende de sujetos concretos con nombre y apellido). Si bien la actividad de por sí ya representa una abstracción, las formas de producción lo son aún más.
La diferencia temporal, tal vez la de mayor peso, incluye distintos niveles de análisis. La actividad está marcada por el tiempo biográfico del sujeto, en tanto que las prácticas están marcadas por un aquí y ahora (subjetivo y objetivo) específicos. Sin embargo, consideramos que las formas de producción abarcan un tiempo histórico al hacer referencia de estas actividades en un desarrollo temporal más largo; es decir, la dimensión histórica se cruza con la dimensión biográfica para reconfigurar las prácticas.
Esta cuestión histórica corre el riesgo de entenderse como lo que persiste, lo inmodificable, lo repetible como recetas en las acciones diarias. Si bien el camino que siguió esta investigación no concuerda con esta suerte de determinismo, se reconoce el carácter instituido (que a la vez instituye) de las formas de producción discursivas. Remarquémoslo una vez más: una lectura a través del tiempo nos habla de situaciones y maneras de realización de las prácticas que perduran y se anclan, pero de ninguna manera anulan toda posibilidad de creación e innovación, aunque de alguna forma sí las enmarcan, dando la posibilidad de un análisis diacrónico con líneas de continuidad en algunas de sus variables.
Este estudio permite ver las prácticas a la luz de una conexión, de un vínculo entre ellas, no sólo desde el presente (en tanto nexo sincrónico) sino desde una perspectiva que trascienda el presente concreto hacia proyecciones de futuro y resabios del pasado. Así las formas de producción audiovisuales se cristalizan en procesos que reconstituyen la propia estructura de las prácticas, a partir de ser el referente desde donde los sujetos posicionados actúan y producen obras.
Las maneras en que los realizadores llevan adelante su práctica son las actividades de producción audiovisual de discursos, que trascienden la temporalidad del ‘ahora’ para insertarse en el tiempo cotidiano. En otras palabras, la producción se lleva a cabo en tiempos específicos, marcados sobre todo por el presente ligado al sujeto concreto y a su práctica. Las formas de producción, sin embargo, trascienden esta temporalidad para realizar una lectura horizontal de varios sujetos y sus prácticas, y una lectura vertical de los antecesores y sucesores que formaron y formarán parte del campo, dando lugar a las maneras en que esas producciones (cada una y todas a la vez) se realizan, resaltando las líneas de continuidad. Lo que aquí se plantea es un pasaje del acontecimiento (realización de un video) a las formas de acontecer (formas de producción audiovisual del video independiente), dentro de las cuales varios acontecimientos con sus gradientes son posibles.
Para finalizar, cabe remarcar que en la presente investigación se retomaron estas discusiones, concepciones y categorías en el análisis de las acciones, sus sentidos y significados. De esta forma se intentó vincular lo subjetivo, lo comunicacional y lo social -la comunicación a la luz de las prácticas audiovisuales de los videastas-. Se insertó así la problemática del video dentro de un contexto mayor que la explica y, a la vez, esta focalización en lo micro fue un gran punto de partida para explicar lo macro.
Bibliografía
ANDIÓN, Eduardo (1992). Lógica y Sociológica de las prácticas simbólicas: aportaciones de la sociología de la cultura de Pierre Bourdieu a las reflexiones teóricas sobre la comunicación social. Tesis de licenciatura, Universidad Anahuac, D.F. México.
AUMONT, Jacques (1990). Análisis del film. Ed. Paidos, Buenos Aires.
ÁVILA, Emilio, y otros (1995). El video en México, SEP CETE, Grupo Editorial Interlínea, D.F. México.
BONET, Eugeni y otros (1980). En torno al video. Colección Punto y Línea, Editorial G.G., Madrid.
BORDWELL, David (1995). El significado del film: inferencia y retórica en la interpretación cinematográfica. Paidos, Barcelona.
- (1996). La narración en el cine de ficción. Paidos, Barcelona.
BOURDIEU, Pierre (1991). El sentido Práctico. Taurus, Madrid.
- y otros (1995). El Oficio del Sociólogo, Siglo XXI, D.F., México.
- y WACQUANT (1995). Respuestas para una Antropología Reflexiva. Grijalbo, D.F., México.
CRESPI, Franco (1997). Acontecimiento y Estructura: por una teoría del cambio social. Cap. I. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.
DELEUZE, Gilles (1984). La imagen movimiento. Paidos. Barcelona.
- (1987). La imagen tiempo. Paidos. Barcelona.
- (1989). Lógica del sentido. Ed. Paidos, Barcelona.
GETINO, Octavio (1996). La tercera mirada: panorama del audiovisual latinoamericano. Paidos, Bs. As.
GIDDENS, Anthony (1995). La constitución de la sociedad: bases para una teoría de la estructuración. Amorrortu editores. Bs. As.
LUCKMANN, Thomas y SCHUTZ, Alfred (1977). Las estructuras del mundo de la vida. Amorrortu editores, Bs. As.
MARTÍN BARBERO, Jesús (1987). Procesos de comunicación y matrices de cultura: itinerarios para salir de la razón dualista. FELAFACS, G. Gili, México.
- (1987). De los medios a las mediaciones, comunicación, cultura y hegemonía. G. Gili, Barcelona.
MEAD, George H. (1990). Espíritu, persona y sociedad, desde el punto de vista del conductismo social. Paidos, México.
METZ, Christian y otros (1982). Análisis de las imágenes. Ediciones Buenos Aires, Barcelona.
MITRY, Jean (1990). La semiología en tela de juicio. Akal comunicación, Barcelona.
RICOEUR, Paul (1995). Teoría de la interpretación: discurso y excedente de sentido. Siglo XXI y UIA. México.
SCHUTZ, Alfred (1993). La construcción significativa del mundo social: introducción a la sociología comprensiva. Paidos. Barcelona.
Hemerografía
GARCÍA JASSO, Elena (mayo-agosto 1991). "Itinerarios del video en México, algunas señales", en Comunicación y Sociedad, n° 12, Guadalajara.
GÓMEZ MONT, Carmen (sep-abril de 1991). "El video: una revolución en la palabra, en la imagen y en la televisión" en Comunicación y Sociedad, n° 10/11, Guadalajara.
MARTÍN BARBERO, Jesús (1990). "De los medios a las prácticas". En Cuadernos de PROIICOM n° 1 La comunicación desde las prácticas sociales: Reflexiones en torno a su investigación, Coordinado por G. Orozco Gómez, UIA, D.F. México.
MURDOCK, Graham (Febrero de 1988). "Fabricando ficciones: elementos para el estudio de la producción de dramas televisivos" en la Revista Estudios sobre las culturas Contemporáneas, volumen II, n° 4-5, Universidad de Colima, pp. 67-93, México.