CAMPESINOS EN LAS PUNAS ALTOANDINAS:
Un nicho para la
pequeña y mediana empresa (PyME) (*) Las
punas altoandinas combinan uno de los patrimonios naturales más atractivos
del continente con una de las pocas culturas regionales argentinas muy
diferenciadas. Estos hechos parecen convertir a la Puna en un prometedor
nicho para la PyME, donde los impulsos empresariales se combinen con las
condiciones naturales y culturales, con las capacidades de los campesinos y
con el producto de la investigación, promoviendo emprendimientos que
produzcan rentabilidad y empleos y generen estilos de desarrollo ambiental y
socialmente sustentables.
A más de 3000 m. de altura, en Tucumán, Catamarca, Jujuy y Salta hay una
vasta y poco conocida región de la Argentina: las punas de los Andes altos.
Estas han sido pobladas durante los últimos 10.000 años por indígenas que,
con poco grado de mestizaje racial y cambios culturales de diversa
importancia, han llegado a nuestros días convertidos en el grupo
indígena-campesino coya. La moderna economía de mercado, gradualmente
presente en esta región desde la colonización española, ha tenido una
intensidad oscilante. Y lo ha hecho especialmente a través de tres mecanismos:
. emprendimientos mineros, que llegaron a ocupar un importante porcentaje
de la mano de obra regional;
. reclutamiento de mano de obra estacional para la zafra, en las plantaciones
de las tierras bajas cercanas -como las de los ingenios Ledesma y San Martín
del Tabacal-;
. el empleo público.
Mientras que la minería está en crisis por la disminución de la demanda del
plomo y del estaño, la zafra mecanizada expulsa mano de obra; por su parte,
el empleo público, expansivo durante las últimas décadas, quizás disminuirá
en los próximos años, a medida que se profundice la reforma de los Estados
provinciales. De más está decir que esta introducción de la economía de
mercado ha sido escasamente sustentable, tanto desde el punto de vista
económico como desde el ambiental, natural y sociocultural. Quizás uno de
sus efectos más benéficos haya sido el contacto del campesinado puneño con
los sistemas productivos más orientados al mercado, así como la asimilación
de ideas incorporadas selectivamente en las prácticas productivas campesinas.
Junto con su rol de asalariados en estos procesos de expansión y retracción
de la economía de mercado, los campesinos coyas preservaron, y aun
siguieron desarrollando, su identidad cultural. Entre los rasgos característicos
de su cultura están las artesanías textiles, una arquitectura peculiar y una rica
gama de expresiones religiosas nativas (el culto a la Pachamama) y de
catolicismo popular. De gran interés son los conocimientos campesinos sobre
cría de camélidos sudamericanos, en este caso la llama, un animal adaptado a
las condiciones naturales de montañas semiáridas y de llanos semiáridos
templados y fríos. Esta adaptación va formando la base para un negocio muy
expansivo en Nueva Zelanda, donde la llama es animal de ganadería, de la cual
no sólo se aprovechan la lana y la carne, como en la oveja, sino la ventaja de
una mejor adaptación al ecosistema. Además, el precio de su lana cuadruplica
al de la oveja y su carne tiene un colesterol bajísimo, lo que puede hacerla
atractiva para el expansivo mercado de la ecoalimentación.
Sobre la base de una combinación de inversiones relativamente pequeñas,
espíritu de negocios, conocimiento científico y el saber de los campesinos
locales, aparecen otras oportunidades, basadas en desarrollos innovativos
recientes. Se trata de la cría de vicuña, otro camélido americano silvestre.
Esta especie, que bordeó la extinción a causa de la caza generada por el
elevado precio de su pelo, se ha recuperado en los últimos años, a tal punto
que los expertos en su conservación coinciden en la necesidad de iniciar una
producción controlada. Nuestro equipo, apoyándose en una experiencia
patagónica del Ing. Carlos Nuevo Freire, con otro camélido silvestre, el
guanaco, lleva adelante un proyecto de investigación y desarrollo de cría de
vicuñas en semicautividad. Los resultados obtenidos hasta ahora, así como las
experiencias del INTA, muestran la factibilidad técnica de la cría y la
posibilidad de encarar la transferencia y asistencia técnica a productores en lo
inmediato. Los campesinos puneños poseen parte de los conocimientos
necesarios para el manejo del recurso; los técnicos poseen otros: sólo se
necesitan los empresarios innovadores con la iniciativa de implementar
negocios y marketing para una producción que requiere de una inversión
relativamente baja.
El Turismo en la Puna
Otras oportunidades para la PyME en la Puna están provistas por el
ecoturismo, combinando una atractiva oferta natural y cultural, la que se
complementa con las ventajas comparativas de la infraestructura de
transportes, hotelería y otros servicios al turismo en la Argentina, sólo
superadas por Chile.
El ecoturismo, junto con otro turismo alternativo, se expande en el mundo;
es un mercado que busca lo diferente y lo exótico. La prestación de servicios
a turistas de alto poder adquisitivo se ha convertido en una fuente esencial de
ingresos para poblaciones locales -campesinas e indígenas- que se asocian con
la PyME, aportando cada uno su capital: las primeras, su riqueza cultural y su
conocimiento del patrimonio natural e histórico zonal; la segunda, la
organización del negocio, el acceso al mercado y el financiamiento.
Hay en la Puna un riquísimo patrimonio arqueológico, histórico, folclórico,
paisajístico y biológico, junto con un campesinado emprendedor, con interés
en nuevas oportunidades de ingresos. Y existen conocimientos
científico-tecnológicos detallados y actualizados, generados por nuestro
equipo y otros que trabajan en la región. Todo ello, cerca de centros urbanos
bien equipados, configura un ámbito para emprendimientos de ecoturismo.
Sólo falta, como en la potencialidad de la cría de llamas y vicuñas, orientada
hacia el mercado, la presencia de empresarios innovadores, interesados en
nuevos horizontes regionales y productivos y en aprovechar los conocimientos
que ha estado generando el sistema de investigación y desarrollo nacional en
la última década.
(*) Por el Dr. Mario Rabey, antropólogo social e
investigador del CONICET.
(C) Publicación "I + D"; abril'95 (SECyT) - CERIDE
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