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Continuación
de la entrevista con el Dr. Mario G. Chiovetta*, Director del Instituto
de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (Intec
/ Conicet / UNL),
de nuestra ciudad. Es una de las instituciones más importantes
del país en su especialidad.
¿Cuántas
personas trabajan en el instituto?
Alrededor de ciento noventa, entre investigadores, personal de apoyo y
becarios. Y todas casi esencialmente dedicadas a investigación
y desarrollo porque, gracias a que estamos insertos en el Ceride,
que ejecuta todas las tareas de apoyo, nos abocamos casi con exclusividad
a actividades de gabinete y de laboratorio.
¿Qué
caracteriza al Intec?
Su tamaño -es un instituto grande-; su calidad -en investigadores
y en líneas de investigación-, reconocida a nivel nacional
e internacional; su carácter multidisciplinario y su objetivo de
hacer tecnología, con lo que excede el ámbito académico
y constituye una singularidad valiosa.
¿Cuáles
son los logros más importantes?
Podemos citar muchos y específicos: el solo hecho de haberse construido,
a partir de las ideas del Dr. Cassano y todo el grupo que lo siguió,
un grupo humano de este calibre mundial, es un logro per se; la creación
del primer doctorado en Ingeniería Química de la Argentina
(con el primer doctor en 1984), que si bien no es mérito exclusivo
del Intec, a
éste le cabe el mérito mayoritario; la realización
del PEMA (Programa Especial de Matemática Aplicada) -hoy IMAL
(Instituto de Matemática Aplicada del Litoral)-. Ni hablar de numerosos
proyectos como el de la planta de agua pesada, uno de los más conocidos.
Pero si tuviera que resumir los resultados, diría que el Intec
ha cumplido con los objetivos iniciales en cuanto a sus aportes en el
ámbito científico y en la formación de recursos,
desde docentes hasta doctores, hasta profesionales con niveles doctorales
o de magister que están en el mundo y en empresas argentinas para,
además, agregarlos a los que están en el ámbito académico.
En esos dos frentes, que llamaría “la producción académica
acumulada”, estamos muy conformes. Pero reconocemos que nuestra producción
está un poco rezagada con respecto a “la transmisión”, es
decir, a la capacidad de que, de esas ideas, se puedan producir emprendimientos
con valor económico.
¿A qué
lo atribuye?
Quizás algunas características de nuestro país dificultan
ese último paso, desde que, por ejemplo, la estructura científica
no está preparada para priorizar la generación de tecnología.
No digo que el Conicet,
o la Universidad, le pongan trabas, pero en un procedimiento normal de
la carrera de un investigador miembro de esta comunidad, la aplicación
tecnológica no aparece como lo más alentado desde las estructuras;
la científica tiene más valoración. Esto, por suerte,
está cambiando. Lo segundo es que el medio, fuera de la esfera
académica, no tiene “cultura tecnológica”; no ve la generación
de tecnología como “integrada” a su actividad productiva; sí
el uso de tecnología, pero no el asociarse con un instituto científico
para inventar algo tecnológicamente nuevo. Esos elementos se han
conjugado para que podamos decir que estamos un poco atrasados en resultados,
pero, por supuesto, tratando de remontar la cuesta.
Como director,
¿qué espera lograr?
En primer lugar, debo señalar que soy director hasta que se formalice
el concurso dentro del proceso de normalización que impulsan la
UNL y el Conicet.
En segundo término, tengo claro que dirigir un instituto como el
Intec es, en
realidad, coordinar para tratar de generar ámbitos y actividades
que vuelvan mucho más naturales las interacciones entre los distintos
grupos. En tercer lugar, como coordinador y conocedor de lo que se hace
en Intec, me
propongo lograr que ese conocimiento llegue a la gente, para lo cual deberemos
trabajar más con Comunicación Social del Ceride.
Y la cuarta actividad en la que haré hincapié será
en la transmisión de conocimientos orientados hacia la tecnología.
(*) Ingeniero Químico
(FIQ / UNL)
y Dr. en Ingeniería Química por la Universidad de Massachusetts
(EE.UU.). Es investigador del Conicet
y profesor de la UNL
Entrevistó: Lic. Enrique A. Rabe (CS
/ Ceride - Conicet)
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