CIENCIA Y UTOPIA DE LA BIODIVERSIDAD


La discusión sobre lo ecológico atraviesa a nuestro mundo: los ciudadanos, los políticos y los científicos discurren sobre ello; sus voces adquieren matices que verían sus límites en las ideas del fin del mundo y del "aquí no pasa nada". Este cúmulo de voces obliga a una reflexión serena.

Normalmente, cuando se habla sobre ecología aparecen dos conceptos: el equilibrio y el desequilibrio. Pareciera que en ellos se cifran los límites de nuestra visión sobre las relaciones de los seres vivos con su medio. ¨Desde siempre ha sido así?; ¨No se esconde en estas nociones una ruptura al interior de la ecología? Los ecólogos de la generación que hoy tiene 60 años fueron educados en una noción de equilibrio: se pensaba que la naturaleza tendía a esta cualidad con un dinamismo, como algo que se mantiene por fuerzas propias (homeostasis). Esta idea de equilibrio jamás lo definió como permanente, inamovible; siempre se lo pensó cambiante bajo una serie de parámetros, el clima, por ejemplo.

De estas ideas se empezó a dudar en los años '60 y '70. Se cuestionó la existencia del ecosistema común, de una unidad equivalente a un organismo de organismos. Se comenzó a suponer que la comunidad, más que un "organismo de..." es un conjunto de poblaciones que no poseen los mecanismos homeostáticos que tenemos los hombres, y se supuso que no existe propiamente un equilibrio al que lleve todo el proceso del ecosistema, sino que hay distintos puntos de equilibrio que tienen expresiones propias y que pueden variar con la estructura de la comunidad.

Sin embargo, en opinión de algunos, no hay certeza de que en la naturaleza no exista una tendencia al equilibrio; se cree que hay una tendencia a lograrlo en los distintos ecosistemas, aunque, sin duda, éste no es tan rígido, ni tan a largo plazo.

Pero lo más interesante es que hoy han surgido otras hipótesis y se discuten nuevas ideas; lo que implica que no está resuelto el problema de los que creen en el equilibrio absoluto y los que suponen el desequilibrio absoluto. Es posible pensar que, ahora, se comienza a fortalecer un concepto de equilibrio para ciertas condiciones dadas donde, al ser cambiadas, se cambia también al equilibrio; lo cual da a la naturaleza una enorme capacidad de adaptación.

En los conceptos de equilibrio y desequilibrio se ha dado un papel protagónico al hombre, como si él fuera la causa eficiente del buen o mal funcionamiento de la naturaleza. ¨Es correcta esta perspectiva?. En la ecología tradicional, de manera muy acientífica, se pensaba al hombre como un elemento ajeno de la naturaleza...a la que ha dominado durante los últimos 30 mil años. Si se considera a la naturaleza en un equilibrio "perfecto", cualquier intervención humana va a provocar una alteración, un "desequilibrio". Esto es falso. Hay que pensar que la intervención humana puede generar otro tipo de sistemas con mayor diversidad y, a veces, con un equilibrio más dinámico. Las chinampas prehispánicas o las terrazas de los Andes son sistemas equilibrados mucho más ricos que los naturales, con gran aprovechamiento de la energía.

Sin dudas, hay también una acción del hombre, urbano y contemporáneo, que conduce al desequilibrio, pero no debemos pensar que el hombre per se es el generador de éste. El tiene que tomar de la naturaleza la energía que requiere para sobrevivir, pero también puede enriquecerla con sus acciones. En todo caso, el problema surge del mal uso de los recursos, de la rapacidad de ciertas formas de desarrollo.

¨DONDE SE SITUA EL ECOLOGISMO?

Gran parte del ecologismo, de la tendencia cada vez más generalizada de la población a preocuparse por el medio ambiente, y no forzosamente científica, está basado en los conceptos de 1950- 60, y aún no se ha terminado de asimilar el concepto del "equilibrio inestable".

Hay un ecologismo de todos los días que es una respuesta de los individuos ante un problema, pero, generalmente, sus respuestas son ingenuas, resultado de daños locales, y que llevan a afirmaciones como las siguientes: "no queremos energía nuclear"; "no queremos contaminación en la ciudad de México", pero su ingenuidad y sus debilidades científicas no les permiten solucionar sus problemas esenciales: ¨de dónde vamos a sacar la energía que necesitamos para sobrevivir e incluso para descontaminar?; ¨cuáles son, en el fondo, los problemas reales de la capital?. El ecologismo no puede quedar en el NO; no basta con negarse para resolver los problemas.

Se vive un tiempo de crisis de las ideologías, y en momentos de este tipo, si se quiere saber vivir, hay que establecer utopías, principios de esperanza. El hombre es un animal muy especial: al mismo tiempo que satisface sus necesidades calóricas, inmediatas y de supervivencia, tiene que pensar en la posibilidad de un mundo mejor.

El ecologismo ingenuo ha satisfecho mal la necesidad de creer, y hay un lugar para el ecologismo, pero éste aún no ha sido formulado. Todavía no se ha visto una teoría elaborada que exprese cuál y cómo puede ser la relación estable entre el hombre y la naturaleza.

Sin embargo, también se está ante la posibilidad de una nueva filosofía donde se considere y evalúe el papel del hombre en la naturaleza. Si ésta llega a formularse y tiene algún valor, el hombre no podrá autoexcluirse.

Otro problema es que el ecologismo pase de la etapa de desear algo a la de imponer algo: el mundo será mejor si nadie fuma, entonces, muerte a los fumadores; el mundo será mejor si andamos en bicicleta, ergo, muerte a los automovilistas. Estas son soluciones ingenuas, y peligrosas si hay intolerancia.

Se dice que el hombre es dueño y gerente de la naturaleza. En principio es dueño; hace de su propiedad lo que quiere y, al mismo tiempo, es gerente: la maneja. El ecologismo se debería plantear una posición de "asociado y gerente". El asunto entonces sería el tratar de buscar maneras de que nuestra civilización coexista racionalmente con la naturaleza. El papel del hombre occidental en los últimos siglos ha sido el de usar una enorme cantidad de energía para reunir la información que permite manejar el mundo. Ahora es importante cambiar este juego: se tiene que utilizar la información acumulada para saber manejar la energía. Esto implica que el hombre tiene que aprender a administrar la naturaleza y que para conseguirlo tiene que entender que ella posee ciertos principios: esto sería utilizar la información para coexistir con el mundo. Si no se consigue esto, la posibilidad de un holocausto ecológico estará latente.

El gran problema de esta época es cómo vamos a hacer para sobrevivir los próximos 10, 20 ó 30 años. Los problemas de contaminación, de deterioro biológico y de hambre son brutales. Hay que solucionarlos en el menor tiempo posible, pero sus soluciones no pueden dejar de tomar en cuenta al equilibrio, a la justicia social y a la democracia. Tienen que provenir de un sitio distinto de la ingenuidad y las respuestas del NO; tiene que surgir de la concepción de "asociado y gerente", de la inversión del juego "energía-información". Tal vez, incluso, deba considerarse la posibilidad de una nueva filosofía.

(C) CERIDE-"Información Científica y Tecnológica", Nĝ 203 (México).

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