Gestión de los residuos sólidos urbanos (II)

Primera parte

Continuación de la entrevista con el Dr. Carlos A. Martín*, investigador científico local, especialista en el tratamiento de estos residuos. Minibasurales. Emergencia de 2003. Experiencia en Curitiba.

En su opinión, ¿cuál es la actitud de los poderes públicos en relación con los residuos sólidos urbanos (RSU)?
Creo que la situación no se dimensiona adecuadamente, pero esto excede a los organismos responsables y se extiende al conjunto de la sociedad. Parece que los únicos afectados son quienes viven cerca del relleno sanitario o de algún basural informal, donde empiezan los problemas de olores, quema, humo, etc. Pero debe quedar claro que la problemática de la basura es de la sociedad toda, no sólo de la Municipalidad, que es responsable de gestionarla pero no la genera.

En nuestra ciudad, ¿existe un plan definido con respecto a estos residuos?
No, que yo sepa. Depositar los residuos en un relleno sanitario es, sin dudas, una alternativa cuanto menos controlada, pero en orden de prioridad debería ser lo último. En otras palabras, existe una jerarquía o prioridad de acciones vinculadas a la gestión de los residuos, donde aparecen la reducción, el reciclado, la transformación. El residuo tiene un cierto “valor” y por ello se intenta aprovecharlo de distintas maneras.

¿Significa que, de la basura, podemos obtener un rédito económico?
Sí, aunque es muy bajo, pero aumenta cuanto más calidad se le agrega. Por ejemplo: el papel húmedo tiene un precio, pero seco vale más, separado por calidades más aún, y así sucesivamente. Entonces, se trata de ver la forma de darle el mayor valor posible, por caso, a lo reciclable. Con la porción denominada “orgánica” o “húmeda” se puede obtener compost, desarrollar la lombricultura, obtener biogas. Pero debe establecerse claramente que el objetivo de cualquier aprovechamiento es reducir el volumen de residuos, y no transformar en empresarios ricos a quienes lo realizan. La basura, o mejor dicho, la mala gestión de la basura, tiene costos muy altos que no apreciamos porque los pagamos entre todos, un poquito cada uno.

¿Estamos en presencia de costos difusos?
Sin dudas, porque son imprecisos, y no nos llegan en una factura. Doy ejemplos: una persona que “cirujea” en un basural “oficial”, abundantes en nuestra área metropolitana, resulta atropellada por un camión compactador del municipio, y se genera un juicio, a veces muy caro, que pagamos todos los habitantes. O un accidente vial, a causa del humo de las quemas, que conduce a un juicio millonario que pagamos todos. Ni hablar del costo en salud por enfermedades, accidentes, etc. Luego, más allá del cuidado del medio ambiente, hay razones económicas importantes que hacen necesaria la gestión.

Quizás alguien vea la solución en la construcción de un relleno sanitario muy grande, pero pregunto: ¿dónde? No me extrañaría que se sugiriera ocupar alguna zona protegida por las nuevas defensas. En plena inundación de 2003 se propuso llevar los residuos a las islas... ¿y después? Por suerte, con buen criterio, se descartó esa idea.

Durante la inundación usted colaboró en el tema de los RSU, ¿verdad?
Sí, especialistas de la UNL, de la Universidad Católica y del Conicet cooperamos desde el Comité de Emergencia Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente de la Provincia.

Los minibasurales presentan riesgos sanitarios. ¿Cómo puede evitarse su formación?
Es un problema cultural y de idiosincrasia muy complejo. La idea central podría ser mejorar las condiciones en que los recolectores recolectan y separan, dándoles un marco más higiénico, y evitando que arrojen la basura en lugares abiertos, donde dejan lo que les sobra. También podrían organizarse centros de separación, y que el resto fuera transportado al relleno, o bien instrumentar programas de separación en los hogares, etc. Hay alternativas; se deben analizar cuáles serían las más aptas, pero no es fácil. Como detalle, le cuento el caso de la ciudad de Curitiba, en Brasil, famosa por su respeto por el ambiente: allí se cambia basura por comida; el recolector informal hace su trabajo, pero en lugar de volcar los residuos para separar -por ejemplo- papel y metal, traslada todo a un sitio donde, a cambio, le proveen comida perecedera, para que no tenga valor comercial. Esto ejemplifica cómo, dentro de situaciones complejas, pueden surgir soluciones que no son difíciles de elaborar.

Las entidades no oficiales, ¿podrían aportar a la solución del problema de los RSU?
Por supuesto que sí. Las vecinales, los Eco clubes, las ONG´s, entre otras, al sumarse a la gestión de residuos contribuirían a consolidar una política de Estado perdurable, beneficiándonos a todos los habitantes, los malos de la película, porque si hay basura en exceso, somos quienes la generamos.

(*) Dr. en Ingeniería Química (UNL), investigador del Conicet en el Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (Intec / Conicet / UNL) y Titular de la Cátedra de Residuos Sólidos de la FICH - UNL.

Entrevistó Lic. Enrique A. Rabe (ACS / Ceride).

© INTEC - CERIDE
publicado el 3 de julio de 2004
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Primera parte