La cocción de alimentos
cárnicos es también un campo de estudios
Entrevista a la Dra. Susana Zorrilla*, investigadora en el Grupo
de Ingeniería de Alimentos y Biotecnología (GIAB) del Intec**, de regreso de los EE.UU.
de Norteamérica tras concluir su estadía posdoctoral.
¿Dónde llevó a cabo estos estudios posdoctorales y con qué finalidad?
Los realicé en el Department of Biological and Agricultural Engineering de la Universidad
de California, bajo la dirección del Dr. Paul Singh. Permanecí desde comienzos de 1999
hasta fines del año 2000, primero con una beca del Conicet y luego con una (beca) Fomec
(UNL). El objetivo principal fue mejorar mis conocimientos en el área de fenómenos de
transporte en ingeniería de alimentos, es decir, los conocimientos relacionados con la
predicción del comportamiento de las principales variables involucradas en un proceso
determinado de la industria de alimentos. Este tema está estrechamente vinculado con mi
área de especialidad de la línea de investigación del Giab.
A mi llegada, en la Universidad de California estaba en marcha, entre otros proyectos, uno
referido a la cocción de alimentos congelados por contacto con superficies calientes, y
considerando que el problema -en general- ofrecía interesantes puntos de estudio, decidí
participar. Básicamente, trabajamos con hamburguesas congeladas, las que son
"sistemas" de estudio bastante complejos si consideramos los cambios de fase que
tienen lugar durante la cocción: de agua sólida a agua líquida, y -al alcanzarse
temperaturas superiores a los 100° C- de agua líquida a vapor.
¿Cuáles fueron los principales resultados logrados?
Estábamos interesados en determinar los perfiles de temperatura para poder establecer las
condiciones óptimas de cocción a fin de que el alimento fuera microbiológicamente
seguro (es decir, asegurar la destrucción de cualquier microorganismo peligroso para la
salud humana), y que también tuviera una calidad textural, nutricional, o de cocción
apropiada (o sea, asegurar las características alimenticias que satisfacen los
requerimientos del consumidor). Esto implicó desarrollar modelos matemáticos que fueron
resueltos y validados experimentalmente; también determinamos algunos parámetros
físicos necesarios para completar ese modelo. Realizamos, además, aportes en las áreas
de textura y de optimización del proceso de cocción. Establecimos una metodología de
trabajo que, de acuerdo a las necesidades que tenga quien quiera usar nuestros resultados,
deberá ser modificada apropiadamente. Por ejemplo, si se quiere reducir la pérdida de
agua o de grasa que tiene el alimento durante la cocción, entonces va a ser necesario
incorporar esa información en relación con las variables operativas.
Y en cuanto a su formación, ¿qué obtuvo allá?
Muchas herramientas nuevas, que aplico aquí. Aprendí mucho en el campo de los cálculos
computacionales y también en el del modelado matemático. La experiencia en
investigación fue muy valiosa y el grupo de trabajo, excelente. También quiero destacar
la posibilidad que tuve de asistir a congresos donde, para mi gran satisfacción, conocí
a algunos de los profesores autores de los libros de los cuales había estudiado, y con
quienes pude discutir mis trabajos.
Eventualmente, ¿se podrían transferir esos conocimientos a empresas que procesan
carne y producen hamburguesas?
Así es, por cuanto mis estudios no sólo comprenden lo teórico sino también la
aplicación de los conocimientos.
¿Qué le atrae más en relación con el tema "alimentos"?
Como ingeniera, me interesa desarrollar modelos matemáticos que permitan predecir
variables de interés; por ejemplo, predecir cómo va a ir cambiando la temperatura en el
interior del alimento durante la elaboración del mismo. Por otra parte, y de acuerdo a
los requerimientos, el ingeniero en alimentos debe ser capaz de buscar la información que
le hace falta, ya sea recurriendo a publicaciones científicas o a trabajos
interdisciplinarios con especialistas, como sucedió cuando necesitábamos información
relacionada con el tema de "textura" (dato que precisábamos incorporar en el
programa de optimización). En este sentido, como investigadora, deseo poner particular
énfasis en la estimulación que debe hacerse del trabajo grupal e interdisciplinario.
Finalmente, la transferencia de los resultados obtenidos es un tema muy importante, por
ejemplo, a través de la docencia en cursos de pre y posgrado, o a través de la
interacción con las industrias, tareas que espero poder llevar adelante lo mejor posible.
¿Recurre el empresariado a los científicos para mejorar la calidad de sus
productos?
En lo relativo a la industria de alimentos, hoy, en nuestro país, los empresarios tienen
sus inquietudes y llegan a realizar algunas consultas si uno exhibe sus trabajos en
congresos, por ejemplo, los que siempre son lugares positivos para las interacciones
científico-empresarias. En EE.UU. noté que el acercamiento de las empresas, o la
relación de éstas con las universidades, es mucho mayor. Aquí no veo una cultura
generalizada que se pueda resumir en la frase: "quiero mejorar la calidad de mi
producto, ¿qué puedo hacer?".
En su condición de mujer, ¿cómo se siente en el ámbito científico de las
llamadas "ciencias duras" (las Exactas y las Naturales), predominantemente
masculino?
Hasta ahora me he sentido totalmente integrada. Nunca percibí diferencia por ser
mujer. Este ámbito es muy especial porque -en la actividad científica- se debe tener la
mente muy abierta y valorar las ideas independientemente de qué sexo provengan. Creo que
la mayoría de los científicos tienen esa apertura, de manera que trabajo muy cómoda,
muy a gusto.
El pasado 10 de abril se conmemoró en nuestro país el Día del Investigador
Científico, ¿qué reflexión le merece la fecha?
En estos momentos, la investigación -en general-, y junto con ella la Educación, está
teniendo similares problemas económicos debido a la baja asignación presupuestaria. Por
eso, además de recordar la fecha, sería bueno que, aquellos funcionarios que tienen la
"llave" para poder mejorar estas dos actividades tan importantes en la
evolución y en el crecimiento de un país, les asignaran el peso necesario. La Educación
y la Ciencia tendrían que ser uno de los pilares más importantes para la formación de
una sociedad que "piense", y que en su pensamiento lleve el deseo de crecer, de
estar bien y de buscar un mejor futuro para las generaciones que vienen.
(*) Salteña; ingeniera química -egresada de la Universidad Nacional de Salta-, y doctora
en ingeniería química (UNL). Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (Conicet) y docente en la FIQ (UNL).
(**) Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (Conicet-UNL), de
nuestra ciudad. El GIAB es dirigido por la Dra. Amelia Rubiolo.
Entrevistó: Lic. Enrique A. Rabe -Área de Comunicación Social del Centro Regional de
Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride/Conicet)-.
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