LA CIENCIA, UNA NECESIDAD BÁSICA (*)
El desarrollo acelerado de los medios de comunicación durante el siglo que ahora termina, constituye uno de los factores de transformación social más relevantes de todos los tiempos. Estos cambios, generados por la aplicación del conocimiento científico, tienen una importancia trascendental para la difusión de esos mismos saberes. En este sentido, los medios de comunicación desempeñan una función didáctica de primer orden en la sociedad contemporánea.
Interactividad y flexibilidad
Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la índole interactiva y la flexibilidad de los medios de difusión social poseen una importancia adicional: ofrecen la posibilidad de aplicar con éxito los principios de educación permanente para todos a lo largo de toda la vida, y, mediante la enseñanza a distancia, nos ayudan a alcanzar a los inalcanzables e incluir a los excluidos. Estos objetivos son cometidos fundamentales de la estrategia a mediano plazo que la Organización se ha fijado en este ámbito.
Los cambios tecnológicos y económicos de nuestra época han hecho que la ciencia deje de ser el lugar privado de unos pocos especialistas, para convertirse en una necesidad básica que debe estar al alcance de las mayorías. De ahí que la Unesco haya planteado la urgencia práctica de lograr una educación permanente, en particular en todo lo relativo a los saberes científicos, de modo que los ciudadanos puedan actualizar sus conocimientos en la medida en que lo necesiten. Las innovaciones científicas y técnicas aplicadas a la comunicación electrónica han abierto horizontes muy prometedores para la realización de este ideal.
Una visión optimista
En el marco de una progresiva mundialización de tendencias y mercados, la ciencia y la tecnología son las claves que garantizarán a los países menos favorecidos una participación efectiva en el desarrollo de la economía mundial, y lo harán confiriendo una faz humana al esfuerzo conjunto. La difusión del conocimiento científico resulta, por cuanto antecede, más necesaria que nunca, sobre todo en las sociedades que disponen de menos recursos para asegurarla. Porque sólo el arraigo de estos saberes –y la cosmovisión de progreso que llevan implícita- permitirá superar la pobreza secular de las regiones más desfavorecidas del planeta.
Las voces de científicas y científicos
La Unesco otorga también especial atención a la necesidad de que las mujeres y los hombres de ciencia hagan oír sus voces, particularmente en los asuntos, cada vez más numerosos, en los que las decisiones políticas entrañan una componente científica de gran entidad. Una de las características fundamentales del siglo XXI será la enorme influencia que ejercerán los criterios científicos sobre las decisiones que afectan a la vida, la libertad y el bienestar de todos los ciudadanos. Al respecto, basta considerar los problemas que plantean la protección del medio ambiente, la sequía, el cambio climático, la escasez energética, el crecimiento demográfico, el consumo de drogas o las nuevas pandemias, como el sida. Ninguno de estos problemas podrá solucionarse sin la aplicación del conocimiento científico.
En los laboratorios se diseñan ya las fórmulas que, sin dudas, contribuirán a paliar o erradicar muchos de los males que ahora padecemos. Científicos y científicas no sólo tienen la posibilidad, sino también el deber, de hablar en voz alta y llamar la atención sobre estos retos y sus posibles soluciones. Por su parte, los medios de comunicación les ofrecen el vehículo idóneo para convertirse en la voz de los silenciados y silenciosos de este mundo.
Así, ante los conflictos y las amenazas actuales, la prensa y la comunidad científica no pueden permanecer indiferentes, ni quedarse mansamente en el silencio y la resignación. El conocimiento, brújula de la acción, ha de señalar el rumbo a quienes tienen la responsabilidad de tomar las decisiones que afectan la vida de todos; los medios de comunicación han de orientar el esfuerzo colectivo en la consecución de una sociedad más próspera, más libre y más solidaria. Guiados por los principios democráticos que la Constitución de la Unesco expone con meridiana claridad, la ciencia y los medios de comunicación contribuirán a forjar una cultura de paz para el siglo que alborea.
(*) Por Federico Mayor Zaragoza –Director General de la Unesco-.
Selección y adaptación: Lic. Enrique A. Rabe –Área de Comunicación Social del Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride).
IDEAL –Diario regional de Andalucía- (Granada; España) – CERIDE