LA INFORMACIÓN, INGREDIENTE CLAVE DE NUESTRA ORGANIZACIÓN SOCIAL

La actual revolución tecnológica, centrada en las tecnologías de la información, está modificando, a un ritmo acelerado, la base material de la sociedad. En Internet encontramos desde una biblioteca hasta la posibilidad de confesarse con un sacerdote austríaco. Y, desde luego, el periodismo se adapta e incursiona en la "red de redes", aunque, probablemente, sin red protectora.

Nace una era

En las postrimerías del siglo XX, a partir de una serie de procesos, surge una nueva era, la era de la información. En los albores de la misma, nos encontramos en un nuevo principio de una nueva historia, que también, como en otras épocas, será hecha por los hombres y mujeres a partir de sus proyectos, intereses, sueños y pesadillas, pero en condiciones radicalmente distintas, y cuyo perfil y significado se están investigando.

Hacia el final del segundo milenio de la era cristiana, varios acontecimientos de trascendencia histórica han transformado el paisaje social de la vida humana. Una revolución tecnológica, centrada en torno a las tecnologías de la información, está modificando a un ritmo acelerado la base material de la sociedad. Las economías de todo el mundo se han hecho interdependientes a escala global, y han introducido una nueva forma de relación entre economía, Estado y sociedad, en un sistema de geometría variable.

Cara y cruz de la "red de redes"

Es difícil hacerse una idea clara de la presencia de Internet en todos los ámbitos de la comunicación, la cultura, la ciencia, y la vida cotidiana. Figuran entre ellos, y quizá como alcance máximo, los juegos, sean estrictamente informáticos o sobre la salud del presidente Yeltsin, por ejemplo. El crecimiento desordenado y universal de esta red de redes lleva consigo todo tipo de avances, pero también de problemas, como los "cuellos de botella" cuando se transita la red, inadaptación de las telecomunicaciones y, sobre todo, creciente uso para fines negativos, perversos o inconfesables. El filósofo francés Paul Virilio y otros intelectuales levantan su voz contra ello, y hay, incluso, acuerdos internacionales contra el "ciber-crimen".

Y, por supuesto, para el periodismo Internet representa un serio desafío, por lo cual los grandes medios escritos están presentes en la red. Ante Internet, el periodismo tiene que cambiar radicalmente y, quizá, hacerse personalizado para cada cliente. En cualquier caso, las nuevas redes de la comunicación modifican en profundidad la investigación, la producción y la difusión de información y, para seducir a un público joven que tiende cada vez más a dejar de lado los kioscos de prensa, la mayor parte de los periódicos del mundo se han lanzado con fuerza a la "red", quizá sin red protectora.

Las perspectivas son apasionantes, y uno se lamenta de haber llegado tarde: bancos de datos en los periódicos, televisión conectada a Internet, radio con CD-Rom, cable y satélite, todo ello diseña, a juicio de los expertos, una "constelación" de extremada complejidad.

El aporte del caso Lewinsky

Si se suman la interactividad, el hipertexto y el multimedia, entre otras innovaciones, nuestros descendientes tendrán a su disposición un periodismo "on line", con las máquinas que mejoran la calidad de la imagen, la transmisión de los datos, el videotex, el papel electrónico, el teléfono, el reconocimiento electrónico de la voz y una información omnipresente.

Internet ha abierto una nueva era de la información con el "caso Lewinsky"; nunca antes se había difundido un documento tan voluminoso en todo el mundo, instantáneamente y sin manipulaciones. Pero para todo ello habrán de prepararse los periodistas y también el público, o mejor los públicos, y posiblemente las máquinas o las redes sin seres humanos que las manejen. En el ciberespacio cada uno es, simultáneamente, escritor y periodista, editor y lector, vendedor y comprador.

Biblioteca mundial y otros sueños...y pesadillas

En cuanto a otras actividades y preocupaciones humanas, hay de todo, desde potenciar el sueño de la biblioteca mundial y de la universidad universal, hasta el sexo, las mentiras e incluso el crimen, como las lecciones de terrorismo. En el otro extremo, una línea que va desde la creación de un museo, el Ars Electronica Center, en la ciudad austríaca de Linz, hasta las confesiones por Internet, inauguradas en 1996 por un jesuita también austríaco. Autores noveles empiezan a invadir Internet con obras de ficción, a veces con final abierto, mientras las editoriales reaccionan ante el desafío del libro electrónico.

Quien tenga computadora y conexión a la red se puede acercar a disciplinas tan variadas, avanzadas y aparentemente poco accesibles como la Medicina Crítica, que se ocupa del tratamiento de pacientes en estado muy grave. Desde el 1º de noviembre hasta el 15 de diciembre de este año, la red de redes estará abierta al primer cibercongreso internacional de esta especialidad médica.

Amenazas y riesgos

Las amenazas y los riesgos surgen por todos los intersticios de la red. Una persona tan poco sospechosa en este sentido como Bill Gates ha advertido el grave riesgo de las amenazas a la intimidad, que él plantea en esta frase inquietante: "¿Quién debería saber qué sobre quién?". Bill Gates trata de encontrar un término medio para la censura electrónica, pero hay Estados e instituciones que ya la han implantado. Gates sugiere hallar un camino intermedio que permita a Internet ser una red abierta, pero, al mismo tiempo, libre de abusos.

En todo caso, las autopistas de la información nos traen, o piensan traernos, la sociedad global de la información, la cooperación mundial, la universalidad de las telecomunicaciones, el empleo y las relaciones entre tecnología y educación. Y constituyen un invento fantástico para dar la vuelta al mundo sin salir de casa.

Estas innovaciones, que proliferan cada día y podría decirse que cada hora, tratan de convencernos de que ciber es la palabra de moda en este fin de siglo.

Como ha señalado el comisario europeo Martin Bangeman, el futuro de la humanidad no está en la sociedad de la información sino en la sociedad del conocimiento.

Por Manuel Calvo Hernando, licenciado en Ciencias de la Información y profesor en la Universidad de San Pablo (Madrid; España). Revista "Chasqui", Nro. 82. Adaptación: Lic. Enrique A. Rabe -Area de Comunicación Social del Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride)-.

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